Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Cataluña, Independentismo, España

Cuba y el independentismo catalán

La primera Asamblea Constituyente del Separatismo Catalán tuvo lugar entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre de 1928 en La Habana

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Más de un siglo antes del referéndum separatista, de las huelgas y las manifestaciones ocurridas en estos días en Cataluña, España, el ideal de la independencia en esa región, al menos como hoy se concibe, comenzó a gestarse a miles de kilómetros de la Península Ibérica, en la isla de Cuba.

En 1898, al terminar la Guerra Hispano-Americana con la firma del Tratado de París, España perdió sus últimas colonias: Cuba, Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam.

La política del “último hombre y la última peseta”, por la que Madrid pretendía conservar Cuba, costara lo que costara, dejó a la corona española endeudada, deprimida y en crisis.

Algunos catalanes, como José Miró Argenter, Josep Oller Araga o Gabriel Prat combatieron junto a los cubanos en la guerra contra la corona.

Pero no fue esta una regla general, informa la BBC.

“A finales del siglo XIX, cuando la Guerra de Cuba, no todos los catalanes estaban de acuerdo con la independencia de la Isla, había muchos que tenían negocios y perder Cuba era también perder ese negocio”, explica a BBC Mundo el historiador Joan Esculies, profesor de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC).

La independencia de Cuba generó entonces algunas simpatías, pero sobre todo muchos recelos entre los catalanes que perdieron sus propiedades y sus riquezas en la Isla.

Muchos no le perdonaron esta derrota a la monarquía, como antes tampoco le habían perdonado la abolición de la esclavitud en la Isla.

Y es que el tráfico de esclavos era una tarea tan catalana en Cuba que hizo popular por ese entonces una cuarteta que decía: “En el fondo del barranco/ canta un negro con afán: / ay, Dios, quien pudiera ser blanco/ aunque fuera catalán”.

Ya por esos años eran comunes en Cuba los apellidos de ascendencia catalana, desde los Partagás hasta los Bacardí o los Sardá, estirpes emblemáticas de quienes habían hecho fortuna allí y establecido negocios cuya opulencia todavía tienen eco en la Isla.

Muchos abandonaron la antigua colonia después de la guerra y regresaron a Cataluña con las alforjas llenas del dinero que habían hecho sus familias allí por siglos en el comercio del tabaco, el azúcar y, también, la esclavitud.

Fueron muchos de ellos quienes, al regreso, impulsaron el movimiento de renovación política y cultural de finales del siglo XIX y principios del XX que dio origen al nacionalismo catalán moderno y a fenómenos como el modernismo.

Muchas construcciones modernistas de Cataluña se construyeron con el dinero traído de las “Indias”.

Pero otros tantos se quedaron del otro lado y, desde ese entonces, comenzaron a pensar que lo ocurrido en Cuba podía replicarse en Cataluña.

Fue en ese tiempo cuando, inspirados por la independencia de la Isla, muchos de los emigrados catalanes vieron en ese hecho el ejemplo de lo que querían para la tierra que abandonaron años atrás.

“La Habana a inicios del siglo XX fue quizás la ciudad más catalanista del mundo fuera Cataluña”, explica a BBC Mundo el historiador Joan Manuel Ferrán Oliva, autor de La saga de los catalanes en Cuba.

“No significa que Cuba haya sido la cuna del independentismo catalán, porque esto es una lucha de siglos, pero sí es cierto que a inicios del XX fue desde aquí donde se gestaron, organizaron y financiaron muchos de los principales eventos y organizaciones que defendían esta corriente en Cataluña”.

Según cálculos de este investigador, para 1925 aún residían 17.000 catalanes en la Isla, la mayor comunidad fuera de España.

Fueron muchos de ellos quienes se convirtieron en el principal soporte internacional de la “causa independentista” en el extranjero.

“Tras la guerra comienzan a organizarse grupos nacionalistas radicales en La Habana y Santiago de Cuba que aspiraban a que Cataluña también pudiera independizarse del imperio español”, comenta Esculies.

De acuerdo con el académico, este momento coincidió con la aparición en Cataluña de un movimiento denominado “catalanismo político organizado”, que era básicamente una propuesta para reformar España.

Pero los emigrados catalanes en la Isla pusieron un acento grave al movimiento: ya no solo era preciso que se descentralizara el poder desde Madrid, sino que Cataluña “también podría (y debería) ser libre”, como lo había sido Cuba.

Surgieron así en la Isla asociaciones y grupos que abogaban de forma directa por la independencia de Cataluña, como el Club Separatista Número 1 de La Habana, el Club Separatista Número 11 de Santiago de Cuba, el Grop Nacionalista Radical Cataluña o el Blok Nacionalista Cathalonia de Guantánamo.

En su libro Catalans d'Amèrica per la independencia (Catalanes de América por la independencia) Víctor Castells explica que estas organizaciones, muchas de ellas secretas, buscaban promover que “la libertad llegara a través de las colonias o las comunidades americanas”, como había ocurrido antes en Irlanda.

