Actualizado: 26/05/2023 23:09
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Sociedad

Vade retro antena

Si la mayoría rechaza la banalidad de las televisiones extranjeras, ¿cómo las señales ilegales se han convertido en un jugoso negocio?

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Un artículo reciente del periódico oficialista Juventud Rebelde retomó un asunto muchas veces tratado, aunque nunca solucionado: la programación de la televisión cubana. Bajo el título "Nosotros que te queremos tanto", se refiere, entre otras aristas, a algunas particularidades de la televisión cubana actual, así como a los gustos y preferencias de los televidentes.

El enfoque de estos reporteros se centra sobre el supuesto de que los cubanos prefieren programas que "les aporten". Sostienen que "hoy son mayoría quienes rechazan el discurso banal, los programas vacíos", debido a una supuesta instrucción superior que tienen los cubanos y a que se han ampliado sus expectativas a "niveles insospechados".

El discurso de este, como de cualquier otro reportaje a propósito del tema, apunta al muy difundido superobjetivo de la televisión cubana de educar entreteniendo (o entretener educando). Sin embargo, basta repasar la programación habitual de una semana completa para confirmar cuán lejos se encuentra de acercarse siquiera a tales propósitos.

Lo cierto es que la casi totalidad de los programas que pasan actualmente por la pantalla son obsoletos y padecen de un anquilosamiento crónico, sin precedentes en la historia del más popular de los medios de difusión.

Por razones de espacio, no voy a detenerme a enumerar todos los penosos programas que por 10, 20 ó 30 años se han mantenido ininterrumpidamente ofreciendo imágenes antediluvianas y repetidas hasta el cansancio. Ni qué decir de la mayoría de los conductores, cuyo vocabulario paupérrimo, poses afectadas, chistes fuera de lugar e incultura los convierte en el ejemplo de lo que no debe ser nunca un locutor. Son, por así decirlo, una pléyade de "antianimadores" capaces de acabar con las expectativas del televidente mejor dispuesto.

La otra cara del problema

No se trata de hacer un análisis de las perennes limitaciones de que adolece la televisión cubana, ni mucho menos de ensalzar propuestas específicas de ciertas televisoras extranjeras —demonizadas por los medios oficiales— y que en no pocas ocasiones son productos verdaderamente misérrimos como propuestas artístico-estéticas.

La cuestión es otro aspecto del mismo asunto, a propósito de un artículo que publicara el diario oficial Granma con el título "Señal equivocada".

En aquella ocasión, el órgano del Partido Comunista tomaba como pretexto el contrabando de receptores del sistema de satélite Direct TV e implementos relacionados con estos, detectado en la Terminal 5 del Aeropuerto Internacional José Martí el 24 de junio de 2005, cuando un ciudadano cubano residente en Estados Unidos intentó sobornar a un funcionario de la Aduana General de la República con el objetivo de introducir los mencionados receptores e implementos.


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