Actualizado: 26/06/2019 9:43
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Obras, Libros, Lecturas

Dime qué lees y te diré quién eres

Francisco Morán confiesa que no abandona ningún libro que decide leer. Por eso, antes de hacerlo se cuida muy bien de asegurarse de lo que le espera. Y si se trata de un libro que tiene que leer, lo lee, aunque sea a la fuerza

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Si solo fuese el creador y principal timonel de esa magnífica revista que es La Habana Elegante, Francisco Morán sería ya merecedor de nuestro respeto y nuestra gratitud. Pero es además un reputado investigador y ensayista, y a él se deben obras tan valiosas como Casal à Rebours (1996), Julián del Casal y los pliegues del deseo (2008) y Martí, la justicia infinita (2014). Ha preparado también ediciones de textos de Francisco Calcagno, Bonifacio Byrne y Juan Borrero, así como compilado las antologías La isla en su tinta (2000) y Island of my Hunger. Cuban Poetry Today (2007). Su bibliografía incluye, asimismo, los poemarios Ecce Homo (1997), Habanero tú (1997) y El cuerpo del delito (2001). Reside en Dallas, Texas, donde labora como profesor en Dedman College of Humanities and Sciences. Hombre de letras por donde quiera que se le mire, dedica parte de sus trabajos y sus días a la lectura. Una faceta sobre la cual nos revela, a continuación, algunas intimidades.

¿Qué tipo de lector eras de pequeño? ¿Qué libros o autores de la infancia recuerdas?

No era en realidad diferente de los niños que comienzan a leer. Mis primeros libros fueron los de aventuras, sobre todo Alejandro Dumas, Emilio Salgari y Julio Verne. Recuerdo también los fabulosos volúmenes de El Tesoro de la Juventud, y claro, Corazón, de Amicis. Pero mi favorito era Dumas, sus mosqueteros. Creo que ahí nació mi interés en el lenguaje, en las palabras. Creo que en el fondo disfrutaba más la esgrima verbal de los personajes que la trabazón de sus espadas —aunque esto, también, era fascinante.

¿Recuerdas el primer libro que leíste?

La bella y la bestia.

¿Qué libros tienes actualmente en tu mesilla de noche?

¡No lo vas a creer! Castroism, de Draper, y las cartas del presidio, de Fidel Castro (1959) que editó Conte Agüero. Estoy “cocinando” otra vez, así que ya puedes imaginar…

¿Qué te influye a la hora de escoger un libro? ¿El boca a oreja, las críticas, la opinión de un amigo de confianza?

Nada de eso. Depende de lo que me traiga entre manos (de ahí lo que leo ahora), o de vicios de lectura adquiridos ya para siempre: Rilke, Cavafis, Borges, Paz, Piñera, Lezama. En este último caso me pasa como con la música. Incluso a veces los combino, o se combinan solos. Casal casa con Javier Solís; Piñera con la Guillot, y Borges con Adriana Varela (no sé por qué pero no sé me da con Gardel).

¿Qué libro se supone que debía gustarte, pero no te gustó? ¿Qué clásico o autor famoso detestas?

Hay libros que tienen que gustarte. De no ser así, vas directo al tribunal. Bueno…. que murmuren, pero francamente no he podido con el Ulysses —no con Joyce, sino con su obra maestra. Detestar, no detesto a ningún clásico famoso. Pero me llevo muy mal con Martí; tenemos una relación harto complicada. Disfruto su escritura. Nadie que ame el español puede negarse el lujo de leer a Martí. Pero tampoco nadie —a mi juicio— que lo lea al dedillo puede evitar la repulsión al descubrir sus horrores.

¿Recuerdas el último libro que abandonaste? ¿Qué te hace abandonar la lectura de un libro?

No; no abandono ningún libro que decida leer. Antes de hacerlo me cuido muy bien de asegurarme de lo que me espera. Pero si es un libro que tengo que leer, lo leo, aunque sea a la fuerza. Un ejemplo de esto es el libro de historia Empire by Default, de Musicant. Como estoy metido en el 98 sabía que tenía que leerlo, y me lo leí completo. Es un perfecto ejemplo de un clásico sumamente aburrido. También de cómo no hay que escribir la historia. Chavela Vargas me ayudó mucho durante el tiempo que me llevó leerlo.

¿Qué libro te gustaría haber escrito?

Las mil y una noches.

¿Con qué personaje te gustaría tomar un café mañana?

¡Son tantos! Pero me conformaría con Julián Sorel.

¿Cuáles son los géneros que más te gusta leer? ¿Y cuáles intentas evitar?

