Actualizado: 17/11/2019 19:45
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Birmania

La revolución azafrán

Es difícil que la represión consiga apagar las protestas de los monjes budistas y de una población que ha perdido el miedo.

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Ante el silencio cómplice del Movimiento de Países No Alineados, que actualmente preside el gobierno cubano, la Junta Militar de Myanmar (Birmania) se ha dedicado con saña y fuerza bruta a aplastar la "revolución azafrán", denominada así por el color que visten los monjes budistas que protestaron, primero por el aumento de los precios de los combustibles y luego por la democracia.

Las cifras oficiales sitúan en cerca de 20 los muertos durante los enfrentamientos con la policía. Fuentes independientes y diplomáticos acreditados en la capital, Rangún (los militares le pusieron Yangon), afirman que las bajas mortales son más de 200, entre ellas un periodista japonés.

Todo comenzó el pasado mes de agosto, con la subida en flecha de los combustibles. Muchos birmanos tuvieron que decidir entre comer o ir al trabajo a pie, debido al incremento de los precios del transporte. Al principio, los estudiantes organizaron algunas protestas, y en una de esas acciones esporádicas, varios monjes budistas fueron golpeados por la policía y la provocación agitó los monasterios.

Las manifestaciones fueron impresionantes y se extendieron a casi todas las ciudades del país. Columnas de monjes con la ropa azafrán, seguidos por multitudes que llegaron a la cifra de casi 300.000 personas. El régimen militar fue sacudido en sus cimientos. La comunidad internacional comenzó a lanzar advertencias para que no fuese utilizada la violencia contra los manifestantes. Pero todo fue en vano.

Indiferencia regional

Los militares gobiernan en Birmania desde 1962, cuando organizaron un golpe de Estado para derribar al gobierno del primer ministro U Nu y se mantienen desde entonces sobre la base de la fuerza y la represión.

Fue precisamente U Nu quien, junto a Nehru, Nasser, Tito y otros dirigentes mundiales, participó en la creación del Movimiento de los Países No Alineados. Cuando se realizó la última cumbre en La Habana, el diario oficialista Granma citó en la lista de países miembros el caso de Myanmar sólo con "Gobierno: Constitución vigente", y dejó en blanco todo lo relativo a los sistemas ejecutivo, legislativo y judicial. Sencillamente, no existen.

En lo que se refiere a la actual crisis que vive este país asiático, el analista británico Simon Tisdall opina que hasta el momento han sido irrelevantes los llamados de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) para que se realicen reformas democráticas en Myanmar y sean liberados los prisioneros políticos. Demandas que en repetidas ocasiones han sido presentadas por los gobiernos de Indonesia y Filipinas.

Desde 1997, los gobernantes militares de Myanmar, que pomposamente ejercen el poder bajo la denominación de Comité de Estado para la Paz y el Desarrollo (SPDC), ingresaron en la ASEAN y lo máximo que se había logrado fue que en 2003 diseñaran una "hoja de ruta" para iniciar la democratización, ahora convertida en añicos a bastonazos, disparos de armas de fuego y gases lacrimógenos.

Según Tisdall, los gobiernos de China e India son los que pueden hacer alguna presión sobre los militares birmanos, porque son los principales socios comerciales de Myanmar. En este caso habría que agregar a Japón, porque es el país que más invierte en ayuda humanitaria en el vecino asiático. En el caso de Tokio, el ministro de Asuntos Exteriores, Masahiko Komura, calificó la muerte del periodista Kenji Nagai como un hecho "extremadamente lamentable".

Japón se niega a que se apliquen sanciones contra la Junta Militar de Myanmar y ha prometido enviar a "un alto funcionario" para tratar de que el régimen castrense escuche las preocupaciones y demandas de la comunidad internacional.

China ha proclamado que se trata de "un asunto interno" y lo máximo logrado hasta ahora es que el primer ministro, Wen Jiabao, manifestase que está "muy preocupado con la actual situación", en una conversación telefónica con su homólogo británico Gordon Brown. Nueva Delhi tampoco desea que se apliquen sanciones contra los militares, mientras Moscú las califica de "contraproducentes".

Ante este cuadro de "comprensión" y medios silencios de los vecinos, no resulta nada extraño que los militares hayan decidido aplastar el movimiento por medio de la fuerza, que hoy la principal pagoda de Yangon sea un cuartel militar, y que decenas de monasterios hayan sido allanados y saqueados por los uniformados.

El hombre fuerte

El actual hombre fuerte del gobierno militar es el general Than Shwe, de 74 años, quien se destacó en 1988 en las acciones para aplastar un movimiento de protesta popular, lo cual provocó la muerte de cerca de 3.000 personas entre los manifestantes.

Entonces Than Shwe pasó a formar parte del Consejo de Estado para la Restauración de la Ley y el Orden, primera denominación oficial de la Junta Militar. Desde el 23 de abril de 1992, Than se encuentra en la cúpula del régimen. En ese afán que caracteriza a todos los dictadores por marcar la historia, una de sus decisiones fue trasladar en 2006 la capital administrativa para la localidad de Pyinmana, en el centro del país.

Una ubicación muy conveniente, utilizada ahora para recibir al emisario especial de Naciones Unidas, Ibrahim Gambari, lejos de los escenarios de las protestas populares que todavía se realizan en Yangon, aunque ahora de forma esporádica y en pequeños grupos.


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