Actualizado: 26/06/2019 9:43
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Literatura, Novela, Libros

Dime qué lees y te diré quién eres

Carlos A. Aguilera confiesa que los únicos escritores que detesta son aquellos que se han prestado para sublimar de alguna manera al totalitarismo cubano. Y a los representantes del retro-izquierdismo castrista en Latinoamérica. Y agrega que los detesta por prostitutos, no por otra cosa

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Pasan ya de una decena los títulos que Carlos A. Aguilera (La Habana, 1970) ha entregado a la imprenta. Se distribuyen en varios géneros: la poesía (Retrato de A. Hooper y su esposa, 1996; Das Kapital, 1997; Asia Menor, 2016, que recoge los dos anteriores), la narrativa (Teoría del alma china, 2006; El imperio Oblómov, 2014; Clausewitz y yo, 2015; Matadero seis, 2016), el ensayo (Lorenzo García Vega. Apuntes para la construcción de una no-poética, 2015; Luis Cruz Azaceta. No exit, 2015; Archivo y terror. Operaciones entre literatura, política, teatro y arte, 2019). Tuvo además a su cargo la compilación de La Patria Albina. Exilio, escritura y conversación en Lorenzo García Vega (2016), así como la edición de Rabo de anti-nube (2018), los diarios que Lorenzo García Vega escribió entre 2002 y 2009. En Cuba, codirigió, entre 1997 y 2002, la revista Diaspora(s). En la actualidad reside en Praga, donde además de impartir clases de español, codirige el proyecto incubadora, que saca dos ebooks al año y convoca el premio anual de novela Franz Kafka. Parte de su tiempo libre lo dedica a leer, aunque, como cuenta a continuación, evita la ciencia ficción y la literatura policíaca, sobre todo en su variante clásica.

¿Qué tipo de lector eras de pequeño? ¿Qué libros o autores de la infancia recuerdas?

De pequeño no era lector en absoluto. Lo que me gustaba era mirar, observar, tocar, oler… Me la pasaba oliendo a todo el mundo. Los libros que me gustaban y sigo recordando hasta hoy son esos que cuando se abrían tenían figuritas que uno podía manipular hacia todos lados. De esos tuve algunos y saqué de la biblioteca de mi escuela primaria unos cuantos más. Empecé a leer de verdad después, alrededor de los 13 años. Compulsivamente.

¿Recuerdas el primer libro que leíste?

El de Verne, Cinco semanas en globo. Y por la misma época dramones como El tulipán negro, de Dumas, que yo pensaba tenía que ver con el aventurero y no con la búsqueda y las intrigas políticas que se desataban en la Holanda del siglo xvii para lograr una flor inexistente hasta ese momento.

¿Qué libros tienes actualmente en tu mesilla de noche?

Estoy terminando de leer las memorias de la hija de Anne Sexton sobre su madre. Un libro desgarrador y necesario, creo, para entender la poesía obsesiva de una de las grandes de la poesía norteamericana de los años 60-70: su locura esquizo-masturbatoria y su placer por destruir a toda su familia. Y a la mitad tengo La novela luminosa de Levrero (¡que es extraordinaria!) y las Cartas de Lezama con su hermana, libro que necesito releer para algo que quiero escribir. Entre los libros que acaban de llegar y aún no he abierto está la novela de Jan Némec, Una historia de la luz, sobre la vida y obra de Drtikol, uno de los monstruos de la fotografía checa del siglo xx, y el Diccionario amoroso del psicoanálisis de la Roudinesco.

¿Qué te influye a la hora de escoger un libro? ¿El boca a oreja, las críticas, la opinión de un amigo de confianza?

Todo. Suelo estar bastante atento a las opiniones de algunos amigos y a la vez a las notas que se publican por ahí sobre lo que acaban de sacar las editoriales. Después hay libros con los que es necesario trabajar y ya eso no depende mucho de la opinión de nadie.

¿Qué libro se supone que debía gustarte, pero no te gustó? ¿Qué clásico o autor famoso detestas?

A los únicos escritores que detesto, aunque no sean clásicos son a esos que se han prestado para sublimar de alguna manera al totalitarismo cubano: los Carpentier, Vitier, Retamar, Desnoes y algunos más. O a los representantes del retro-izquierdismo castrista en Latinoamérica, como Galeano, por ejemplo. Y los detesto por prostitutos, no por otra cosa. Con todos los demás he podido lidiar según libro y época. La literatura no solo es una cuestión material (libro y manos) sino mental, y de tiempo; de intuir cuál es el momento exacto en que estás listo para “entrar” en un imaginario determinado.

¿Recuerdas el último libro que abandonaste? ¿Qué te hace abandonar la lectura de un libro?

Supongo que el aburrimiento. O los lugares comunes. O los libros o textos donde no exista la fuerza-escritura. Pero no suelo abandonar libros, como creo te dije ya alguna vez. Suelo llegar al final, aunque sea pasito a pasito.

¿Qué libro te gustaría haber escrito?

