Actualizado: 09/12/2019 13:16
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Teatro, Novela, Libros

Dime qué lees y te diré quién eres

Rosa Ileana Boudet afirma no creer en las listas de los libros más leídos, pues detesta que piensen por ella. Y confiesa que no ha leído más de tres novelas policiales

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Una fecunda ejecutoria ha desarrollado Rosa Ileana Boudet, que ella comparte entre la labor crítica y la investigación y la escritura creativa. Eso se ha materializado en una extensa bibliografía que, a riesgo de que se me quede algún título, paso a detallar. Sus incursiones en la narrativa son, hasta ahora, Alánimo, alánimo (1977), Este reino (1988) y Potosí 11 dirección equivocada (2000). También ha publicado las biografías El Vaquerito (1982) y Luisa Martínez Casado en el paraíso (2011). Y en crítica e investigación, su catálogo incluye Teatro nuevo: una respuesta (1983), En tercera persona: crónicas teatrales cubanas (2004), Teatro cubano: relectura cómplice (2010), Cuba: viaje al teatro en la revolución (2012), La chimenea encantada (2017), Cuba entre cómicos: Candamo, Covarrubias y Prieto (2017, coescrito con Manuel Villabella) y Piñera y Felipe: escándalo ymito (2019). En esos libros examina acuciosamente la actividad escénica cubana, lo cual ha llevado a Carlos Aguilera a expresar casi pudieran leerse “como una historia privada de Cuba. Una que observa la isla como un gran escenario donde lo bufo y lo serio se intercambian”. Boudet ha sido además directora de las revistas Tablas y Conjunto. A continuación, se somete a nuestro cuestionario para hablar de sus hábitos como lectora. Y, entre otras revelaciones, dice que lee a cualquier hora, pero que prefiere hacerlo mejor de día, muy temprano en la mañana.

¿Qué tipo de lectora eras de pequeña? ¿Qué libros o autores de la infancia recuerdas?

No creo que empecé a leer muy chiquita. Sí recuerdo los libros regalados en la escuela o en la casa de mi abuela, que era maestra. Corazón, de Edmundo de Amicis, era obligado y la historia terrorífica de Genoveva de Brabante —un libro grande con ilustraciones a color— estaba en el librero y la leí pronto. Mi mamá me regaló Mujercitas, que no me gustó nada.

¿Recuerdas el primer libro que leíste?

Recuerdo el primer libro que me leyeron, Platero y yo, de una sentada: no podía levantarme de los calambres.

¿Qué libros tienes actualmente en tu mesilla de noche?

No leo en la cama, así que no hay nada en la mesa de noche. Pero si te refieres a lo que tengo entre manos, he terminado The Five Continents of theatre. Facts and leyends about the material culture of the actor, de Eugenio Barba y Nicola Savarese, y decenas de colaboradores. Aunque no puede leerse de un tirón (en realidad es de consulta), por su extensión, alcance, información, es un placer, una maravilla que se piensen e impriman libros así. Una historiografía otra que parte del entorno material del actor para explicarse todo lo demás. No sé por qué a estas alturas no ha despertado más interés. Es de esos libros que dejan una inquietud profunda. Desarma o se pregunta sobre muchos postulados de la historiografía teatral y al menos a mí me hace pensar en por qué se escriben tantos libros inútiles sobre la materia.

¿Qué te influye a la hora de escoger un libro? ¿El boca a oreja, las críticas, la opinión de un amigo de confianza?

Cuando era muy joven, escogía los libros de la Biblioteca de la Casa de las Américas por los que los habían leído antes. Entonces, a lo mejor lo recuerdas, el nombre del usuario estaba en la tarjeta dentro del libro. En la Universidad, los que Nuria Nuiry recomendaba en sus clases de literatura latinoamericana. Es la única vez que he leído, con un orden desordenado (gracias, Nuria), a María Luisa Bombal, Lima la horrible o El gran burundú burundá... es más, como debe ser y no para el examen. Ahora tengo mi brújula particular.

¿Qué libro se supone que debía gustarte, pero no te gustó? ¿Qué clásico o autor famoso detestas?

