Actualizado: 01/06/2020 20:01
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Mariel, 25 años después

La generación del silencio (I)

Un acercamiento a los escritores e intelectuales que abandonaron la Isla para ejercer la creación artística y la libertad de expresión.

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El jueves 12 de abril de 1990, Reinaldo Arenas publicó en el periódico Diario Las Américas un artículo titulado: "Mariel, diez años después". En él recordaba la llegada de numerosos artistas cubanos a través del puente marítimo del Mariel y se detenía en la presentación de algunos escritores de este grupo: Juan Abreu, Jesús J. Barquet, Miguel Correa, Carlos A. Díaz, Reinaldo García Ramos, Lázaro Gómez Carriles, Ismael Lorenzo, Roberto Valero y Carlos Victoria.

Este año se cumple, justamente, el aniversario 25 de los acontecimientos del Mariel, y dentro de unos meses hará quince años desde que nos dejó el propio Reinaldo Arenas. En este período de tiempo, los autores del grupo del Mariel han seguido escribiendo y publicando fructuosamente, aunque muy a menudo sin el reconocimiento merecido.

Llegados a este punto, no parece relevante recordar todos los acontecimientos —tan conocidos— del éxodo por el puente marítimo de Mariel-Cayo Hueso, dado los numerosos estudios que se hicieron al respecto. Sólo quisiera recordar que dentro del grupo de las 10.865 personas que se encerraron en la Embajada de Perú, del 4 al 6 de abril de 1980, se encontraban varios de aquellos autores, como por ejemplo, Roberto Valero, Lázaro Gómez Carriles y Nicolás Abreu.

Afortunadamente, Castro no tardó mucho en pronunciar las famosas palabras: "Aquí, quien quiera irse, que se vaya", lo que tuvo como consecuencia un aumento considerable del grupo de personas que se acogió a esta posibilidad. Aunque, como menciona Arenas en su autobiografía, no eran exactamente esas las intenciones de Castro:

"Comenzaron a salir desde el puerto de Mariel miles de lanchas repletas de personas hacia Estados Unidos. Desde luego, no salió del país todo el que quiso, sino todo el que Fidel Castro quiso que saliera: los delincuentes comunes que estaban en las cárceles, los criminales, los agentes secretos que quería infiltrar en Miami, los enfermos mentales. Y todo esto fue costeado por los cubanos del exilio que enviaron embarcaciones para buscar a sus familiares. La mayoría de aquellas familias de Miami se arruinó alquilando barcos para ir a buscar a sus familiares, pero cuando llegaban al Mariel, Castro las llenaba muchas veces de delincuentes y locos. Pero miles de personas honestas lograron también escapar", cuenta Arenas en Antes que anochezca.

La revolución fracasada

Finalmente, el número oficial de exiliados cubanos llegados a EE UU fue de 124.769 personas, según Gastón Fernández, y dentro de ese grupo salió un conjunto de jóvenes escritores que encontró en esa partida la libertad tan anhelada para poder realizar su obra.

A pesar de que en estos momentos hablamos con suficiente propiedad de esta generación literaria, no es menos cierto que a lo largo de estos años han surgido numerosas voces que discrepaban y discrepan de esta denominación.

Explica Jesús Barquet que esto se debe, sobre todo, al hecho de que "no responde a factores propiamente intraliterarios, sino más bien a factores extraliterarios". Aunque como él mismo reconoce, esto no es óbice para negar todos los rasgos en común que poseen entre sí estos escritores, como es la falta de libertad y la represión oficial, así como su necesidad de decir en voz alta todo lo que no pudieron escribir estando en Cuba.

Lilian Bertot ( The literary imagination of the Mariel Generation) señala sobre esto: "Quizá en ningún lugar es este dolor más evidente y más conmovedor que en la producción artística y literaria de la generación del Mariel. Ellos representan el drama humano, los aspectos olvidados de la revolución cubana, el lado oscuro del proceso…".

Y añade que "como grupo ellos representan el fracaso intra-histórico de la revolución cubana, mucho antes de la caída de la Unión Soviética. Su súbita partida de lo que se hubiera tenido que esperar de aquellos que crecieron dentro de la revolución y que prosperaron 'gracias a la revolución' estuvo marcada por un sentido de frustración, de ira, de desolación y de rechazo de la realidad cubana".


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Reinaldo Arenas: 'En Cuba, la creación en sí es un acto subversivo'.