Actualizado: 29/06/2022 10:50
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¿Quién es Raúl Castro?

«Nostálgico del comunismo, desconfiado de los intelectuales»

Domingo Amuchástegui, Jorge Edwards, Alcibíades Hidalgo y Juanita Castro retratan al número dos del régimen, hoy gobernante interino.

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- Ha sido el arquitecto de intentos y esfuerzos recurrentes en el campo de las reformas económicas y los cambios sociales.

Este breve sumario debe servir al propósito de demostrar, por encima de cualquier duda, el hecho de que Raúl no ha jugado un papel secundario, sino que ha sido un dirigente de primera clase en igualdad de condiciones con su hermano, aunque cada uno tenga características diferentes. Y esto no es todo.

Se ha comentando mucho acerca de su falta de participación en los asuntos internacionales de la nación. Esto es un craso error. Ni uno solo de los asuntos relacionados con la política exterior cubana se escapa al dominio de Raúl.

Fue un negociador clave durante la crisis cubana de los misiles; estuvo implicado en cada acercamiento a Estados Unidos; controló muy de cerca las operaciones de la inteligencia desde 1960 y hoy aún más; jugó un papel importantísimo en Angola y Etiopía; fue uno de los negociadores claves para lograr los acuerdos con Sudáfrica; fue el anfitrión e interlocutor de cada uno de los almirantes y generales retirados del ejército estadounidense que han visitado Cuba; ha sido mentor, asesor y supervisor de todos los acercamientos habidos entre los gobiernos de China y Cuba, además de ser reconocida su admiración por las experiencias chinas.

Aún más, durante la década de 1990 (hasta el fin de la administración de Clinton), admitió en público varias veces que el peligro de una agresión de EE UU a Cuba se había reducido mucho y que ese país constituía cada vez menos una amenaza como nunca lo había sido antes en su historia, mientras hacía que la cooperación y la normalidad a lo largo de las fronteras de la GITMO prevalecieran, al igual que con la DEA y la guardia costera estadounidense, seguido todo esto de una cooperación cercana tanto con la Interpol como con un gran número de cuerpos de la policía del Caribe y Europa en relación con el tráfico de drogas. Incluso antes del 11 de septiembre, animó a la administración de Bush para que empezara las negociaciones con Cuba mientras Fidel estuviera vivo todavía.

Además de todo eso, durante el curso de los críticos acontecimientos de principios de los noventa, sus palabras y acciones mostraron un grado considerable de autocrítica y contención frente a la tentación de usar los medios represivos. Cuando el descontento popular se manifestó en Cojímar y Regla (1993) y luego en las calles de La Habana en 1994, Raúl criticó el alto grado de violencia desplegado por las fuerzas del MININT en Cojímar, convocó un encuentro donde estas cuestiones fueron discutidas y criticadas, lo que previno cualquier tipo de respuesta violenta en los sucesos de Regla a finales de 1993.

Cuando se discutía acerca de las manifestaciones en las calles de La Habana, es sabido que él subrayó que lo que hacía falta más que nada eran frijoles, y que ni con armas ni con violencia se mantendrían las protestas bajo control. Pero el hecho aún menos conocido — y que ahora reviste mayor importancia— es el que subrayara que en vista de tales actos demostrativos del descontento y las protestas callejeras, “él no iba a ser nunca el responsable de haber sacado los tanques de guerra a las calles”.

A dónde se dirige

Es posible que Fidel Castro sobreviva a este último accidente de salud, pero sabemos que si así fuera en realidad no será por mucho más tiempo. A diferencia del pasado reciente, tendrá que enfrentarse con el hecho de que el tiempo que le queda va agotándose rápidamente, y de que su estilo de liderazgo y sus poderes de mando se van debilitando cada vez más. Lo más probable es que él apoye a su hermano con toda la capacidad e influencia que aún le quede. Si este fuera el caso, las decisiones, el control y la influencia que ejercerá Raúl se verían reforzados. En la mayoría de los posibles escenarios imaginados hasta hace muy poco, se pensaba que la muerte de Fidel haría que Raúl tomara todo el control del poder, pero ahora cabría la posibilidad de que Raúl asuma ese papel, pero con Fidel apoyándolo a lo largo del juego.

Bajo estas circunstancias, Raúl tendrá que moverse muy rápido por una razón apremiante: ya tiene 75 años. Sus antecedentes y credenciales apuntan a que avanzará aceleradamente, reformando completamente la estructura de poder actual de acuerdo a los lineamientos de su proyecto político de principios de los noventa (la redistribución completa de los cuatro aparatos de poder concentrados en las manos de Fidel, un efectivo liderazgo colectivo, una mayor participación de los jóvenes), complementado todo esto con el darle un papel más importante aún a las instituciones y a las reformas que se realizarán, de una manera similar a como lo hizo China, pero a la escala de la economía y la geopolítica cubanas.

Una comparación inevitable viene a la mente. Raúl Castro pudiera muy bien ser la figura provisional que condujera a la apertura y a los cambios dentro del sistema cubano, jugando un papel similar al de Den Xiaoping luego de que falleciera Mao Se Tung. En cualquier caso, su contribución a la articulación y restructuración de la nueva dirección que tomará el gobierno será decisiva para la sociedad cubana.