Actualizado: 16/09/2019 12:05
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Economía

Tierra en trance

De momento, el pobre régimen de incentivos revela los límites del gobierno en sus reformas agrarias.

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El general Moeen U. Ahmed, al frente de Bangladesh, tiene algo que soplarle al oído a su distante colega cubano, Raúl Castro: alternativas para enfrentar la crisis alimentaria. Una de sus recetas es que si falta arroz, entonces se come papa.

No es una opción para Cuba. Su cosecha 2006/2007 fue un desastre. 35% de descenso en los rendimientos, hace que actualmente los consumidores apenas puedan llevarse el tubérculo a la boca. Las entregas, normadas mediante la cartilla de racionamiento, apenas distribuyen un kilo (o medio) per capita, cada un par de meses, si acaso. Es un producto refrigerado y suele podrirse rápidamente en los vianderos.

"Y eso sólo en La Habana, porque en mi pueblo — Alto Songo— nunca las ves, ni frías ni calientes", aclara Lidia Asunción, quien pasa temporadas en la capital "luchando unos pesitos". Vende rejillas para muebles, que ella misma teje en las quietas noches de su comarca.

Una piedra en el zapato

La crisis en los precios de los alimentos es una piedra en el zapato reformista de Raúl Castro y tiene la capacidad de hacer más tortuosa su política de reanimación del sistema.

De momento, ha obligado sacar de cuajo unos 400 millones de dólares más para lidiar con la inflación en los productos básicos y a ver cómo cada año se abulta la chequera alimentaria del país.

En 2007, la factura cerró en 1.500 millones de dólares, porque los importes experimentaron un incremento promedio del 23,7% con respecto a 2006.

"En 2008 los precios seguirán subiendo", advirtió en diciembre pasado el presidente de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional, Osvaldo Martínez, en un discurso transmitido por la televisión local. Fue visionario, aunque no sea un mérito la predicción.

Esa "pesada factura", como le llamó el experto, arroja números más que inquietantes.

La Habana gastará 1.900 millones de dólares en las compras totales de alimentos en 2008, debido al alza de los costos internacionales y de los fletes. Es una tajada que se lleva casi la tercera parte del PIB.

Otra mala noticia: El presidente de Alimport, Pedro Álvarez, avanzó que las compras de alimentos a Estados Unidos llegarán en 2008 a unos 300 millones de dólares, sin posibilidades de incrementar el tonelaje, "debido a la restricciones del embargo de Washington", decretado en 1962 por la administración Kennedy para atascar de dificultades a la economía cubana.

El techo en las adquisiciones en Estados Unidos, un mercado geográficamente asequible y con precios competitivos, pone otra zancadilla al avance en un frente estratégico en el que el gobierno hace descansar buena parte de su "legitimidad" política.

Todavía más: No solucionar la cuestión alimentaria en Cuba convierte en una ficción cualquier intento desarrollista.

'Asunto de seguridad nacional'

Siendo ministro de Defensa en los terribles años noventa, el ahora gobernante formal, Raúl Castro, jerarquizó que "los frijoles eran más importantes que los cañones". No ha traicionado esa máxima y el tema, según afirma, es prioridad uno de su administración.

"Es un asunto de máxima seguridad nacional", dijo en la clausura del sexto pleno del Comité Central del Partido Comunista, celebrado en abril pasado, recordando a todos que en buena medida lo que queda de revolución se gana o se pierde en los mercados.

Por otra parte, no cabe esperar mucho de los aliados extranjeros.

En abril, el presidente venezolano Hugo Chávez abrió un pequeño paraguas alimentario para las naciones del ALBA, con un fondo inicial de 100 millones de dólares y la intención de financiar programas conjuntos y otras medidas anticrisis. Ese dinero es apenas una gota en el océano de necesidades urgentes en naciones tan empobrecidas como Nicaragua o Haití, integrantes del bloque regional.

Como antaño, la melopea oficial insiste en evitar más compras. El ministro de Economía, José Luis Rodríguez, indicó en diciembre pasado que era "preciso avanzar en el 2008 en la sustitución de las importaciones de alimentos como arroz, frijoles, leche, frutas y harina de trigo, así como pienso para la alimentación animal".


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Vecinos en un organopónico de Alamar, La Habana. (JOHN MORGAN)Foto

Vecinos en un organopónico de Alamar, La Habana. (JOHN MORGAN)