Actualizado: 20/09/2019 11:30
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Querella criminal contra Fidel Castro

Texto íntegro de la demanda judicial presentada el 14 de octubre de 2005 por la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba ante la Audiencia Nacional de España.

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El presidio cubano ha sido único, debido a su magnitud, a su extensión, así como a su crueldad. En el sistema de represión instaurado por el Régimen Castrista, se creó una infraestructura carcelaria donde el uso de la tortura era una práctica corriente.

Todas y cada una de las prisiones políticas del régimen de Castro se han caracterizado especialmente por su crueldad. Desde el instante del arresto, el individuo es víctima de la indefensión en su aislamiento y de las torturas físicas y psíquicas.

Entre ellas, destacamos las siguientes:

El centro de represión de alta seguridad denominado Kilo 5,5. Su director era el Capitán González, apodado el "Ñato". La tortura más practicada consistía en la privación de sueño, amenazas contra los familiares y el chantaje relativo a la frecuencia de las visitas.

El centro Kilo 7, en la provincia de Camagüey, es de las más violentas. En 1974 una incursión represiva por huelga de los encarcelados, causó la muerte a 40 presos políticos.

El centro G II de Santiago de Cuba tiene el dudoso privilegio de poseer celdas a temperaturas muy altas y muy bajas. A los presos se les despierta cada 20 minutos, se les desnuda y aísla del mundo exterior, presentando al cabo de cierto tiempo trastornos psíquicos irreversibles.

El centro de La Cabaña es el más célebre. Sólo en el año 1988 fueron fusilados más de 100 presos. Los calabozos eran conocidos como ratoneras.

El hacinamiento de los reclusos ha sido otra característica de las prisiones de Cuba bajo el régimen de Castro. Los prisioneros políticos son "depositados" en galeras, celdas o barracas en número que multiplica varias veces su capacidad real.

Las celdas de castigo (o disciplinarias como oficialmente son llamadas por el régimen penitenciario cubano) en todas las prisiones del país se han caracterizado por su crueldad. Estas celdas son muy calurosas en verano y extremadamente frías en invierno, sin adecuadas condiciones higiénicas, y siendo en muchas ocasiones los presos objeto de torturas físicas y psíquicas. Estas celdas, llamadas "tapiadas" son verdaderas bóvedas donde los reclusos permanecen por meses, en la más completa oscuridad y en ocasiones son tan pequeñas, que son conocidas como "gavetas", en las que el recluso no puede acostarse o ponerse completamente de pie.

La crueldad del sistema penitenciario del régimen de Castro está también implícita en el inadecuado suministro de alimentos y en ocasiones en la insuficiente asistencia médica, que en diferentes oportunidades ha sido negada como parte de las medidas disciplinarias contra los prisioneros.

En la prisión de Boniato muchos prisioneros se hincharon debido a la avitaminosis y otras insuficiencias orgánicas producto de la subalimentación. En ella impera una violencia sin límites matando de hambre a decenas de presos políticos. Para no ser violados por los presos comunes, algunos políticos se embadurnan con excrementos. Boniato es el centro de exterminio donde encuentran la muerte tanto presos políticos como comunes. Es celebre por sus celdas tapiadas. En ella hallaron la muerte decenas de presos sin recibir asistencia médica. Los poetas Jorge Vals que cumplió 7.340 días de cárcel y Ernesto Díaz Rodríguez, son un ejemplo de ello.

En la prisión de Tres Macios de Oriente se usan las jaulas de hierro. En este universo cerrado, sin agua ni higiene, los presos comunes y políticos se ven recluidos en una promiscuidad difícil de soportar.

En todas ellas se despierta a los detenidos de sus celdas de castigo, embrutecidos por los golpes y desnudos, son obligados a reunirse para esperar a que terminen las inspecciones para poder regresar a sus celdas.

La situación de las mujeres en el sistema represivo cubano es especialmente dramático, puesto que se ven abocadas al sadismo de sus captores que recurren a las palizas y diversas humillaciones, por ejemplo, antes de pasar a las duchas, las detenidas debían desnudarse en presencia de sus captores, siendo golpeadas y violadas.

En el campo de Potosí, en la zona de las Victorias de las Tunas, había en 1986, tres mil presas.