Actualizado: 10/07/2020 19:25
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Literatura

«El sol de la historia me quemó»

El escritor Manuel Pereira habla sobre 'Insolación', su más reciente libro.

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Manuel Pereira nos entrega una novela que relata lo que vivió Cuba en los años posteriores al triunfo de la revolución. Todo ello, narrado a través de la mirada de Joaquín, un pequeño que con tan sólo once años se enfrenta a una serie de cambios que le secuestran parte de su niñez y lo confrontan con un nuevo orden que no comprende, pero en el cual se ve sumergido. Es la historia de una insolación que ya no sólo es solar, sino ideológica.

En esta novela usted comparte imágenes de la vieja Habana, es un retrato de Cuba después de la huida de Batista y de los acontecimientos que se desencadenaron después; pero es también, me parece, un retrato de su persona a través del personaje de Joaquín. Es una novela histórica y, al mismo tiempo, una novela autobiográfica, ¿no es así?

Sí, así es. Es un exorcismo. En cierta forma estoy exorcizando fantasmas. Un escritor es un testigo que tiene que dar testimonio de su tiempo, de su época y de su realidad. Tenía esa deuda pendiente. Hay quienes me dicen: "¡Ay, te demoraste diez años en escribirla!". Pero no me parece un defecto de la novela. Los hechos que se relatan tienen lugar entre los años 58 y el 65. Estamos en 2006, han pasado cuarenta años, pero no me preocupa.

Pienso que las novelas históricas y las novelas de la memoria, mientras más lejos está el autor de los hechos que narra, tanto mejor. El tiempo actúa como una especie de filtro y entonces captas y reflejas en la novela justamente lo esencial, porque el tiempo ya actuó a manera de tamiz. Si estoy muy cerca de los acontecimientos que narro, lo que surge es periodismo, y a medida que te alejas, lo que surge es literatura.

La literatura es distancia, el periodismo es cercanía. Es la distancia la que permite observar con mayor nitidez los detalles más importantes. Pasa un poco como con la pintura. Si miras de cerca un cuadro impresionista, no ves nada, ves manchas, ves empastelamientos de colores, ves brochazos, pero si te vas alejando del lienzo empiezas a ver la figura o el paisaje cada vez mejor. Y es un poco esta distancia la que quise tomar con respecto a este fragmento de la historia de Cuba que llega hasta el año 65.

En esta novela, insolación es una palabra que puede asociarse con muchas otras. Es salación, es grrrrevolución para Joaquín, incapaz de pronunciar la erre, es insulina para la abuela Polenta, es desolación, es soledad… Pero, ¿qué significa para usted, qué palabra explica mejor el significado de esta metáfora?

El sol de la historia me quemó. El protagonista de la novela es muy blanco, y habita en una Cuba muy tórrida donde el sol es una presencia eterna. Diría que hasta de noche brilla el sol porque hasta de noche hace calor. Entonces, ese niño sufría insolación en el plano fisiológico, y sufría insolación porque de alguna manera ese paisaje lo agredía. Él empieza a soñar con un país de nieve, ya que la nieve representa el desarrollo y el sol, el subdesarrollo. Y es un poco a lo que el niño aspira.


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