Actualizado: 25/01/2022 14:16
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Encuentro en la Red

Madrid

El calabozo de Palacio

Breve retrato del disidente Héctor Palacios, condenado a 25 años de prisión en 2003.

Enviar Imprimir

La casa de Héctor Palacios, su pequeño apartamento de El Vedado, era un Palacio. Lo era, lo volverá a ser, porque es austero y limpio y constituye, como le gustaba decir al habanero José Martí, un hogar. No sólo el hogar de él y Gisela y los muchachos, sino el de sus amigos y el de una familia diversa y compleja que abarca todos los registros de la oposición interna y de la sociedad civil cubana que renace en los escombros del totalitarismo.

Allí, como Héctor sigue siendo un guajiro de Las Villas, se brindaba jugo de guayaba y café claro, unas briznas de queso criollo o pan con nada, pero sobre todo se brindaba amistad, una conversación amable e inteligente y la casa abierta al debate, a la polémica y al diálogo.

Ese Palacio estaba alumbrado por los libros y su vocación y oficio de sociólogo no restringía la biblioteca hogareña a los densos (para mí) textos de estudio y examen. Había una estantería (no conozco el inventario que se llevó la policía) abierta a la buena prosa hispanoamericana, a los grandes autores de Estados Unidos y a la poesía española.

Héctor, que es uno de esos escritores soterrados y bisiestos, se apareció un día con unos relatos de la vida de un tío suyo y todos los tertulianos informales de su casa nos sorprendimos y nos divertimos con las historias de Carmona, un hombre, natural de Canarias, famoso en los ámbitos de El Escambray por sus desafueros y su humor genuino.

Muchos creímos ver en ese personaje, de alguna manera, rasgos del hombre que hubiera querido ser Palacios de no haber conseguido ser quien es. Otros decían a sus espaldas, ese tipo no existe, lo inventó Héctor para contar esos cuentos de guajiros que lo apasionan.

Claro, la tertulia no era exclusivamente literaria y muchas veces se discutían allí ardientes asuntos de política y de políticas, pero siempre en un entorno de respeto a la opinión ajena y de tolerancia, unas mesetas a las que Palacios llegó por cuenta propia, con su lucidez y la claridad de un hombre que vive intensamente la vida y tiene luego asuntos sobre los que reflexionar y aprender.

Un hombre lúcido, un sencillo trabajador por la democracia, un cubano de la ciudad y del campo, ahora a caballo entre las dos parroquias que están más cerca de la muerte: la cárcel y el hospital.

Héctor Palacios va a encontrar en su estirpe de campesinos libres del centro de Cuba la fuerza para salir de esos calabozos. Su familia, sus amigos, el mundo está siempre con él.


Disidente Héctor PalaciosFoto

Disidente Palacios, director del Centro de Estudios Sociales.

Relacionados

Cerca de Dios

Raúl Rivero, Ciudad de La Habana