Actualizado: 06/12/2021 17:08
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Sociedad

Trabajar por la izquierda

'Esperar y tener fe', la frase que más se repite en Cuba ante las obviedades de la prensa oficial sobre el empleo.

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Luis abre el diario Granma y casi por inercia repasa cada uno de los titulares. Sabe que detenerse más allá del primer párrafo es un lujo que no se puede permitir. "Hoy será un gran día", se dice, y comienza a andar por la ciudad que despierta.

"¡La prensa!". Son cientos los ciudadanos que se dedican a (re)vender periódicos y revistas. Aunque la policía lo sabe, es un oficio que parece ser uno de los tantos "rescatados" del pasado.

Pero este es quizás el caso menos crítico. Desde el mismo amanecer comienza a desfilar el hervidero de vendedores ambulantes por los repartos más importantes de La Habana, Cienfuegos, Cauto el Paso, Baracoa… Las ventas van desde productos en alguna medida conservadores, como pueden ser escobas o cloro, hasta otros que dejan sin aliento al más furibundo dirigente, pues, ¿de dónde una persona obtiene leche en polvo, helado, carne en conserva, cable eléctrico…?

Secreto a voces

Un reciente artículo titulado "Empleo juvenil en Cuba ¿el cuento de nunca acabar?", publicado por el diario oficialista Juventud Rebelde, ha puesto el dedo en una llaga que hace bastante tiempo todos pueden ver, a pesar del contumaz esfuerzo gubernamental por ocultarla.

El artículo de marras se detiene en la evidente desproporción que existe entre los datos oficiales sobre el desempleo y la realidad del día a día en la Isla.

Reconocer que "las cifras nunca son el reflejo de la realidad" es un hecho que para nada constituye una valentía de los periodistas ni los editores del órgano de prensa juvenil.

Se trata de una situación que se ha ido de las manos del gobierno. Ahora allana el terreno para publicar más adelante lo que será la mentira del (fin de) año: en Cuba el desempleo es insignificante.

Con una inocencia que sorprende al más crédulo de los cubanos, se comienza a reconocer los puntos débiles de un sistema que ha sustentado su economía en una irracional inestabilidad, tanto productiva como salarial, y todo ello repercute en la abulia, que hoy es el símbolo de la sociedad.

Fidel Castro intentó ocultar esa realidad hace algunos años, cuando creó la llamada "universalización de la enseñanza". A partir de ese programa matricularon en las universidades muchos de los jóvenes desvinculados del trabajo y así la cifra comenzó a bajar, tan drásticamente que se convirtió en parte del choteo, muy oportuno en nuestra vida.

Como casi todas las ideas para "fortalecer" la sociedad, el tiempo se encargó de transformarla en puro espejismo.

Hoy, la aplastante verdad ha hecho que el gobierno reconozca que hay cientos de miles de desempleados en el país. A partir de este momento impondrán medidas coercitivas para "vincular" a cuantos puedan, y pregonar así los tan cacareados logros sociales.

¿Por qué no trabajas?

"Lo cierto es que cada día más personas se dan cuenta de que es más cómodo dedicarse al negocio que trabajar para 'el tipo'", comenta Ulises, quien aprendió a remendar zapatos, luego de haber trabajado por espacio de treinta años en Educación.

"Ahora trabajo para mí y gano mucho más que cuando tenía que reventarme en un aula", reconoce.

Al margen de quienes escogen un oficio y se "patentizan" o no, existe un número cada vez mayor de personas que simplemente pregonan productos por la calle y recorren el barrio, el pueblo y el país, para sobrevivir a una crisis que no ofrece tiempo para el mejoramiento del ciudadano.

Ya resulta imposible encontrar ciertos tipos de oficios respaldados por el gobierno. Si quieres reparar un colchón, una persiana, un fogón, tienes que buscar a los especialistas en sus casas.

"Yo no trabajo con el gobierno, porque te pagan en un mes lo que me busco en una mañana en mi casa", afirma Miguel, un albañil que ahora se busca la vida por cuenta propia y sin patente. Trabajó en la construcción más de diez años y los últimos cinco fueron en Varadero, pero dice que no vuelve "a pinchar con esta gente".

La mayoría de los desvinculados, sobre todo los jóvenes, aseguran que es difícil encontrar un buen trabajo, porque esos ya tienen nombre, sea por nepotismo o por la cantidad de dinero que puedes ofrecer por ellos.

Lo que sí parece claro es que las ofertas del aparato estatal son tan anticuadas como la concepción misma que las genera. Hay muchos jóvenes que estudian en la universalización de la enseñanza, pero muchos de ellos lo hacen para evadir los clásicos cercos estatales.

"Estoy en tercer año de Psicología y las clases son un vacilón, tengo toda la semana para mover mis productos y viajar a otros pueblos para buscar más mercancía. El sábado voy un ratico, mientras me dejen tranquila voy a seguir en ese rollo".

La opinión de Yusney, de 23 años, es compartida por sus tres amigas, que se dedican a vender ropa en los alrededores de las tiendas en divisas. Para ellas ha sido una solución muy buena, porque entrar en el aro de los planes gubernamentales de estudio significa también "legalizarles el negocio", es decir, el estatus.

La historia infinita

Las calles parecen ser una eterna fiesta, con miles de jóvenes sentados en los parques o en las aceras. Cuando alguien se les acerca, encuentra por respuesta la indiferencia total hacia los proyectos ofrecidos por el gobierno.

Van pasando los días y los meses, y cada vez más se convencen de que la solución es esperar y tener fe. Esta última frase se ha convertido en el bocadillo de la Cuba de hoy: "esperar-tener fe". Casi nadie dice algo más allá.

Luis no ha entendido bien la noticia de la crisis entre Venezuela y Colombia. Pide que alguien le esclarezca. Su compañero de dominó le ofrece una frase de José Martí: "El trabajo nutre. La pereza encoleriza y enloquece".

Mira fijamente desde su balcón a la ciudad y vuelve a preguntar con duda por otro artículo, uno que habla sobre el empleo…


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