“Estos emigrados comenzaron a publicar revistas de corte independentista en La Habana y colocaban en los balcones de los centros y las asociaciones catalanas una senyera (la bandera amarilla con cuatro barras rojas, emblema de Cataluña) con una estrella blanca, como la que tenía la cubana”, explica Esculies.

Fue este el primer diseño, el más primitivo, de la “estelada” (estrellada, en español), la bandera insignia del separatismo catalán, que se inspiró, según el especialista, en la cubana.

Pero la semejanza entre las banderas no quedó ahí.

Hacia 1914, llegó a La Habana un marino mercante proveniente de Chile que cambiaría nuevamente el diseño y el significado de la “estelada”.

Vicenç Albert Ballester, que había sido miembro del Fomento Autonomista Catalán y cumplido cárcel por organizar actos de corte independentista, encontró en Cuba no solo un movimiento radical a favor de la separación de España.

“Para él y sus compañeros de la Unión Catalanista, la independencia de Cuba fue también un ejemplo de lo que podría pasar en Cataluña. De ahí que al ver estas banderas que se colocaban en las asociaciones y ver la bandera cubana se inspiró en ellas para hacer este diseño de la estelada que vemos hoy”, explica Esculies.

Ya con anterioridad, los independentistas puertorriqueños también se habían inspirado en el diseño de la bandera cubana, ideada por Narciso López en 1850, para crear la bandera de su país.

“Es en este momento en el que comienza el independentismo catalán. O sea, será para inicios de la década de 1920 cuando comienza a tomar fuerza una propuesta más cercana a lo que entendemos hoy por independentismo”, comenta el profesor de la UOC.

Ferrán Oliva, por su parte, explica que para 1922, Francesc Macià, un catalán que había sido teniente coronel del Ejército español, crea un partido denominado Estat Catalá (Estado Catalán) que utilizará la bandera de Ballester como emblema.

“Unos años después en 1928, Macià vuelve a Cuba y aquí tiene lugar la primera Asamblea Constituyente del Separatismo Catalán, que tuvo lugar entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre de 1928 y es cuando se proclama la estelada como la bandera oficial de la república catalana”, comenta.

Según el especialista, esta reunión tomó como modelo la asamblea independentista de Guáimaro, la primera reunión constituyente de los mambises, los cubanos que se rebelaron contra el dominio español.

Durante esta reunión los emigrados, junto a Macià, fundaron el Partido Separatista Revolucionario Catalán y aprobaron la Constitución Provisional de la República Catalana o Constitución de La Habana, el primer documento que daba “forma legal” a la “nación independiente”.

“Fue en realidad un documento político más que jurídico y de alguna forma fue una reafirmación de un congreso de emigrados catalanes celebrado en 1922 en La Habana que tuvo entre sus principales conclusiones que se consideraba que Cataluña tenía derecho a la independencia absoluta”, indica Ferrán Oliva.

El historiador cubano asegura que uno de los principales motivos para que este evento emblemático tuviera lugar en Cuba no fue solo el papel simbólico que tuvo el país en el imaginario independentista catalán.

“En realidad se trataba también de que los emigrados catalanes en Cuba estuvieron entre los que más fondos aportaron a la causa independentista casi hasta mediados del siglo XX”.

Según Ferrán Oliva, más de 47 % de los recursos económicos recibidos por Estat Catalá durante el régimen de Primo de Rivera (1923-1930), provinieron de los emigrados en Cuba.

Sin embargo, al caer el gobierno de facto en España, Macià renunció a proclamar la independencia catalana y aceptó reformar el gobierno autonómico.

Según Ferrán Oliva, un grupo de emigrados de Santiago de Cuba se enojó tanto con la decisión de Macià que descolgaron su retrato de las sociedades catalanas y le retiraron la presidencia de honor de las mismas.

“La comunidad exiliada de La Habana también se molestó mucho con este hecho. Y es que generalmente, la diáspora es más radical que la gente que vive en el propio país, porque la gente que se queda está más cerca de la realidad de lo posible y el que está afuera siempre tiene un discurso más idealizado. De ahí vino ese desencanto”, explica Esculies.

El apoyo, según ambos especialistas, continuó incluso durante la Guerra Civil, aunque igualmente muchos emigrados reclamaron a sus compatriotas por no haber hecho más por salvar la República.

Sin embargo, entrado el siglo XX, la ruta de los catalanes independentistas en Cuba se pierde en la nube del inicio de la revolución castrista de 1959.

“No creo que hubiera muchas simpatías entre el independentismo y el régimen de Castro, aunque sí que las hubo entre algunos partidos y gobiernos de izquierda catalanes”.

“De hecho, está la estelada con el triángulo rojo. Es una bandera que se creó inspirada por los partidos marxistas, aunque ya para esa época el independentismo de los emigrados cubanos había dejado de ser lo que fue”, concluye Esculies.


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