Actualizado: 20/11/2019 9:47
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Sociedad

Altruismos inoperantes

'La escuela al campo': Mala alimentación, escasas condiciones higiénico-sanitarias y sexo desordenado.

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En cualquiera de las casas en Cuba donde hay adolescentes, cuando llegan determinados meses del año, toda actividad es un verdadero enjambre de hormigas locas. La alusión viene a cuento por la etapa de "escuela al campo".

Los hogares cubanos se llenan de preocupación ante la problemática de qué llevar a los hijos. Ante esta disyuntiva, unos se ponen prácticamente a rezar; otros trajinan para conseguir jabón, pasta dental, alimentos suplementarios como leche en polvo, chocolate, aceite y sazonadores para mejorar las comidas de los verdaderos campos de trabajo forzado a donde han ido sus hijos. Sin embargo, una cosa lamentan los dolientes y otra la que publicitan los encargados de la maquinaria ideológica a favor de "altruismos" como este.

Ante la llegada de la etapa de escuela al campo, un número cuantioso de alumnos, con la ayuda de padres y familiares, intenta burlar los controles médico-sanitarios. Cada vez más, las autoridades educacionales eliminan las brechas por donde escapan los estudiantes bajo prescripción facultativa. El proceso sirve de esquiva a la actividad agrícola a realizar.

Los educandos presentan certificados de inactividad o de reposo físico permanente o temporal. Los que se presentan constantemente con estos parapetos médicos, son amenazados con la eliminación de los avales de integralidad que se otorgan en los últimos años de la secundaria básica o el preuniversitario. Dichos avales son condición sine qua non para optar por carreras como Medicina, Estomatología o Ciencias Informáticas.

Por su parte, los alumnos siguen quejándose de la mala alimentación de las escuelas en el campo, cual si estuvieran en los años setenta o noventa del pasado siglo. Sus reticencias van primero hacia la calidad de la alimentación y luego a las condiciones higiénico-sanitarias en que deben permanecer un mes, como mínimo.

Otra preocupación para los padres y un consuelo para los estudiantes es el grado de libertinaje al que se ven abocados los últimos. Un cada vez más flexible horario de sueño (que puede extenderse hasta la madrugada), una feria de placeres que va siempre aderezada de alcohol y el condumio amoroso de profesores-alumnos, alumnas, vecinos, así como el intercambio de "revistas" entre todos los reconcentrados de esa etapa.

La hora del bolsillo diezmado

En la zona oriental del país se han levantado varios campamentos para ser utilizados como albergues de los adolescentes. En la provincia de Santiago de Cuba, son conocidos los ubicados en Palma Soriano, con el nombre de Bungo (en alusión al plátano fongo) y se enumeran del uno hasta el siete. Así, usted pudo haber trabajado en Bungo 1, por lo que su recorrido desde la misma ciudad le puede deparar un centenar de kilómetros. Otras zonas son las de Mayarí Arriba, Tí Arriba y otras cercanías de Songo-La Maya o Contramaestre.

En la provincia de Granma están Belic, en el municipio de Niquero, y los campamentos cercanos a Veguitas. Holguín tiene los campamentos de Sagua de Tánamo, como Sopo 1 y 2, Cupey Arriba y Abajo, El Solito y otros más. Mientras en la parte oeste se ubican Cabezo (del 1 al cuatro) y varias escuelas del Plan citrícola San Andrés, municipio ahora conocido como Calixto García.

Cada año, en todos los municipios de la Isla hay encontronazos entre el gobierno y los familiares de los alumnos. Para unos continúan ahora los dolores de cabeza con la falta de transporte para viajar a esos intrincados lugares donde, en ocasiones, los carros pesados tienen que detenerse y los visitantes deben continuar camino a pie. Los gobiernos locales y las direcciones municipales de educación no aseguran transporte para ir a estos centros de internamiento, por lo que el viaje corre a cargo de los interesados.

Robo de combustible, alquileres ilegales de ómnibus escolares y de transporte de trabajadores, arrendamiento de camiones particulares para estos menesteres, lo cual deja desoladas las terminales los sábados y domingos. Son estas las consecuencias de la despreocupación gubernamental por un tema tan delicado.

Décadas atrás, era un escándalo que tras la estancia en los campamentos, se descubriera en las escuelas a parejas de educadores y educandos. Eso ya siquiera es comentario. Las preocupaciones son por las enfermedades de transmisión sexual adquiridas, los matrimonios precoces, o los divorcios cada vez mayores entre los educadores que pasan estas etapas de trabajo.

Para quienes mantienen la ideología comunista, estas actividades ayudan al trabajo político-ideológico; para los afectados, sigue siendo una actividad de sumisión, y para los que en casa se encargan de acarrear los necesarios artículos de avituallamiento, es la hora del bolsillo diezmado.