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Reportaje

Sin libertad y sin luz

El cierre de la revista 'Vitral' aviva el debate sobre el papel de la Iglesia en la coyuntura histórica del país.

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La jugada estaba cantada. El tema se barajaba en varios círculos eclesiales, al punto de que un comentario periodístico que no citó santo y seña sobre las fuentes utilizadas ocasionó un visible malestar en la cúpula católica de la Isla. Algunos sabían que el número 78 —el primero que se publicaría bajo la égida del nuevo obispo Jorge Serpa— sería el último suspiro de la revista Vitral; sin embargo, prefirieron no adelantarse a los acontecimientos.

Tras trece años de trifulcas con el gobierno, e incluso dentro del propio clero, el terreno estaba abonado para que sucediese "el milagro de que la misma Iglesia que pide participación en los medios de comunicación del gobierno, decida ahora cerrar una revista propia con un argumento trivial", cuestiona un veterano creyente.

Quienes esperaban la decisión, corroboran sus augurios. El resto ata cabos y un tercer grupo toca la música que escucha, pero sólo de oído. La clausura de la revista cuyo lema de presentación fue "La libertad de la luz", no ha dejado indiferente a nadie.

¿Maniobra o actitudes individuales?

"La estrategia estaba clara. El Vaticano aceptó inmediatamente la renuncia de monseñor Siro González Bacallao y lo primero que hizo el nuevo obispo fue cerrar la escuelita que tenía el Centro de Formación Cívica y Religiosa (CFCR), según se dice, a petición del Partido Comunista", explica desde Pinar del Río una fuente próxima a la Iglesia.

La escuela formaba parte del servicio de formación del CFCR y estaba instalada en la casa diocesana adjunta al obispado. Una veintena de niños aproximadamente recibía clases de Historia, Educación Cívica, Apreciación Artística y Música.

"El gobierno dijo que este tipo de enseñanza ya la garantizaba el Estado, y monseñor Serpa aceptó cerrar la escuela", agrega la fuente.

A principios de año, algunos suspicaces apreciaron un supuesto "guiño" hacia las autoridades, durante la disertación de Serpa en su ordenación episcopal.

"Veo la presencia de las autoridades civiles [en la ceremonia], con quienes por el mismo hecho de tener que tratar asuntos de Iglesia y Estado, se ha creado una cercanía y hasta diría, una buena y respetuosa amistad en la comprensión…", expresó el prelado el 13 de enero de este año en la Catedral de La Habana.

La pregunta que muchos se hacen es si la "cercanía" y "amistad" celebradas por el pinareño se corresponden con una visión estrictamente personal, o si forman parte de las líneas estratégicas trazadas por la jerarquía católica.

"Evidentemente, hay una política de no confrontación y de acercamiento, y eso se traduce en las actuaciones de varios obispos", alega un intelectual desde la Isla.

En cambio, para el escritor holguinero Yosvani Anzardo confluyen las dos situaciones, la personal y la general. "Son actitudes personales, que al mismo tiempo definen la política general de la Iglesia", señala.

Anzardo recuerda además que la llegada de monseñor Emilio Aranguren a la diócesis de Holguín supuso "el fin del apoyo institucional" a la revista literaria independiente Bifronte, a cuyo consejo editorial el escritor pertenece. "El obispo actuó como la policía política, confiscando papel y materiales de impresión que pertenecían a Bifronte", denuncia.

Marcelino Miyares, presidente del Partido Demócrata Cristiano (PDC, en el exilio), no comparte la teoría de una Iglesia alejada del pueblo y estima que "la jerarquía de la Iglesia en Cuba, aunque las apariencias algunas veces indiquen lo contrario, responderá en la dirección en que la feligresía se manifieste".

"Estamos frente a una dinámica de cambio y la Iglesia, para ser parte del mismo, tiene que proceder con extrema cautela y alta diplomacia", añade.


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