Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Reportaje

Tirofijo y Castro

¿Qué tan cerca? ¿Qué tan lejos?

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La reacción de La Habana tras la muerte de Pedro Antonio Marín, alias Marulanda o Tirofijo, puede leerse desde varios ángulos, al extremo de derivar en una ambigüedad evidentemente calculada. Granma, el órgano oficial del Partido Comunista, se limitó a informar el hecho con una objetividad inusual, aunque sin mencionar el curriculum delictivo del jefe guerrillero. El noticiero de la televisión, sin embargo, lo describió como "un campesino robusto, sencillo, paciente, desconfiado y persistente en sus propósitos", hecho que provocó la protesta de la líder opositora Martha Beatriz Roque: "Se presenta a este terrorista como un héroe y a nosotros, como terroristas".

¿Qué tan cerca ha estado la Cuba de Castro de Tirofijo y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)?

En los últimos años, Fidel Castro ha dado "una mayor importancia a su papel de mediador entre las partes colombianas en conflicto", asegura el politólogo Eugenio Yánez en el estudio Las FARC, Hugo Chávez y ¿la conexión cubana?, publicado por el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami.

Eso sí, agrega Yánez, "sin dejar de mantener acciones 'solidarias' con la subversión colombiana, tales como tratamiento médico en Cuba a combatientes heridos, becas de estudio para los hijos de los jefes guerrilleros, pasaportes de cobertura, traspaso de información de inteligencia…".

Un episodio previo a la muerte de Tirofijo confirma esta teoría. Tras el abatimiento del número dos, Raúl Reyes, se supo que sus hijos cursaron estudios universitarios en La Habana, según una carta dirigida el 17 de septiembre de 2006 a Tirofijo, publicada por la revista colombiana Semana.

"La mediación y auspicios de Cuba en el caso particular de Colombia ha sido notable", opina Domingo Amuchástegui, un ex alto oficial de inteligencia exiliado en EE UU. Según el ahora profesor, dicha política fue "diseñada" por Fidel Castro desde los años noventa. "Su hermano la apoyó y apoya, y pienso que continúe semejante papel de mediación y auspicio" para "contribuir a disipar tensiones conflictivas entre Colombia y sus vecinos", aunque esto "no excluye importantes diferencias políticas, como la condena de Cuba a las implicaciones del Plan Colombia y el grado de injerencia norteamericana que el mismo supone".

Sin embargo, según apunta Yánez, no existe "nada de moral o principios democráticos" por parte de Raúl Castro en las relaciones institucionales con Bogotá, sino "pura realpolitik: si hay que sacrificar a Tirofijo y su narcoguerrilla terrorista para garantizar la supervivencia del raulismo, así se hará. Nada personal: asunto de negocios".

Orígenes

Hace 44 años, las FARC empezaron su andadura en las selvas colombianas, aunque, según Castro, "ya Tirofijo Marulanda estaba alzado antes de que en Cuba hiciéramos la revolución. Y estaba bastante tranquilo. La verdad es que lo provocaron cuando arrasaron la República de Marquetalia, famosa en el 61" (entrevista en el diario argentino Clarín, 2003).

No puede establecerse tácitamente que las relaciones entre Marulanda y Castro hayan sido tan espléndidas como las que sostuvo el dictador cubano con otros caudillos, guerrilleros o terroristas internacionales, o incluso con los también colombianos Ejército Liberación Nacional (ELN) y M-19.

El periodista y escritor Carlos Alberto Montaner lo atribuye al resentimiento de Fidel Castro con Marulanda porque éste "no aceptó" que el Che Guevara se incorporara a las FARC con el grado de comandante sino como recluta.

"A Tirofijo no le impresionaba en lo más mínimo la historia guerrillera de Castro contra Batista (unas escaramuzas menores contra un ejército tenazmente decidido a no pelear) ni la personalidad del Che, y nunca dependió de la ayuda cubana. Con los secuestros, las extorsiones y el narcotráfico le bastaba para sostener a sus tropas holgadamente", afirma a CUBAENCUENTRO.com el presidente de la Unión Liberal Cubana.

Así y todo, Montaner sostiene que las relaciones de las FARC con el régimen siempre fueron buenas. "Cuba proporcionaba parada y fonda, armas si hacían falta, y colaboraciones de todo tipo, aunque el grupo colombiano más cerca de La Habana fue el ELN".

