Actualizado: 20/02/2020 21:12
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Música

«No arregles lo que aún no se ha roto»

Habla la banda: Habana Abierta regresa a Miami y Nueva York con las expectativas de repetir el éxito de marzo.

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Siempre al borde de la polémica, Habana Abierta ha pasado a ser uno de esos proyectos musicales que no se pueden omitir, si hablamos de música hecha por cubanos actualmente.

Cobra doble valor quizás por ser punta de lanza de una incisiva diáspora que, aunque algo lejos de las paradas de guagua, los discursos televisados y la libreta de abastecimiento, late y siente como cubana.

Sin contar el disco compilatorio Habana Oculta, producido con mucho tino por Gema Corredera y Pavel Urquiza, Habana Abierta tiene en su haber tres álbumes: su homónimo disco debut de 1997, 24 Horas (1999) y su más reciente Boomerang (2005).

No sólo rockasón, sino también funk, blues y jazz, todo con un espíritu muy hiphopero, se incluyen en su propuesta rítmica.

Si en una cosa coinciden tanto seguidores como detractores es en que han logrado hablar con voz propia, con el desparpajo que caracteriza a los cubanos, de lo mismo que se hablaría en cualquier punto del malecón habanero, a través de letras desinhibidas y de más largo alcance que los misiles de la Crisis de Octubre.

En este octubre, lejos de cualquier crisis, Habana Abierta respira con tranquilidad, felices con sus presentaciones, hace poco en el I Festival Internacional de Cine Cubano (FICCU) en Munich, y ahora embarcan en una esperadísima gira por Estados Unidos, que hasta ahora incluye Miami y Nueva York, pero que podría muy bien ampliarse.

Tuve una oportunidad de hacerles algunas preguntas a Boris Larramendi, Vanito (Caballero) Brown y José Luis Medina antes de que saltaran al avión, mientras que Alejandro Gutiérrez y Luis Alberto Barbería decidieron reservarse para la vuelta. Aquí van las respuestas, sin edulcorantes.

¿Qué fue 13 y 8? ¿Qué significó para ustedes?

José Luis Medina: De ahí partimos unos cuantos. Éramos unos amigos que nos juntábamos en ese museo de las calles 13 y 8 a cantar (y cantarnos). Empezamos con poquísima gente, y aquello llegó un momento en que no cabía un alma. Ese fue el lugar que nos tocó en ese momento, ese era el único lugar nuestro, ya no era la peña de Adrián Morales, de Artes Decorativas, o la peña de no sé dónde… donde tú tenías que ir a ver si te daban bola, a ver si te dejaban tocar un par de temitas. Ya era algo nuestro y, como todo en la vida, tener algo tuyo es maravilloso.

Boris Larramendi: Fue la primera vez que sentí que estaba en mi sitio, que había encontrado mi centro, para lo que había nacido, y la gente con la que tenía que estar. En concreto, era una peña en el museo municipal de la cultura de Plaza, dirigida por Vanito, frecuentada por trovadores, poetas, artistas plásticos y farándula varia.

El núcleo duro (Vanito, Raúl Ciro, Carlos Santos, Alejandro Frómeta, Alejandro Gutiérrez, José Luis Medina, Luis Alberto Barbería y un servidor) acostumbrábamos a ir a todos lados donde se descargaba, y desfilar por la guitarra y el micro (si lo había) de uno en uno, haciéndonos coros mutuamente, así que siempre íbamos en grupo y la gente empezó a decirnos "ahí van los de 13 y 8". Por allí también solían descargar Andy Villalón, José Luis Estrada, Mario Incháustegui y Fernando Rodríguez (Chico Rivero, el autor de Ese hombre está loco). Locos estábamos todos.

Medina: Nos fuimos conociendo en el transcurso de los años. Creo que en 13 y 8 fue donde todos coincidimos y empezamos a vernos más, pero en diferentes circunstancias, fechas, nos fuimos conociendo de a poco, para nuclearnos, en definitiva, ahí, en 1988 ó 1989.

Boris: Al principio, poca gente y casi toda de género masculino, ¡puafff! Luego, a medida que Vanito empezó a nuclear todo lo interesante que escuchaba por las demás peñas que había en La Habana, invitándolos a ir a 13 y 8 a descargar, la cosa se animó mucho más, hubo hasta quien ligó y todo allí. Duró casi dos años, al final iba bastante gente a verla. Un día la Dirección de Cultura de Plaza decidió que ya estaba bien, y se acabó.

Vanito: Para mí es el punto de partida de lo que es hoy Habana Abierta. 13 y 8 es también todo eso que ha suscitado, básicamente era un lugar de encuentro, era el lugar donde nos encontrábamos todos los que estábamos interesados en hacer canciones propias y compartir el instinto de no querer parecernos a nadie, ni vivo ni muerto. Teníamos que hablar con voz propia. Compartíamos una conciencia generacional, y éramos bastante atentos a lo que venía pasando, y bastante críticos y autocríticos, aun entre nosotros.

Lucha Almada, Cuatro Gatos, Debajo, Goma Loca, son formaciones que les antecedieron y en las cuales participaron algunos miembros de Habana Abierta. ¿Cuánto toma prestado Habana Abierta de ellas?

Vanito: Toma prestado de cada una de sus voces y maneras de asumir la música. Habana Abierta, desde el álbum Habana Oculta, es precisamente la conjunción y la evolución de todos aquellos sonidos desperdigados por La Habana de los noventa.

Boris: Fueron los primeros intentos de darle un sonido más allá de la guitarra de palo, pura y dura, a los ritmos y melodías que estábamos haciendo. Ahí está la semilla de lo que es Habana Abierta, tímbrica y rítmicamente.

¿Qué significa Habana Abierta para cada uno de ustedes?

Vanito: Es pletórica en significados positivos. Me parece por lo menos una extensión de lo que empezó a suceder en 1988 en 13 y 8, lo que siguió en los pequeños espacios de La Habana, que nos fuimos ganando. Y también una buena manera de resumirme personal y profesionalmente.

Medina: Más que un grupo, se siente como una familia unida desde hace más de 20 años. Con sus buenos y malos ratos, cada cual sabe qué lugar tiene, qué papel jugar en cada momento. Sobre la importante base de la admiración y el respeto mutuo de cada componente, hemos logrado sobrevivir a toda esta vorágine del mercado de la música actual. La verdad es que nadie entiende como en estos tiempos existe una banda con semejantes características, pero eso mismo es lo que le da un toque especial.


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