Actualizado: 21/10/2019 9:39
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Política

Yangón según La Habana

La represión del gobierno militar de Myanmar contra los monjes budistas no puso a Cuba en aprietos diplomáticos.

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Cuando las potencias occidentales y asiáticas miran hacia Myanmar, ven más o menos lo mismo. Gas, mucho gas, y algo de geopolítica. Cuando La Habana lo hace, es diferente. Bien podría estar mirando un espejo.

Salvando razonables distancias —políticas, históricas, étnicas y religiosas—, el escenario de crisis en el país budista es una asignatura de estudio para La Habana.

Protestas masivas derivadas de la inflación que evolucionan hacia un cuestionamiento del régimen y el reclamo de cambios democráticos. Opinión de Washington e intervención de Naciones Unidas. Muertos en las calles. Miles de detenidos. Blindados frente a las pagodas. Grupos de presión en el exilio con emisiones radiotelevisivas. Cierre de internet. Negociaciones con la oposición interna.

¿Una dinámica de acontecimientos similares podría darse en la Cuba del futuro?

La pregunta debe estar sobre el buró de algunos importantes analistas. Por el momento, la prioridad es socorrer políticamente al aliado internacional que es Myanmar, pese a su deplorable expediente en materia de derechos humanos y la represión a un diezmado partido comunista que languidece en la clandestinidad desde hace décadas.

La socapa de Nyan

El 16 de septiembre pasado, cuando ya había despuntado el movimiento de protestas, el canciller birmano, Nyan Win, viajó a la Isla bajo la socapa de celebrar la segunda reunión intergubernamental y hablar de negocios y colaboración.

Nyan agradeció entonces "la solidaridad y apoyo de Cuba en la arena internacional", que "se ha opuesto en todos los foros mundiales a los intentos de violación de la soberanía y autodeterminación del Estado asiático".

Retributivo, el canciller Felipe Pérez Roque indicó que Myanmar es un país del llamado Tercer Mundo, que al igual que Cuba "ha estado sometido a acciones entorpecedoras de desarrollo económico", y agradeció "el irrestricto apoyo" del gobierno birmano a la Isla en Naciones Unidas.

El periódico Granma, sin embargo, se ahorró espacio con la visita de Nyan Win. Sólo reflejó la llegada y los motivos oficiales del viaje del birmano, pero obvió todo lo demás. Fue tragado por el silencio.

Es muy presumible que el jefe de la diplomacia birmana buscara nuevamente en La Habana un paraguas del Movimiento de Países No Alineados para la crisis que se avecinaba. Ya lo había hecho en el pasado. En 2006, en calidad de presidente de los No Alineados, La Habana protestó ante el Consejo de Seguridad por la exclusión, "basada en una interpretación arbitraria y selectiva", de ese conglomerado de países tercermundistas —118 en total— en un debate sobre la cuestión birmana.

"Lamentamos esa decisión, que confirma una vez más la validez de la posición del Movimiento de los Países No Alineados sobre la necesidad de que se lleve a cabo una reforma urgente y profunda del Consejo de Seguridad", expresaba la carta de Rodrigo Malmierca, representante permanente de Cuba ante la ONU.

La misiva de Malmierca apuntaba hacia un superobjetivo: descalificar cualquier debate del asunto, por considerar que tal cosa era contraria al artículo 24 de la Carta de las Naciones Unidas.

En realidad, las consideraciones del representante cubano eran ciertas y se movían en un plano congruente con la Carta, no así con el tema derechos humanos, en el que Myanmar, con una dura represión del ejército y de los paramilitares camisas blancas, ponía de cabeza cualquier coartada justificativa.

"El Movimiento no considera que la situación en Myanmar constituya una amenaza para la paz y la seguridad internacionales y se opone a los intentos de uno de los miembros del Consejo por calificar de ese modo la situación de Myanmar. Por lo tanto, incluir esa cuestión en el programa del Consejo constituiría una violación de los propósitos y principios de la Carta, especialmente de su Artículo 24", aseguraba La Habana.

Diez días después

La posición del pasado año de los No Alineados, que el gobierno cubano reitera ahora en las palabras de Pérez Roque, está en línea con India y China, dos aliados cercanos de los generales que comandan el Tatmadaw, como se le conoce a las fuerzas armadas birmanas.

Miembro permanente del Consejo de Seguridad, Pekín ya anunció que vetaría cualquier resolución que contenga sanciones contra el gobierno militar birmano, en el poder desde 1962 y asediado por cíclicas protestas callejeras. La masividad de las demostraciones antigubernamentales y sus rápidas repercusiones internacionales, aunque relegadas, no pudieron ser ignoradas por los medios cubanos.

Luego de la escueta nota sobre la visita del canciller birmano, los cubanos tuvieron noticias de la crisis diez días después en Hilo directo, del Granma, vocero del partido comunista.

La sección, una esquela arrinconada en la página de internacionales del periódico, que suele publicar misceláneas, dio a conocer el 26 de septiembre, y luego el 1, 4 y 9 de octubre, la evolución de la crisis reportada por agencias occidentales, mencionando la participación y liberación de monjes budistas, el rechazo de la junta militar a dialogar con la ONU, la existencia de la líder opositora Aung San Su Kui y el número de muertos de las protestas, 16, según Myanmar.

En la televisión local, la periodista Irma Shelton, mencionando fuentes oficiales de la ex colonia británica, dijo que las protestas estaban siendo sobredimensionadas. Sin embargo, en la coletilla del material pegó un reporte del canal Telesur, en el que se aludía a la represión del régimen y a la cifra de muertos y detenidos.

"La cuestión no es la brutal política china versus la progresista de Estados Unidos… Las maniobras cínicas que se hacen en estos casos son repugnantes, pues las grandes potencias defienden sus intereses geopolíticos, nunca la auténtica defensa de los derechos humanos".

Así opinaba un experimentado observador de la ONU citado por agencias internacionales. Hilo directo no se dio por enterado.


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El general Than Shwe, líder de la Junta Militar de Birmania. Al fondo, las estatuas gigantes de los antiguos reyes. (AP)