Actualizado: 09/07/2020 12:55
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América Latina

Cismas ideológicos y económicos

La falta de voluntad de Brasil para ejercer el liderazgo acentúa la irrelevancia de Mercosur.

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La fundación de Mercosur en 1991 anunciaba el libre comercio y la integración regional en América del Sur. Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay habían logrado establecer gobiernos democráticos tras años de dictaduras, y se vislumbraba un nuevo amanecer.

Hoy, el tratado comercial de Mercosur, al que Venezuela se incorporó el pasado año, tiene un mercado de más de 250 millones y tres cuartas partes del Producto Interno Bruto de América del Sur. En la última década, el comercio dentro de la unión aduanera aumentó en 25.000 millones de dólares, aunque no se ha hecho realidad el vasto potencial del Mercosur.

No es noticia la existencia de asimetrías de comercio entre Paraguay y Uruguay —socios menores— y Brasil y Argentina, las cuales no se han mitigado con la incorporación de Venezuela. En el año 2006, a pesar de un auge en las exportaciones, Uruguay tuvo un gran déficit comercial con Argentina ($777 millones), Brasil ($495 millones) y Venezuela ($521 millones).

¿Se extraña alguien de que el gobierno del presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, firmara un acuerdo de comercio e inversiones con Estados Unidos, a pesar de la oposición de la coalición que lo llevó al poder?

Se han atascado los esfuerzos hechos para ofrecer a Paraguay y Uruguay un mayor acceso a los mercados brasileño y argentino. En la cumbre de Mercosur, el pasado enero, sus miembros debatieron sobre la modificación de las reglas con el fin de beneficiar a los socios menores. El gobierno de Néstor Kirchner se opuso a los cambios y Brasil criticó públicamente a Argentina.

Más tarde, Danilo Astori, ministro de Economía, declaró que Uruguay se sentía "atrapado, prisionero de los deseos colectivos del grupo". Si Uruguay logra firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el Mercosur se vería en un aprieto, pues sus reglas prohíben los acuerdos bilaterales con terceros.

Mercosur podría conceder a Uruguay la suspensión de esa regla. Si no lo hace, Vázquez ha amenazado con cambiar su estado de miembro pleno al de asociado. Por ejemplo, Chile es un país asociado a Mercosur y ha negociado varios Tratados de Libre Comercio bilaterales, incluido uno con Estados Unidos.

Quizás Uruguay haya tomado una posición desafiante en las apuestas, al saber que en julio termina la autoridad que tiene el presidente de Estados Unidos para promover el comercio (una vía rápida para los tratados comerciales, que luego el Congreso puede aprobar o rechazar, pero no cambiar u obstruir), lo que deja poco tiempo para diseñar un acuerdo que el Congreso demócrata aprobaría.

Más dividido que nunca

Mercosur también ha fracasado en la tarea de solucionar los conflictos entre sus miembros. En los dos últimos años, Argentina y Uruguay se han enfrentado a causa de la mayor inversión extranjera en la historia de este último país: la construcción de una papelera a cargo de la compañía finlandesa Botnia sobre el río Uruguay, que marca la frontera entre los dos países. Buenos Aires arguye que la papelera provocará un daño ambiental considerable al río.

Los bloqueos de protesta de manifestantes argentinos, en los tres puentes que unen los dos países, han costado a la economía uruguaya casi mil millones de dólares. El caso se presentó en la Corte Internacional de Justicia en enero, con la intermediación de España, y se dictaminó el rechazo a cualquier desalojo de los bloqueos mediante la fuerza.

La falta de voluntad de Brasil para ejercer el liderazgo en la solución de la disputa acentúa la irrelevancia de Mercosur. A diferencia del Parlamento Europeo, el de Mercosur, iniciado en diciembre pasado, no puede predominar sobre las legislaturas nacionales, lo que convierte su funcionamiento en algo simbólico.

Para complicar las cosas, la entrada de Venezuela sólo ha servido para dividir más a Mercosur. En febrero, el presidente Hugo Chávez anunció la segunda emisión del Bono del Sur, que representa la compra total de 3,2 mil millones de dólares en bonos argentinos. Disgustado por haber sido ignorado en la reciente gira de Bush por Latinoamérica, Kirchner permitió a Chávez celebrar una concentración paralela y antinorteamericana, al mismo tiempo que en Uruguay recibían al presidente de Estados Unidos.

Venezuela ha tratado también de convencer a Bolivia para que solicite su condición de miembro pleno. Sin embargo, el presidente Evo Morales parece dudar, porque tendría que abandonar su posición como miembro de la Comunidad Andina de Naciones, tal y como ordenan las reglas de Mercosur.

Chávez se despidió de la Comunidad Andina el año pasado con mucho alboroto. Si Morales cede, la adhesión de Bolivia a Mercosur sólo serviría al propósito venezolano de "eliminar el neoliberalismo de Mercosur". Es materia de discusión, pero resulta desconcertante la razón por la cual Brasil, en particular, aprobó la incorporación de Venezuela con tanta prisa.

A menos que sea reformado, Mercosur se politizará cada vez más y se esfumarán las esperanzas de tender puentes sobre las diferencias ideológicas y económicas entre sus miembros.

El parlamento del ente tiene de plazo hasta el año 2010 para hacer compatibles las legislaturas nacionales, algo que ya hizo una vez su contraparte europea. Brasil debería ejercer el liderazgo, que se aviene más a su posición como el mayor país del bloque. Sólo poniendo orden en la casa, podría Mercosur colocarse a la altura del potencial vasto que anunciara su fundación. Quizás tarde en llegar el final feliz.