Domingo Amuchástegui, en cambio, niega tajantemente la influencia de La Habana en Marulanda: "Ninguna en lo absoluto, ni antes ni ahora. No hubo ni había relaciones de alianza o ayuda; tampoco contactos operativos de índole alguna".

Enumera un "complejo de razones" que van desde el "total desacuerdo de la dirigencia cubana con sus estrategias y tácticas", las "pésimas relaciones" entre el Partido Comunista de Colombia y el régimen de la Isla y la "interacción de las FARC con el tema de los cultivos y tráfico de drogas, junto a su violenta hostilidad contra organizaciones como el ELN y el M-19".

En la misma línea se expresa el colombiano Alfredo Rangel, presidente de la Fundación Seguridad y Democracia, para quien estas relaciones fueron "distantes y llenas de suspicacias".

Desde los años sesenta, las FARC "se negaron a reconocer la dirección que ejercía La Habana a través de la Tricontinental. Nunca fueron relaciones estrechas, porque todavía el Partido Comunista de Colombia contemplaba todas las formas de lucha, incluyendo la electoral, cosa que La Habana no toleraba", asevera a este diario Rangel.

Según el estudio Las FARC, Hugo Chávez y ¿la conexión cubana?, el distanciamiento inicial de los Castro con dicha guerrilla —demasiado afín a Moscú— se redujo "en la medida en que la subversión fue recibiendo demoledores golpes en toda América Latina" y las tropas de Marulanda "demostraban mayor consolidación, permanencia y capacidad de combate". Terminaron siendo "vitales en la estrategia intervencionista cubana en América del Sur".

Adiestramiento y droga

Otro capítulo polémico entre Cuba y Colombia, el narcotráfico, adiciona complejidad a los vínculos de las FARC con Castro.

El analista Juan F. Benemelis expresa en su libro Las guerras secretas de Fidel Castro, editado en 2003, que la contribución de Castro a la formación de las FARC fue "absoluta". Benemelis cuenta que el 17 de marzo de 1965 los hombres de Marulanda saquearon el municipio de Inzá (Cauca), quemaron los edificios públicos y "ajusticiaron" a varios vecinos. "Dos días después, el ejército arrestó a nueve personas que habían recibido adiestramiento en Cuba".

Según Benemelis, el embajador cubano en Colombia, "(Fernando) Ravelo, logró un acuerdo entre el M‑19, el Cartel de Medellín y otros grupos guerrilleros, con el fin de que las facciones se apoyasen mutuamente".

"Desde inicios de los ochenta se había hecho evidente —por las cartas náuticas, los diarios de navegación y los aviones que se estrellaban en Colombia— que Cuba facilitaba el tráfico transcaribeño de narcóticos. Los funcionarios colombianos comentaron por esa época que los aviones transportadores de la droga retornaban con cargamentos militares para las FARC. Para el otoño de 1981, las evidencias eran incuestionables", dice Benemelis.

Agrega, citando la edición del 3 de agosto de 1987 del diario El Tiempo, que "varios desertores de la FARC revelaron que en varios frentes guerrilleros existían asesores cubanos".

La historiadora venezolana Elizabeth Burgos cree que sí existieron negocios de narcotráfico entre Marulanda y los Castro. "El ELN fue una creación cubana; pero las FARC y los paramilitares eran los que dominaban el mercado de la droga. Hubo una economía de la droga en la que La Habana participó".

Amuchástegui lo ve de otro modo, e invoca el presente y el futuro de los dos países. Estima que el "apoyo circunstancial y conflictivo" de La Habana a organizaciones como el ELN y el M-19 se inscribe en el contexto de la Guerra Fría y de "maniobras anticubanas de las que participaron activamente diversos gobiernos colombianos", pero esto es ya "historia antigua".

"Las nuevas figuras de la política colombiana —Gaviria, Pastrana, Uribe— dan (lo sucedido) como capítulos cerrados y pasados", sostiene.

El politólogo Yánez no está tan seguro de la amnesia histórica porque, en su opinión, "el castrismo sigue siendo cómplice de haber apoyado, financiado, entrenado y aupado a la subversión colombiana por más de cuarenta años, y, por lo tanto, responsable también por las muertes, la violencia, las pérdidas y los daños sufridos por el gobierno constitucional y el pueblo colombiano en casi medio siglo".


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