Actualizado: 21/02/2024 16:10
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Mariel, 25 años después

La generación del silencio (II)

Aunque el público y la crítica de EE UU no fueron muy receptivos con la obra literaria de los marielitos, esa situación no frenó sus ambiciones.

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Como señala Lillian Bertot, ellos son la voz de Cuba que se opone a la opresión: "De las numerosas formas de expresión, su enemigo es la opresión política. Sin libertad de expresión, su arte es imposible. Su voz ha llegado a ser fuerte y constante contra los medios de la censura en Cuba. Su estilo incluye el uso de la ironía, de la burla y en numerosos casos, hasta del humor".

Y añade más adelante: "Los textos de los marielitos, sin embargo, hablan desde una misma perspectiva. Lo que parece ser su único propósito, su 'raison d'être', es denunciar la opresión, no importa la forma que tuvo: la madre, el Estado, la sociedad, porque sin libertad, la autenticidad es imposible, el hombre no puede ser, y si el hombre no es, tampoco puede saber".

Ellos representan de esta manera, la voz del pueblo, del otro, de "los sin voz", y ofrecen al lector la versión no oficial de la historia: "Lo que es aún más significativo es que sus textos a veces aumentan los hallazgos de los historiadores, o los contradicen, ofreciéndonos otra perspectiva, otra verdad, otro nivel de entendimiento".

Sobre la presencia de ciertas características testimoniales en sus obras, Miguel Correa contesta: "Creo que mi obra es definitivamente el testimonio más fiel de mi devenir por el mundo (…) Mis textos están vinculados profundamente a mi vida". Ismael Lorenzo, por su parte, se detiene en el carácter testimonial de cualquier obra de arte: "Creo que toda obra literaria hecha con seriedad, aunque sea humorística, siempre es un testimonio de alguna forma. Sí, mi obra es un testimonio, y aunque no sea realista no es menos real, de mi vida en la isla infernal y mi vida posterior".

Carlos A. Díaz reconoce que su obra también se puede considerar como el testimonio de su experiencia en Cuba: "Creo que mi novela El Jardín del Tiempo, al igual que Balada Gregoriana,La Bella Durmiente y Los Dulces Boleros del Infierno, y casi toda mi obra en general, es el testimonio de un hijo del Infierno". Y Roberto Madrigal vuelve a recordar el silencio al que estuvieron sometidos: "Sí, mi obra tiene mucho de testimonio, porque a nosotros se nos trató de pasar desapercibidos mientras vivíamos en la Isla, se hacía ver que no existíamos, por lo que tenemos una necesidad de documentar esa realidad que se ignoró".

Una generación en activo

Finalmente, Daniel Fernández explica que su obra "hasta el momento no es de testimonio", pero sí añade en cuanto a su primera novela, Alquimia Magna, que "se desarrolla en Praga, en 1589, pero habla de un emperador enloquecido, de las intrigas, los informantes, describe un poder que es lo contrario de lo que predica, la persecución al intelecto, la falta de libertad, la inquisición, o sea, temas cubanos, aunque en un contexto distinto". Aunque sean obras futuristas, como, por ejemplo, la trilogía de Juan Abreu Garbageland, Orlan 25 y El Masturbador, siempre volvemos a encontrar de cierta manera aspectos de la vida de estos autores.

Desgraciadamente, el público y la crítica de Estados Unidos y de la izquierda americana no fueron muy receptivos con el conjunto de la obra de estos narradores. Arenas se detiene en esa falta de interés e intenta ofrecer luz sobre esta cuestión: "Una vez que un mito es creado, se convierte casi en indestructible; y para una mentalidad ingenua, así es el mito de la revolución cubana… algunas personas no quieren perder sus ilusiones".

Afortunadamente, esa situación no les frenó en sus ambiciones y poco a poco se ha ido reconociendo la calidad literaria de sus escritos. Gracias a esto, cada uno de ellos mantiene vivos sus proyectos: Reinaldo García Ramos dirige la revista cibernética Decir del agua; al igual que Luis de la Paz edita El ateje, otra revista electrónica, y Rafael Bordao, Sinalefa.

Por su parte, Miguel Correa está a punto de presentar su novela Furia del discurso humano y ya está trabajando en su primera obra en lengua inglesa, The Narrator. Daniel Fernández está en este momento en trámites para publicar otra novela, La Sangre del Sol. Lo mismo se puede decir de Roberto Madrigal, quien está intentando editar su primera novela, Zona congelada.

En el caso de María Badías, cabe mencionar que trabaja en la publicación de los textos inéditos de Roberto Valero. Ismael Lorenzo sigue con la tercera parte de sus Matías; Jesús Barquet acaba de presentar su último libro de poemas, Sin Fecha de extinción, y Juan Abreu ha publicado recientemente en España su última novela, Cinco cervezas. Dada la amplia obra de este conjunto de escritores, resulta muy complejo ofrecer una visión completa y detallada del trabajo de los mismos a lo largo de estos veinticinco años.

Las palabras con las que Reinaldo Arenas terminó su artículo sobre esta generación, se pueden considerar una despedida anticipada, así como un espejo en el que mirar a estos intelectuales: "Por mi parte, quiero darle gracias al cielo porque en estos diez años de libertad he podido terminar mi obra literaria comenzada en las sombras hace casi treinta años. Con satisfacción dejo a los futuros (tal vez inciertos) lectores todos mis espantos y sueños y la visión de una época —de un país— que ya sólo existe en nuestra inconsolable memoria".


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