Actualizado: 25/10/2021 18:08
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Cultura

A debate

El extraño retraso de la muerte de Jesús Díaz

Enviar Imprimir

Cuando leía el artículo ¿El que calla otorga?: Lecciones del pospavonato de Dean Luis Reyes (a quién conozco por sus artículos en la revista digital Miradas, en especial por el dedicado a la saga de Voltus V, héroe de nuestra niñez), creí descubrir un error en la fecha de la muerte de Jesús Díaz. Impulsado por la curiosidad, leí el artículo de La Jiribilla que ha provocado tan lúcido y enérgico comentario de Dean Luis y comprobé que era este trabajo el origen del error en la mencionada fecha.

No voy a detenerme en este típico ejemplo de las operaciones de acoso y derribo a los que La Jiribilla nos tiene acostumbrados, en vida de Jesús ya me provocaban náuseas. Tan sólo apuntar dos ideas. La tan manida y mentada doble moral, necesaria para sobrevivir, también es empleada por estos "nuevos pavones", expertos en condenar lo que ocultan al público cubano. Y la manera en que, al decir de Desiderio en su In medias res publicas, administran la memoria y el olvido, vía indirecta para combatir la incidencia de los intelectuales en la esfera pública nacional.

El nombre de nuestro jiribillesco inquisidor me resultaba conocido, y después de una breve búsqueda descubro un artículo de Haroldo Dilla, de abril del pasado año, titulado Las lagartijas decapitadas, en el cual Dilla describe el "combate heroico" que Ernesto Pérez Castillo sostiene contra una publicación de Rafael Rojas.

TEMA: La exaltación de ex comisarios políticos

Regresando al error que me provoca, Pérez Castillo data la muerte de Jesús Díaz el 5 de mayo de 2002. Resulta fácil comprobar que semejante pérdida para la literatura cubana ocurrió el día dos, como fue publicado —entre otras numerosas fuentes— en el número 52 de La Jiribilla. ¿Cuál es el motivo para esta diferencia de tres días? ¿Cuál el interés de acercar la muerte de Jesús al día 6 de mayo de 2002?

La respuesta aparece en el primer pie de foto del artículo, donde se aclara que esta es la fecha del aniversario de La Jiribilla. De manera sutil se desliza la idea de que Jorge Luis Arcos está celebrando "apenas unas horas después" de la muerte que le abre las puertas para, dentro de cuatro años, pujar por la añorada plaza de director de Encuentro.

Está claro que estos "arrebatos de virtud excesiva" van reñidos con la sutileza. El mensaje debe ser claro, alto y claro. Por tanto, aparece la segunda parte de este "pase de cuenta", en la forma de añadido al artículo original y bajo el título de ¿Crónica social? ¿Por qué las fotos de Jorge Luis Arcos? Atribuido a la preocupación de algunos lectores —que me recordaron a los oportunos reclamantes de la Mesa Redonda que Duanel Díaz identifica en un artículo de marzo de 2006— es utilizado como justificación para repetir las fotos con pies y todo y dejar claro que "Por delicadeza, y rechazo al morbo, no señalamos en los pies de foto el hecho de que su presencia en nuestro primer cumpleaños ocurrió apenas unas horas después de la muerte del fundador de Encuentro". He ahí la clave de tan extraña posposición de la muerte del autor de Las palabras perdidas.

Me resisto a analizar las posibles motivaciones de semejante bajeza, tan sólo avanzar otras breves ideas. Falsear datos verificables por error es propio de la incompetencia del autor y descuido del editor, corrector o censor, y de todo esto hay en Cuba. No creo que este sea uno más en la cadena de "graves errores" recién cometidos. Pero hacerlo a propósito expone el nivel, o mejor, la ausencia de moral de sus autores. En el trueque de imagen por calibre de fuego han perdido la ética. Un cubano infinito dijo que la pobreza pasa pero no la deshonra.

Termino recordando a Ernesto Pérez Castillo y a La Jiribilla, los consejos apuntados por Dilla, y para ayudarlos en su dilema ético les recomiendo la lectura de Lo que digo y lo que dicen que digo, de Michel Foucault. Y a los intelectuales cubanos, que no dejen de honrar las palabras.