Actualizado: 04/12/2021 9:26
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Sociedad

Ubres cibernéticas

Se levanta la veda de los artefactos de vídeo: En el mercado callejero la oferta crece a empujones de la globalización y a contrapelo de la 'batalla de ideas'.

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Como este, pululan los puestos de venta en la ciudad, ilegales a la vista de todos. Se trata de pura piratería audiovisual, un fenómeno mundial que está enloqueciendo a las grandes empresas.

De acuerdo con estimados, en un año circulan unos 70 millones de productos piratas, contra 30 millones de origen legal. Las pérdidas para el sector audiovisual son de miles de millones de dólares al año.

La oferta de Ariola es un clon de casi todas las demás. Las últimas películas cubanas, como El Benny, Mañana o La edad de la peseta, u otras menos recientes, como Suite Habana o La vida es silbar, de Fernando Pérez.

También puede ser el calco de una tienducha tercermundista de Hollywood. Misión imposible I y II, La guerra de los mundos, Duro de matar, Hannibal y una larga lista de medianías.

¿Acaso algún clásico? Ariola no se detiene en la pregunta y recomienda examinar los videojuegos.

En este rubro hay para escoger. Juegos de guerra como Medal of honor, Crusaders, Specops Ranger elite o 007 Tomorrow never dies. Si todavía se quiere sentir más catastrofismo, entonces a la mano está Nuclear strikes. Y si lo que se pretende es que los niños se mantengan entretenidos, entonces se oferta Asterix y Obelix.

No hay rastro de juegos eróticos y mucho menos porno, los que meterían en problemas a cualquiera de estos videomercaderes.

El lado económico

Con la importación individual de DVD y videoconsolas, las autoridades cubanas esperan recaudaciones importantes en frontera. Por cada equipo el propietario tendrá que abonar unos 200 convertibles.

El lado económico del asunto está cubriendo de dinero las advertencias ideológicas de la prensa.

"No es difícil encontrar hoy en las computadoras personales y hasta en las instaladas en centros de trabajo y otras instituciones, multitud de videojuegos que complacen casi todos los gustos", denunció semanas atrás el periódico Juventud Rebelde, el único autorizado para abordar asuntos espinosos.

Subraya el medio que en la actualidad los videojuegos son cuestionados por los efectos nocivos de algunos de ellos, que "en muchas ocasiones fomentan la violencia, el racismo o la xenofobia" y "también pueden obsesionar a los jugadores hasta provocarse la muerte ellos mismos".

Las argumentaciones de Juventud Rebelde son letra muerta para Mireya J, empleada de oficina de 39 años que pudo celebrar los quince de su única hija alquilando su play station traído de contrabando desde México.

Por cincuenta pesos o dos convertibles el día, la videoconsola pasó de mano en mano por todo Alamar, una barriada obrera del este metropolitano. Luego de un par de años en explotación, terminó arrebatada por dos chiquillos que pasaron en bicicleta.

"Me dio más dinero que una vaca", dice Mireya. El bando de los emprendedores no dejaría de tenerla entre los suyos.


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