Nadie me dijo nunca qué libro debía gustarme, pero no he leído más de tres novelas policiacas.

¿Recuerdas el último libro que abandonaste? ¿Qué te hace abandonar la lectura de un libro?

Últimamente a Samanta Schweblin. He tenido varios dispositivos (e-readers) y con ellos siempre llegan las recomendaciones. No creo en las listas de los libros más leídos, es más, detesto que piensen por mí. Para no caer en la tentación, me borré de Goodreads. El libro y uno tienen que encontrar un compás, un momento. Estuve un tiempo para terminar los cuentos de Elena Garro y después me gustaron más que su teatro. Y abandoné y volví a una escritora japonesa muy delicada, Hiromi Kawakami. Al principio no avanzaba, pero algo pasó y no pude dejarla.

¿Qué libro te gustaría haber escrito?

Tantos. ¿Para qué hablar de eso?

¿Con qué personaje te gustaría tomar un café mañana?

Con la poeta Mercedes Matamoros.

¿Cuáles son los géneros que más te gusta leer? ¿Y cuáles intentas evitar?

Ahora leo ensayo, historia, memorias y abro mucha prensa del pasado. Casi todo está relacionado con lo que estoy investigando. Nunca policiacos y casi nunca ciencia-ficción.

¿Prefieres leer obras nuevas o releer?

Las dos cosas. Si me leo que hay un boom con Lucía Berlín, la leo y no me defrauda, y si no lo hay con Julio Cortázar, de todos modos siempre lo releo.

¿Cuándo y cómo te gusta leer? ¿Libro impreso o e-book? ¿Lees por la mañana o por la noche? ¿Un libro cada vez o varios de manera simultánea? ¿Lees con música de fondo?

A estas alturas los libros digitales me gustan tanto como los de papel, salvo que estos sean como el libro de Barba, con cientos de ilustraciones y bellas fotografías. Leo a cualquier hora, pero mejor de día, muy temprano en la mañana. Tengo varios libros abiertos a la vez, ahora el último de Carlos A. Aguilera y una obra teatral de Abel González Melo. Sin música de fondo.

¿Has robado libros alguna vez?

Nunca.

¿Tienes algún héroe ficcional favorito? ¿Y antihéroe o villano?

No, no tengo. Los villanos me gustan en el cine, tipo Robert Mitchum, que en el fondo, siempre era noble. Y me encantaría que hubiese más villanas. Empiezan a escribirse.

Si organizaras una cena literaria, ¿a qué tres escritores, vivos o muertos, invitarías?

Soy una malísima cocinera y las cenas que he intentado han salido todas mal. Eso me suena a almuerzo lezamiano, a carne fría en casa de Rosita, a banquete de los minoristas. Si la cena es inevitable, invitaría a Antonio Benítez Rojo, Mirta Yáñez y Jesús Díaz para culminar conversaciones... truncas.

¿Qué libros te gustaría ver adaptados al cine?

Muchos, pero debería hacerse algo con Tres tristes tigres antes que La Rampa desaparezca o deje de parecerse a la del libro.

Si hubiese un libro que ha hecho de ti quien eres hoy en día, ¿cuál sería?

Uno se hace en buena parte con los libros que lee o con los que sufre, pero también con la experiencia, los arañazos, las pérdidas, los reencuentros. No hay un libro que haga de uno quien es.

¿Qué autor te gustaría que escribiese la historia de tu vida?

Nadie la va a escribir. Ni hace falta.

¿Hay escritores cubanos que no han sido traducidos tan internacionalmente como deberían? ¿Cuáles recomendarías?

La traducción va muy a la zaga de las necesidades de los lectores y no sé realmente cómo hacen las editoriales para elegir a quiénes traducen. Yo, que de atrevida casi hago lo que quiero con las ediciones, traduje Tango Palace, que María Irene Fornés escribió originalmente en inglés, y Salomé, de Charles Mee. Las dos obras me gustan muchísimo. Me encantaría leer en inglés Las tres partes del criollo, de Antón Arrufat.