Los que más me gustan —y no necesariamente en este orden— son la poesía y la narrativa. Y la historia cuando los abraza a los dos.

¿Prefieres leer obras nuevas o releer?

Ahora que ya sé que tengo menos tiempo, y ni siquiera cuánto, prefiero leer y escribir (suelo hacer ambas cosas al mismo tiempo).

¿Cuándo y cómo te gusta leer? ¿Libro impreso o e-book? ¿Lees por la mañana o por la noche? ¿Un libro cada vez o varios de manera simultánea? ¿Lees con música de fondo?

Para leer prefiero las mañanas y la noche, pero al final, cualquier hora es buena si el libro que leo me ha agarrado, o lo he agarrado yo a él. Cuando esto ocurre se me afilan los dientes, gozo de solo pensar lo que voy a hacer o estoy haciendo con lo que leo, lo que devoro. ¡Ay del libro o del autor al que le eche el ojo! Prefiero el libro impreso. Pero hay un material de archivo que solo puedo leer en pdf y es igualmente delicioso. Ahora me estoy dando banquete con la Bohemia del año 1959. ¿Con Bohemia? Seguro que te harás esta pregunta con sorpresa. No puedo explicártelo, pero así es. Tendrás que esperar por mi próximo libro para comprenderlo.

¿Has robado libros alguna vez?

¡Muchos! Y conste, nunca me escondí detrás del supuesto “Martí dijo…” —ya sabes cómo sigue. Ya no. Ahora los compro. Pero cuando empecé a leer de verdad, las únicas bibliotecas que para mí eran sagradas, inviolables, eran las de los amigos. Las otras eran el Paraíso, y como no podía comerme todas las frutas del árbol prohibido, algunas se iban conmigo.

¿Tienes algún héroe ficcional favorito? ¿Y antihéroe o villano?

Sí. Mi héroe ficcional favorito es Julián Sorel. Creo que eso me pone en el lugar de Matilde de la Mole, o de su deseo. El otro héroe, el gran héroe, ficcional y real es Julián del Casal. Mi antihéroe o villano favorito es Martí. Cuando me le acerco un poco, me entran unas ganas…

Si organizaras una cena literaria, ¿a qué tres escritores, vivos o muertos, invitarías?

La literatura es ya una cena, el más fabuloso de los banquetes. Ahí están los mejores vinos, y los licores y las carnes y las flores más raros. Tener como invitados a algunas de esas carnes, de esos perfumes sería esperar demasiado de los dioses. Pero supongamos que esto me fuera concedido. Solo invitaría muertos/vivos: Thomas Mann, Ángel Escobar, Marguerite Yourcenar, Yukio Mishima, Dostoievski, Baudelaire. Creo que me pasé, ¿no?

¿Qué libros te gustaría ver adaptados al cine?

No un libro, sino un cuento: “El amante de las torturas,” de Casal.

Si hubiese un libro que ha hecho de ti quien eres hoy en día, ¿cuál sería?

No podría escoger. Hacerlo implica, primero, que quién soy hoy. Nunca he estado más lejos de saberlo que hoy. Y ni siquiera quiero saberlo. Podría ser aterrador, incluso suicida. Cada libro, y cada uno de mis amigos me han traído a donde estoy hoy —cualquiera que sea ese lugar. A ellos les debo lo que haya de bueno en mí (que tampoco sé lo que es). Es imposible para mí descifrar donde, en qué punto, la amistad, la conversación, el tiempo compartido con los amigos, puede distinguirse de la conversación y la amistad con un libro. Recuerdo mis conversaciones dominicales con Abilio Estévez, hace ya muchos años, que yo llamaba mis Conversaciones con Goethe. Lo mismo puedo decirte de mis conversaciones con Pedro Marqués, Reina María, Ponte, Rolando, Almelio, Rogelio, y otros muchos amigos.

¿Qué autor te gustaría que escribiese la historia de tu vida?

Ni espero que nadie se moleste en escribirla, ni creo que mi vida merezca ser escrita. En el supuesto que a algún autor se le fuera a ocurrir semejante sinsentido, le dejo un consejo: mejor ocúpate de escribir tu obra, y asegúrate de que esto coincida con un estilo de vivir, con una manera de ser y estar en el mundo.

¿Hay escritores cubanos que no han sido traducidos tan internacionalmente como deberían? ¿Cuáles recomendarías?

Bonifacio Byrne (no todo, por supuesto), Juana Borrero (sobre todo su Epistolario). Déjame seguir pensando…