Actualizado: 05/08/2021 10:23
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Francia

De prisa y cumpliendo su palabra

Un punto a su favor ya se ha anotado el gobierno de Nicolas Sarkozy: dar espacios de poder a las llamadas 'minorías visibles'.

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Es un hecho innegable: Nicolas Sarkozy quiere ir de prisa y cumplir con la palabra dada a los electores. Gracias al triunfo obtenido en la segunda vuelta de las legislativas, pese al repunte del Partido Socialista (PS), el partido del gobierno obtuvo la mayoría absoluta. Hecho singular en sí, pues el electorado francés tiende a sustraer la mayoría que otorgó al presidente a la hora de elegir la cámara de diputados. De ahí el fenómeno de "cohabitación" que tuvo que enfrentar François Mitterrand y Jacques Chirac.

Al día siguiente de conocerse el resultado, con el horizonte despejado, dueño de su capacidad de maniobra, el presidente francés procedió a una reorganización del gabinete ministerial. Uno de sus ministros faros, Alain Juppé, no pudo cumplir con el requisito impuesto para garantizar su permanencia en el gabinete: al optar por una candidatura a diputado, si las urnas le eran adversas debía renunciar y así lo hizo.

Si el primer gabinete tras las presidenciales causó sorpresa, porque sin que la situación lo obligara nombró ministro de Exteriores al célebre fundador de Médicos Sin Fronteras, el socialista Bernard Kouchner, ministro de Mitterrand y de Lionel Jospin, el recién nombrado segundo gabinete se caracteriza por una franca osadía. Ha realizado en la práctica lo que los socialistas, pese a haber detentado el poder —François Mitterrand, durante catorce años la presidencia de la República, y Lionel Jospin, primer ministro en el gobierno de Chirac—, convirtieron en simple retórica de tanto postergarlo a un futuro incierto: dar a las llamadas "minorías visibles" espacios de poder, incluso en el gobierno central.

Tres mujeres en el gabinete

El nombramiento de tres mujeres nacidas en Francia pero de padres inmigrantes, ha significado un verdadero reto para Sarkozy, sobre todo en su campo político. No sólo por ser magrebíes, sino mujeres y proceder de los estratos más humildes de la inmigración.

Rachida Dati, de 41 años, de padre marroquí y madre argelina, segunda de una familia de doce hijos, fue repartidora de publicidad, vendedora en un supermercado, cuidó personas mayores, logró estudiar, graduarse de magistrado y obtuvo la cartera del Ministerio de Justicia, convirtiéndose en la primera mujer magrebí en ocupar un cargo tan alto en la administración francesa. Por lo demás, un ministerio clave y de los más complejos, porque tendrá que vérselas con el serio problema de la delincuencia, en particular entre los jóvenes de su misma procedencia.

Rama Yade, de 30 años, es hija de senegaleses, uno de ellos diplomático. Su madre, al verse abandonada con varios hijos, se instaló en un barrio y tuvo que trabajar muy duramente para darles una educación. Yade ha sido nombrada secretaria de Estado de Exteriores y Derechos Humanos. Condoleeza Rice no será ya la única mujer negra que ocupará el primer plano de la política exterior de un gran país.

Pero el nombramiento más sorprendente ha sido el de Fadela Amara, de 43 años, quien procede de una familia de diez hijos, de padres argelinos, analfabetos. Feminista, laica, de izquierda, célebre ante la opinión pública por su rebeldía, militó en SOS Racismo, organización próxima al PS, del que es miembro. Tras la muerte de una joven magrebí quemada viva por su ex novio, fundó la asociación Ni Putas ni Sumisas, apoyó la ley de prohibición del velo musulmán en la escuela, y ha sido nombrada secretaria de Estado para la Política de la Ciudad.

Lo más singular es que la Secretaría que ocupa Amara está bajo la tutela del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, cuya titular, Christine Boutan, es una de las personalidades más conservadoras del panorama político francés. Católica practicante, se opuso de manera vehemente al PACS, pacto que legaliza la relación entre homosexuales, y creó una asociación que denunciaba el aborto. Ambas mujeres reconocen que la pareja que forman es una paradoja que nunca habrían imaginado, pero comparten un objetivo común: cualquier ciudadano debe ser respetado en todo el territorio francés.

"Al principio lo dudé, pues soy una mujer de izquierda y lo asumo. Terminé aceptando porque mi combate se sitúa más allá de las diferencias políticas. Existe una urgencia, quiero transformar la vida de los barrios, y no pienso servir de coartada, ni la memoria visible de servicio", dijo Amara.

Y también socialistas

Pese a no cumplir simétricamente con la paridad, como sí lo ha hecho el presidente español José Luis Zapatero, el gobierno francés cuenta con 11 ministros mujeres de los 32 ministerios que integran el gabinete. Por cierto, por primera vez una mujer, Christine Lagarde, detentará la cartera de Economía y Finanzas, uno de los ministerios más complejos y exigentes, de cuyos resultados depende en gran medida la puesta en práctica de las reformas que se dispone a realizar el gobierno.

A propósito del nombramiento de socialistas en su gobierno, Sarkozy explica que designar a personas que no votaron por él, ni en la primera ni en la segunda vuelta, es una manera de demostrar al mundo que todos los franceses están involucrados en los cambios que el país necesita.

No cabe duda de que Francia se encamina muy rápidamente hacia la inclusión de las minorías. Hay muchos países donde se practica la retórica del igualitarismo, pero llevarla a la práctica es harina de otro costal. Por ejemplo, en Cuba, con casi 50 años de poder de Fidel Castro, los negros y las mujeres apenas ocupan los estamentos jerárquicos del poder.