Actualizado: 26/11/2022 10:59
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Mariel, 25 años después

La generación del silencio (I)

Un acercamiento a los escritores e intelectuales que abandonaron la Isla para ejercer la creación artística y la libertad de expresión.

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Lo que les diferenció de los grupos de emigrantes anteriores fue que provenían de la Cuba socialista de Castro. Ellos eran los supuestos "hombres nuevos" del Che Guevara. Si todos esos intelectuales se encontraron en las mismas circunstancias históricas, se debió al hecho de que muchos tuvieron grandes dificultades para desempeñar su carrera literaria en la Isla o, dicho de otra manera, porque se encontraban en el denominado "limbo literario", según las palabras de Rafael Bordao.

No resulta difícil entresacar de las palabras recogidas en las entrevistas realizadas, que esta falta de libertad en la Isla supuso un camino común para todos ellos en la búsqueda de su identidad, como comenta Daniel Fernández, quien es el único de los autores incluidos en este artículo que no llegó por el puente marítimo del Mariel, sino unos meses antes:

"Antes del ochenta escribía mucho; pero sólo podía dar a conocer mis cosas de manera clandestina, mediante lecturas en casas de amigos. Finalmente fui encarcelado por mi novela fundamental, La vida secreta de Truca Pérez, y mis otras actividades, entre las que se contaba una versión fílmica de esa novela que fue dirigida por Tomás Piard".

¿Acto subversivo o simple creación?

Jesús Barquet explica que antes de 1980 su "carrera literaria en Cuba fue prácticamente nula" y añade: "Fui 'advertido' varias veces. Preferí no existir como poeta". También amenazaron a Rafael Bordao, pocos meses antes del éxodo del Mariel, comentándole que "si continuaba haciendo lo mismo [escribir en contra de los líderes de la revolución] iba a recibir una condena de diez a quince años de cárcel por diversionismo ideológico".

En la misma dirección se expresa Roberto Madrigal, quien describe ese período de la siguiente manera: "Antes de 1980, lo mío era una no-vida. Desde muy joven fui marcado por 'diversionismo ideológico' y nunca se me permitió publicar nada ni trabajar en ningún lugar que se relacionara con la cultura".

Por las mismas razones, Carlos Victoria fue expulsado de la Universidad de La Habana en 1971, y en 1978 fue arrestado por la Seguridad de Estado, que le confiscó todos sus manuscritos. Por su parte, Ismael Lorenzo, a pesar de haber escrito tres novelas en Cuba, sólo las vio publicadas después de su salida de la Isla.

En una situación similar, se encontraba Reinaldo García Ramos: "En Cuba yo había cerrado muchas etapas, o me las habían cerrado tácitamente, y no me sentía con ningún futuro en términos creativos; el panorama cultural estaba muy controlado en esos años y la represión en otros aspectos de la vida era asfixiante (…) No tenía perspectivas de publicar mi propia producción literaria ni de interactuar de manera espontánea con el ambiente cultural del país. Aunque se aprovechaban mis capacidades técnicas, se me consideraba una persona no confiable en términos políticos, y eso bastaba para que la publicación de un texto escrito por mí fuera algo prácticamente inconcebible".

En la Isla, se habían convertido en la "generación del silencio", como también se les denominó, y de la que Reinaldo Arenas resalta que se trata de una "generación de jóvenes que no tuvo oportunidad de expresarse, que empezó a crear cuando la creación en sí ya era un acto subversivo", según recogió María C. García.

Sin embargo, no se debe olvidar que algunos escritores del grupo del Mariel sí publicaron libros en Cuba, aunque fuera al principio de su carrera y en los primeros años de la revolución. Unos ejemplos son Celestino antes del alba, de Reinaldo Arenas, el poemario Acta, de Reinaldo García Ramos, así como su antología Novísima poesía cubana, de la que fue coautor junto con Ana María Simo.