Actualizado: 22/10/2019 9:54
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Artes escénicas

Teatro en Miami presenta la obra 'Improvisando a Chéjov'

La puesta se hizo en el Byron Carlyle Theatre, de Miami Beach.

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La compañía Teatro en Miami ofreció el pasado sábado la segunda de sus dos funciones únicas de Improvisando a Chéjov. La puesta se hizo en el Byron Carlyle Theatre, de Miami Beach, que acogió a un público inusualmente numeroso en el contexto de ese polémico fenómeno que entendemos como teatro hispano de Miami.

Para referir justamente el evento es preciso establecer tres niveles: 1) Chéjov; 2) Improvisando a Chéjov, y 3) Ernesto García y Chéjov.

El Chéjov a partir del cual "improvisó" el elenco de Teatro en Miami es, a la vez que clásico, bastante elusivo. Cuatro cuadros basados en cuatro cuentos que de ninguna manera son los más trajinados del dramaturgo ruso: La audición, La institutriz, El duelo y El arreglo. Piezas estas de aliento utópico conectadas por el tema de la candidez, la ingenuidad, por esa suerte de virginidad civil que se encuentra en las cosas y seres intocados por la maldad. O por "la realidad", como dijeron algunos de los asistentes.

En La audición, la actriz provinciana que llega a la ciudad a pretender un papel se las arregla para dar una lección moral haciendo un ejercicio radical de su ingenuidad; igual que la institutriz en el cuento homónimo, que es más y más candorosa mientras más rebajadora es la exigencia ética de la señora.

El duelo y El arreglo bordean el mismo camino. A través del ejercicio sincero de un sentimiento (incluso de un interés), en el primero se produce el descubrimiento del amor y en el segundo, el de la niñez y la piedad paterna.

Esto último fue Chéjov, lo segundo, Chéjov "improvisado" por los actores de Teatro en Miami.

Dos de los momentos que más disfrutó el público fueron las animaciones, a partir de retratos, de los clásicos teatrales: Eurípides, Esquilo, Cervantes, Shakespeare, Moliere, Lorca, el propio Chéjov. Con agudísimo humor estos personajes "fílmicos" debaten las posibilidades y los resultados de Improvisando a Chéjov al principio y al final de la puesta.

Un Shakespeare suficiente, un Cervantes confundido, un Lorca simpáticamente agitanado, un Moliere insistente, conversan acerca de la relación del autor con el público hasta dar paso a "el ruso", que se sorprende por haber sido elegido para ser expuesto en Miami. En Miami Beach, para colmo de ironías. Al cierre, son estos mismos clásicos quienes ejercen la crítica de Improvisando a Chéjov. Con esto, la crítica de la obra forma parte de la obra misma.

Hay que decir que la opinión de los clásicos sobre el trabajo de Teatro en Miami no fue de modo alguno complaciente. Objetan algunas actuaciones, se cuestionan al público y discrepan del autor seleccionado. Este ardid dramatúrgico fue una de las cláusulas más interesantes de la noche.

Por último, está Ernesto García, que produce y dirige la obra. En el programa, el espectador pudo encontrar un par de textos donde García avanza una suerte de manifiesto con dos capítulos esenciales: una concepción sobre el teatro y una concepción acerca del arte y su relación con la política.

No voy a reproducir aquí lo que este consistente artista propone en sus textos, pero quiero advertir un par de cosas: García quiere crear, no "representar", por lo que de alguna manera desconfía del teatro. También cree en la libertad, a la vez que sabe que el arte no es autosuficiente. Con aliento helénico, concluye que propiciar un arte libre no es tarea del Estado, pero sí de los ciudadanos.

Debo confesar que me simpatiza su voluntad, su talento, e incluso su insolencia.