El imperio de los signos, de Roland Barthes. Por la escritura. Por Japón. Por el juego con las fotos. Por la transficción que pone en juego (ojo: no confundir con autoficción). Por la experiencia real e imaginaria. Por el goce.

¿Con qué personaje te gustaría tomar un café mañana?

Con Chris Marker. Me hubiera gustado entrevistarlo y que me contara de algunas de sus películas: La jetée, Sans soleil o esa suerte de diario sobre Kurosawa que se llama AK. Lo que me fascina de Marker es lo que podría conceptualizarse como cine-de-escritor, es decir, ese momento donde todo empieza a cuajarse a partir de las intensidades que crea y hace visible la escritura, sus trampas.

¿Cuáles son los géneros que más te gusta leer? ¿Y cuáles intentas evitar?

Ya casi ni existen los géneros literarios, por lo menos no al modo académico, que aún sigue haciendo mapas sobre la novela o la poesía cuando lo que importan son las intensidades y los cruces que hay detrás. Pero si hacemos una excepción te diría que la ciencia ficción y el policíaco son los que más evito. Sobre todo, en su variante clásica. Después hay ciertas “salidas” como Piglia o Dürrenmatt o Kratochvil que me parecen muy interesantes. Pero ahí ya no es lo policíaco lo que me interesa (es decir, la investigación alrededor de un cuerpo muerto, la intriga…), sino la escritura y el juego filosófico con ciertas mentalidades y cierto no realismo. El juego con el saber en sí.

¿Prefieres leer obras nuevas o releer?

Ambas. Todo depende del momento y el para qué.

¿Cuándo y cómo te gusta leer? ¿Libro impreso o e-book? ¿Lees por la mañana o por la noche? ¿Un libro cada vez o varios de manera simultánea? ¿Lees con música de fondo?

Acostado o sentado. Más acostado que sentado. Y leo a cualquier hora del día si tengo tiempo, cosa que falla muchísimas veces. Ebooks leo en contadísimas ocasiones. El papel tiene un “algo” que continúa siendo mi mejor medio de relacionarme con la escritura, como la música clásica o el jazz, para mí imprescindibles a la hora de crear room en ese intercambio entre libro y cabeza.

¿Has robado libros alguna vez?

Jaja… mejor ni te respondo.

¿Tienes algún héroe ficcional favorito? ¿Y antihéroe o villano?

Pues no. Y tengo mala memoria, además, pasado un tiempo olvido los nombres de los personajes de un libro o una película. En todo caso no me relaciono con ellos de manera romántica.

Si organizaras una cena literaria, ¿a qué tres escritores, vivos o muertos, invitarías?

Pues a muy pocos. Los escritores, salvo mis amigos, son muy aburridos. Preferiría a pintores o performers o fotógrafos o cineastas. Una cena con Herzog, Weegee y mi amigo Luis Cruz Azaceta, por ejemplo, sería el acabóse.

¿Qué libros te gustaría ver adaptados al cine?

Boarding Home, de Guillermo Rosales. Creo que saldría una película mejor que Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over the Cuckoo's Nest), aquella locura de Miloš Forman.

Si hubiese un libro que ha hecho de ti quien eres hoy en día, ¿cuál sería?

Trastorno, la novela de Bernhard, fue muy importante. Cosmos, del gran Witoldo, también. Ser norteamericanos y Para los pájaros de Gertrude Stein y John Cage respectivamente ni se diga. El Jakob von Gunten de Walser fue también especial en determinada época, así como El fiord de Lamborghini o Las grandes pruebas del espíritu de Michaux. Pero los dos libros que estuvieron antes (en mi adolescencia) y creo ayudaron a modelar un imaginario fueron Crimen y castigo, de Dostoievski, y Las almas muertas, de Gogol, ambas en su edición cubana. Con ellos empezó todo.

¿Qué autor te gustaría que escribiese la historia de tu vida?

Dashiel Hammet; le aportaría crimen y sangre a una vida que es muy plana y repetitiva en lo cotidiano.

¿Hay escritores cubanos que no han sido traducidos tan internacionalmente como deberían? ¿Cuáles recomendarías?

Imagínate que en República Checa se acaba de traducir hace muy poco Tres tristes tigres, y eso, junto a Así en la paz como en la guerra, es todo lo que existe de Cabrera Infante en este país… Y lo mismo en Alemania u otros lugares donde existen unos y otros no. Para no hablar del mercado en inglés, donde apenas se traduce. Pero para no perderme: yo recomendaría siempre a los contemporáneos, a los que están ahora mismo construyendo algo. Para los demás ya habrá tiempo. Están en el canon o en los programas de estudios universitarios o en las recomendaciones que hacen los infames ministerios de cultura de cualquier lugar (que salvo en el caso cubano son muchas veces los que dan dinero para que algo se traduzca). Pero las traducciones no tienen que responder a nada de esto, sino al valor de uso, al mapping y a la usura. Y estas tres cosas —juntas— son cosas que cualquier autor contemporáneo agradece mucho.