Actualizado: 23/10/2019 9:47
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Economía

Tierra en trance

De momento, el pobre régimen de incentivos revela los límites del gobierno en sus reformas agrarias.

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Un aumento en la producción doméstica de leche está ahorrando al país miles de dólares por una menor importación del lácteo, según las autoridades. Como contrapartida, escasea la disponibilidad en el mercado negro, por lo que el kilo subió de dos a tres convertibles.

Aunque con la distribución racionada el Estado garantiza a precios populares una magra canasta básica, que dura entre los primeros 7 y 10 días del mes, las tensiones para cubrir las necesidades del resto son agobiantes.

Se calcula que más del 10% de la población padece de anemia. En las provincias orientales, el Programa Mundial de Alimentos reparte desde principios de los 2000 suplementos a niños hasta tres años, ricos en vitaminas y minerales, y acaba de renovar un acuerdo hasta 2012.

La crisis alimentaria internacional, de la que se temen no pocos episodios de violencia en unas cuarenta naciones del Tercer Mundo, llega en el peor momento para la agricultura cubana.

Éxito difícil

Con más de la mitad de la tierra cultivable del país "ociosa o deficientemente explotada", la reforma diseñada y aplicada por las autoridades, a toda carrera, no podrá ser exitosa en el mínimo plazo deseable.

Se trata de un esquema descentralizador en la toma de decisiones, que entrega poder a los municipios, tierras en usufructo a todo aquel que esté dispuesto a explotarlas y mejores incentivos financieros a los agricultores privados que, con tres veces menos terrenos que el Estado, son responsables de casi el 70% de la producción alimentaria.

La situación "es compleja y requiere de medidas integrales que la dirección del país se empeña en buscar. Mientras, queda en el aire la pregunta: ¿Y quién trabaja en el campo?", inquirió hace unos meses el periódico oficialista Granma, aludiendo las imparables migraciones del campo a la ciudad, donde vive más del 70% de la población.

Demográficamente hablando, la Isla ha dejado de ser un país agrícola, cuando con urgencia necesita serlo. Resulta inviable la vía china o vietnamita de incrementar la producción mediante más brazos, por lo que se impone una alta productividad y rendimiento que sólo los campesinos privados han demostrado, con menos tierras y recursos.

Pero, hasta ahora, un pobre régimen de incentivos en el campo revelaría los límites a los que está dispuesto a llegar el gobierno en su programa de reformas agrarias. El segmento rural, sobre todo en las zonas estatales, ha sido discretamente urbanizado durante décadas, aunque no modernizado.

¿Alguien imagina a los productores con haciendas propias, Toyotas todoterreno, piscina y vacaciones en Cancún? Para la nomenclatura son datos delirantes.

Desde principios de los sesenta, Fidel Castro puso la economía a los pies de la política. Es su tesis de oro para el mantenimiento del control.

"To'el mundo comiendo de su mano. Ese fue su sueño y casi lo logró", dice un vendedor ambulante de cítricos y verduras que se esconde en un portal hasta que pase "la monada (policía)". No dispone de licencia para tal negocio.

Movidas cautelosas

El actual mandatario debe superar esa visión estratégica que adormeció al aparato productivo y fomentó el más profundo irrespeto hacia el trabajo, si aspira a una funcionalidad del sistema mediante la receta china: liberalización económica y puño político.

Sólo que esa liberalización nunca tendrá las magnitudes del socio amarillo, donde poco más de la mitad de las empresas son privadas.

El poder en la Isla se moverá muy cauteloso en la correlación entre libertad económica y control político. Es difícil que decida crear una estructura de pequeñas o medianas empresas que, luego por la izquierda, puedan ser compradas u operen con dinero del exilio, un fenómeno que ya está instalado de modo marginal en bienes y servicios.

Entretanto, qué sucede ahora mismo. Los precios al detalle siguen escalando en cualquiera de los circuitos de distribución. En medio de un supermercado habanero, una señora se asombra de que el paquete de puré de tomate italiano, de medio kilo, ya va por 1.20 CUC, cuando hace un par de meses se compraba por un convertible. El actual precio significa el 7% del salario promedio en Cuba.

En segundos, su indagatoria con el agente de ventas del piso se tornó beligerante.

"Qué usted quiere, señora. Son los precios del petróleo y la crisis mundial en los alimentos. Todo va a seguir subiendo", sermoneó el funcionario. Ella dejó el paquete sobre el estante y se largó refunfuñando.


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Vecinos en un organopónico de Alamar, La Habana. (JOHN MORGAN)Foto

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