Actualizado: 27/10/2020 17:39
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La Habana

Trágica realidad

¿Cuál es la verdadera causa del aumento de los accidentes de tránsito?

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"No deje su sangre en la carretera…, déjela en un hospital", repetía enfáticamente el viejo Broderick Crawford al finalizar cada episodio de Patrulla de Caminos,aquel enlatado de la televisión norteamericana que en la década del cincuenta nuestro canal 4 repetía cada jueves. Luego, ocuparía su lugar el hoy olvidado Oso Prudencio. Sin embargo, los accidentes de tránsito lejos de disminuir, aumentan. De esa trágica realidad se ocupa el trabajo periodístico El misterio fatal de los accidentes, publicado por Norges Martínez Montero en el diario oficialista Juventud Rebelde.

"La etapa de entusiasmo por la disminución de los accidentes de tránsito que acompañó a la modificación de la Ley 60 en sus inicios, comienza a trastocarse en preocupación. En los primeros siete meses de este año 32 personas más murieron por esa causa en comparación con igual período de 2004", reza el sumario del artículo, a tono con la gravedad del asunto. A continuación, descarta la eficacia del endurecimiento de los códigos establecidos, pues "a pesar de la gran cantidad de multas impuestas por las autoridades por sus transgresiones sobre el asfalto, los siniestros continúan creciendo".

"Los accidentes del tránsito se dispararon en la Isla en los primeros siete meses del presente año", afirma sin ambages el articulista al inicio del tercer párrafo y lo prueba con estadísticas: "Hasta el mes de Julio: 5.976 accidentes, 150 más que en Julio del 2004, 32 fallecidos más, 77 lesionados más".

Respecto a las causas que los originaron, menciona las siguientes: ingestión de bebidas alcohólicas, exceso de velocidad, irrespeto al derecho de vía y la no utilización del casco y del cinturón de seguridad, todas universalmente válidas para cualquier país. Constata que "los responsables de velar por el cumplimiento de las leyes del tránsito no han bajado la guardia" y las 605.121 multas impuestas así lo prueban. Reconoce honestamente que en este campo "cada sanción puede catalogarse como una derrota, porque ya se cometió la violación y el asunto es evitar, no sancionar".

Una solución real

Para continuar su reportaje, cede la palabra al teniente coronel Julio E. Moreno Duany, segundo jefe de la División Nacional de Tránsito (DNT), quien sostiene que "el factor humano es decisivo para reducir los accidentes. Es cierto que aún existen agravantes que condicionan la ocurrencia de estos funestos sucesos, como el mal estado de gran parte de nuestras vías, la escasa señalización en muchos de sus tramos y el deplorable estado técnico de algunos vehículos", matiza sensatamente y aboga por la inclusión de la educación vial en los programas de enseñanza primaria.

Toca el turno al otro oficial entrevistado, el mayor Eduardo Creach, jefe de la sección de Educación Vial y Divulgación en la DNT, quien "agrega que este año se han producido varios accidentes durante las transportaciones masivas, las cuales han elevado el número de muertos y lesionados".

Enseguida se precisan: "2004: 30 accidentes masivos (57 fallecidos y 338 heridos), 2005: 21 accidentes masivos (58 fallecidos y 362 heridos)".

El oficial Creach dice que "la mayoría de estos accidentes han sido provocados por violaciones de los conductores. Entre las más comunes se detectaron el incumplimiento de las normas para estos tipos de traslados y el mal estado técnico de algunos de los vehículos que se dedican a esta actividad, violando los artículos 127 y 128 del Código de Vialidad y Tránsito".

En sus conclusiones, el periodista concuerda con los criterios mencionados y termina con la siguente afirmación: "Puede que los expertos se rompan la cabeza buscando soluciones para paliar el problema, pero la ideal la tienen los propios choferes al alcance de sus manos".

Discrepo en este punto. Las causas aducidas son ciertas, pero tanto los oficiales como el autor han omitido una muy importante: la virtual extinción del servicio de transporte público intermunicipal en el interior del país.

Cada vez más a menudo ocurren estas catástrofes, que se cobra la vida de muchas personas. La mayoría de las veces se trata de viejos camiones norteamericanos (el numeroso parque de Gases Ziles de guerra y KP3 soviéticos nunca han sido de uso particular) abarrotados de personal. ¿Suben a ellos los pasajeros por espíritu de aventura? Sucede que no hay otro medio de transporte y los choferes, quienes pagan sus correspondientes licencias al Estado, los rellenan hasta el tope.

Aquí, supuestamente, deberían intervenir los agentes del tránsito para imponer el cumplimiento del código, pero parece que no lo hacen con la frecuencia suficiente. Si el servicio de ómnibus regulares existiese, mucha gente se hubiese salvado. Recuperar este servicio público sería la verdadera solución para evitar estos terribles accidentes masivos, aunque ello no esté en manos de los choferes, ni de los oficiales de la DNT, ni en las del periodista que escribió el artículo.


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Viejos carros americanos, alternativa al transporte público.