Actualizado: 22/11/2019 16:09
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Encuentro en la Red

Crónicas

Su pecado original

El gran problema de la UNEAC, que recién cumplió su aniversario 45, es haber sido engendrada desde la censura.

Enviar Imprimir

La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) festejó recientemente el aniversario 45 de su fundación. No podría decir cuántos de los de entonces quedamos. Sí recuerdo los que ya no están, tristemente la mayoría por cierto. Y el esplendor de entonces, eso también lo recuerdo. Recuerdo la fiesta que fue tener aquella UNEAC, como enseguida la llamaríamos; y recuerdo a Tony Évora, de regreso de revolucionar el diseño gráfico cubano con sus atrevimientos tipográficos en el magazine literario Lunes de Revolución, creando el vistoso logotipo que todavía la identifica.

Era una UNEAC de lujo. Tenía de presidente a un Nicolás Guillén que aún no había cumplido sesenta años; de vicepresidentes a Lezama, Carpentier, Portocarrero y José Antonio Portuondo; de secretario coordinador —de hecho, el premier de aquella república de los sueños— a Roberto Fernández Retamar, que entraba en la mejor etapa de su excelente poesía; a Lisandro Otero en La Gaceta de Cuba, tabloide literario que después no ha sido superado, y en relaciones públicas a Juan Blanco, que todavía no se había embarcado en su luego tren eterno de la música concreta.

Y en las secciones —hoy asociaciones— estaban Félix Pita Rodríguez en Literatura, Mariano Rodríguez en Artes plásticas, y Alicia Alonso en Danza. En Teatro, no recuerdo, ni en Música. La de Cine, Radio y Televisión no existía. Hasta quince años después no aparecería. En tanto, los directores de cine se agrupaban con los miembros de la sección Teatro; y la UNEAC seguía rascándose la cabeza cuando miraba para la radio y la televisión sin decidirse a fundar esa sección. Igualmente injustos, algunos directores de cine preferían mirar para otro lado al buscar actores.

Aunque dicho sea en honor a la verdad, una tarde lóbrega de los días de la crisis de los misiles, Roberto Fernández Rematar, conversando con Joaquín G. Santana y conmigo en el patio de la UNEAC, nos habló de fundar dicha temida sección, y nos la encomendó. Tal vez lo hizo pensando más como político que como esteta, o tal vez porque como de todos modos lo más probable fuera que desapareciéramos en las siguientes horas, podíamos permitirnos ser todo lo magnánimos que nos diera la gana.

Pero no desaparecimos, y Santana y yo nos volvimos conservadores. Calidad para la sección sobraba en la radio y la televisión, pero seleccionar puede ser suicida, mucho más en un sector tan numeroso. No señor. "Qué se habría creído Roberto", nos dijimos. Y en las buenas intenciones de una tarde que ya dábamos por póstuma, y de la que nunca más volvió a hablarse, se quedó durmiendo la magnanimidad de Roberto.

'Cascarón' nada más

De la UNEAC actual, qué decir. Algunos la ven como un fantasma, algo que ya no es; otros aseguran que está en su mejor momento. Heberto Padilla después del 68 la llamaba "Cascarón".

En mi concepto, el gran problema de la UNEAC está en su pecado original. Engendrada por una censura que la tocó por carambola, la del documental PM, de Sabá Cabrera Infante, ya en los días de su alumbramiento, uno de los comadrones, al hacer un cuento de Stalin, dejó prohibido sin prohibirlo expresamente la publicación de libros de poesía de amor. Y ahora, no hace tanto, a pesar de ser una ONG, se vio, la pobrecita, en la necesidad de tener que sacar de sus filas al poeta Antonio José Ponte por pertenecer al Consejo de Redacción de la revista Encuentro de la Cultura Cubana.

Por lo demás, no ha dejado de crecer. Desde los ochenta tiene filiales en todas las provincias. Al principio tenía unos trescientos miembros. Hoy, quién sabe. Tal vez no quepan en la luna. Pues hoy por lo general todo cubano menor de 50 años, si no es militar, médico, maestro, pelotero o boxeador, es músico, actor, pintor o escritor. Alegra saberlo. Incluso emociona. Pero, obviamente, no es la UNEAC que soñábamos en aquellos días fundacionales del año 1961.