Actualizado: 29/02/2024 16:32
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Buena Vista Social Club revisitado

Un musical lleva al escenario la historia real de aquellos músicos retirados que tuvieron una larga carrera en Cuba, pero que en su mayoría eran desconocidos fuera de la Isla

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Es una historia que comenzó hace veintisiete años. En un viejo edificio de la Habana Vieja vivía Ibrahim Ferrer, un músico que ganó su reputación en la década de los 40 y 50, pero que para entonces ya estaba retirado. Tenía 70 años y se ganaba la vida como limpiabotas y vendedor de revistas. Una tarde de marzo de 1996, llamó a su puerta Juan de Marcos González y lo fue a buscar para que lo acompañara al estudio de sonido. Y allá se fueron los dos.

En el estudio de la EGREM, Ferrer se encontró con viejos conocidos, varios de los cuales formaban parte de lo más selecto de la música tradicional cubana: el nonagenario cantante y clarinetista Compay Segundo; la cantante Omara Portuondo, ganadora de un Grammy; el reconocido pianista Rubén González; y Eliades Ochoa, quien con 49 años era el más joven del grupo.

Coincidió que ese día, se hallaba visitando el estudio el afamado guitarrista de blues Ry Cooder, quien había tocado con artistas y grupos tan famosos como los Rolling Stones, Van Morrison, Bob Dylan. Al escuchar a aquello veteranos, Cooder se quedó fascinado. Él y Nick Gold, jefe del sello musical británico World Circuit, desde hacía tiempo estaban interesados en un proyecto del músico Juan de Marcos González. Consistía en reunir a viejas leyendas de la música cubana bajo el nombre de Afro-Cuban All Stars, para revivir un estilo largo tiempo olvidado: el son cubano, que tras el triunfo de la revolución pasó a ser considerado “música de viejos”.

En aquella ocasión, Ferrer interpretó Candela, un tema con el cual en su momento se hizo muy popular. Cooder le pidió grabar la canción con él. Y además le propuso producir un disco con todas esas veteranas figuras. Al proyecto le dieron el nombre de Buena Vista Social Club, que era el mismo que tenía de uno de los viejos clubes clausurados en su día por el régimen castrista. A los pocos días se iniciaron las grabaciones del disco.

Pese a estar cantado íntegramente en español, Buena Vista Social Club se convirtió en el álbum imprescindible tanto en los hogares latinos como no latinos. Se vendieron ocho millones de copias en todo el mundo y ganó el Grammy a la Mejor Interpretación Latina Tropical. Fue lanzado el mismo año que OK Computer de Radiohead, The Velvet Rope de Janet Jackson y Time Out of Mind de Bob Dylan, pese a lo cual Buena Vista Social Club constituyó el fenómeno musical menos probable de 1997. A eso contribuyó el documental filmado por el cineasta alemán Win Wenders, que recogía fragmentos de conciertos, sesiones de grabación, entrevistas con los músicos y numerosas escenas rodadas en La Habana.

La oportunidad de echar una segunda mirada a su pasado

Esa historia real ha llegado ahora a los escenarios, a través del musical Buena Vista Social Club TM. El autor del libreto es Marco Ramírez, un cubano-americano conocido por The Royale, una obra sobre la historia del racismo en Estados Unidos que fue producida por el Lincoln Center. Con ella, su autor ganó los premios Drama Desk y Outer Critics Circle. Ramírez también ha sido nominado al Premio Emmy y sus trabajos en televisivos incluyen Orange is the New Black y La Máquina, protagonizada por Gael García Bernal y Diego Luna.

Del montaje se responsabilizó el keniano-norteamericano Saheem Ali, quien es director artístico asociado del Public Theatre, uno de los teatros más importantes de Off-Broadway. Recibió el Premio Obie 2023 por la “Excelencia sostenida como director”, a lo cual se suman las nominaciones al Drama Desk y Lucille Nortel por su puesta en escena de Fat Ham. El consultor creativo del montaje de Buena Vista Social Club TM es David Yazbek, uno de los principales compositores y letristas de Broadway.

La coreografía la firman el matrimonio Patricia Delgado y Justin Peck. La primera es una cubana de Miami que fue bailarina principal del Miami City Ballet. Fue coreógrafa asociada del film West Side Story, que dirigió Steven Spielberg, y fue productora asociada de la reposición de esa obra en Broadway en 2020. Por su parte, Justin Peck es coreógrafo, director, cineasta y bailarín. Actualmente es el coreógrafo residente del New York City Ballet. Suya es la coreografía de la reposición de Broadway de Carousel estrenada en 2018, y que fue ganadora del premio Tony. Peck ha intervenido en las películas West Side Story, de Spielberg, y Maestro, de Bradley Cooper. Su ballet Rodeo: Four Dance Episodios obtuvo un premio Bessie y forma parte del repertorio del New York City Ballet.

El diario The San Juan Daily Star publicó un reportaje sobre Buena Vista Social ClubTM firmado por Brian Selbert. Según da a conocer este, el proyecto comenzó hace unos años, cuando un productor que tiene los derechos teatrales del álbum se acercó a Marco Ramírez. “La primera pregunta”, le contó este al periodista después de un ensayo de la obra, “fue: ¿Conoces este disco? Y para un niño cubano que creció justo en la época en que salió el disco, la respuesta fue: Por supuesto. La siguiente pregunta fue: ¿Crees que hay una obra de teatro aquí?”.

La búsqueda de una respuesta a esa interrogante motivó que Ramírez viajase a Cuba, donde entrevistó a algunos de los participantes supervivientes del famoso álbum. “Se trataba de encontrar la verdad emocional en el centro”, dijo al periodista. “Para mí, en última instancia, se trata de un grupo de personas a las que se les dio una oportunidad mágica de echar una segunda mirada a su pasado, hacer algo bien o simplemente revivir su juventud”.

Diálogos en inglés y canciones en español

Como anota Selbert, la historia que cuenta el musical presenta la grabación del mítico álbum, pero también recrea, a través de flashbacks, la Cuba de la década de 1950, que es la de la juventud de los músicos. Esta es “la verdad emocional detrás de la verdad fáctica”, dijo Ramírez. “Todo está inspirado en eventos y personas reales, pero definitivamente me estoy tomando muchas, muchas libertades para contar la mejor historia posible”.

Donde los creadores no se han tomado libertades es en la música. Los diálogos de la obra son en inglés, pero las canciones, extraídas del catálogo más amplio de los integrantes de Buena Vista Social Club, se mantienen en español. “Las viejas canciones despiertan viejos sentimientos”, dice un personaje del musical. “Dadas estas letras, dados los estados de ánimo que evoca esta música, ¿cuál es la historia que puede surgir?”, comentó Ramírez. “Al principio sentí que estaba comunicando con los compositores, que llevan muertos 80 años o más, sentí que mis colaboradores eran fantasmas”.

Como comenta el periodista, el casting fue doblemente un desafío, porque la estructura del flashback requirió encontrar dos personas (una mayor y otra más joven) para interpretar a cada una de las personalidades de Buena Vista en diferentes etapas de su vida. “Tuvimos que encontrar artistas que pudieran cantar y tocar como los originales”, declaró Saheem Ali. A eso Ramírez agrega que el denominador común es que todos tienen una conexión con el álbum. Algo que les viene a través de sus abuelos cubanos, quienes tocaban las canciones en su casa de Miami, de modo que cuando salió el disco ya las conocían. Para varias generaciones de una familia, fue emocionante hablar juntos sobre un nuevo álbum. “La ironía agridulce es que sentían nostalgia por La Habana, y ahora escucho este disco y siento nostalgia por ellos”, expresó Ramírez.

Mel Semé, nacido en Camagüey e hijo de padres haitianos, interpreta al Ibrahim Ferrer mayor, que estaba lustrando zapatos por dinero cuando fue reclutado para aportar su voz dorada para las grabaciones de Buena Vista Social Club. Semé era un adolescente en Cuba cuando se produjo el lanzamiento del álbum. “Se hizo popular primero fuera de Cuba”, dijo. “Pero luego nos enamoramos nuevamente de esta música y se convirtió en la música que muchos de nosotros aspirábamos a tocar”. Estudió Percusión Sinfónica y tras graduarse, formó parte de la Sinfónica de Camagüey y la Nacional. Después se mudó a Europa, donde poco a poco construyó una carrera como baterista, guitarrista, cantante y director de banda. Como su experiencia como actor se limitaba a la participación en comerciales, inicialmente Semé le dijo al equipo del musical que tal vez él no era la persona que buscaban.

Honra lo que la música significa para los cubanos

“Me he vuelto a sentir como un adolescente, aprendiendo una nueva habilidad”, dijo. Haciendo eco de una frase utilizada por muchos otros miembros del elenco, expresa que interpretar a Ferrer es una “gran responsabilidad”, pero que le ayudó una conexión profunda con el cantante. “Aunque mi historia no es exactamente la suya, también encontré un poco de éxito en una etapa avanzada de mi vida”, dijo. “Siempre vi a Ibrahim como un modelo a seguir. No importa cuán tarde en la vida tuvo su oportunidad, lo hizo con mucha gracia”.

Renesito Avich interpreta a Eliades Ochoa, el músico con sombrero de vaquero que aportó un sonido más rural al grupo original de Buena Vista. Según él, la música ha sido el trasfondo de toda su vida. Nació en Santiago de Cuba, ciudad natal de Ochoa, e incluso lo conoció una vez. Avich, un músico exitoso que se especializa en tocar el tres, también es un novato en la actuación. Y afirma que siente que el musical “realmente honra lo que la música significa para los cubanos como yo”.

Entre los miembros del elenco que no son cubanos, está Natalie Venetia Belcon, una actriz de Broadway que no habla español. Pero cuando se preparaba para una audición para el intimidante papel de Omara Portuondo, la diva de Buena Vista, las canciones generaron en ella una avalancha de recuerdos de sus padres, que son músicos trinitarios. Kenya Browne, una cantante nacida en México que interpreta a la joven Omara, conocía la música cubana como algo que solía cantar su abuela. Su madre le dijo que Dos gardenias, un bolero que ella canta en el programa, era un tema que su bisabuela cantaba a menudo.

A Peck y Delgado, cuyos padres nacieron en Cuba, les encanta el álbum desde hace mucho tiempo. De hecho, eligieron un tema, Pueblo Nuevo, para el primer baile de su boda. Tan pronto como supieron que se preparaba el musical, pidieron involucrarse. Peck recordó la experiencia de caminar por La Habana, escuchar música y ver a la gente moverse al ritmo de ella. “Y luego, tan pronto como ese sonido comienza a desvanecerse, hay otro sonido en la distancia rozándolo”, dijo. “Esa energía es algo que queremos transmitir”.

Buena Vista Social Club TM se puede ver en Linda Gross Theater (330 West 20th Street). Aunque originalmente la obra estaba programada para terminar el 31 de diciembre, las presentaciones se han extendido hasta el 7 de enero.


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