Actualizado: 19/08/2022 18:27
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Vietnam

Del hambre a la exportación

Esta nación indochina ocupa actualmente el segundo lugar en la exportación mundial de arroz y café, y es el primer exportador de pimienta.

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Vietnam, un país que hace dos décadas sufría grandes calamidades y donde sus habitantes morían literalmente de hambre, arribó recientemente al aniversario 60 de su independencia con significativos avances económicos y sociales. Una muy breve reseña histórica de esta singular nación indochina permitirá evaluar con mayor precisión estos resultados.

Desde el siglo III a.C. los vietnamitas enfrentaron la conquista de China, que se extendió intermitentemente hasta el siglo XI d.C. En el siglo XIII derrotaron la invasión del ejército mongol. En el siglo XIX enfrentaron a los franceses, que ocuparon primero el sur y luego el norte del país. En 1930, bajo la dirección de Ho Chi Minh, combatieron contra los galos y luego contra los japoneses, que ocuparon el país en 1940. En 1945, con la rendición de los japoneses, se declaró la independencia de la República en Hanoi.

A fines de 1946, Francia, que no se resignaba a perder su antigua colonia, expulsó a los comunistas del sur del país, pero en 1954, tras ocho años de ataques guerrilleros, fueron también derrotados en Dien Bien Phu. Por acuerdo de las partes en conflicto, se decidió dividir el país a la altura del paralelo 17: los comunistas al norte y los franceses y vietnamitas que los apoyaban al sur.

En 1960 se reanudó la guerra entre las tropas del norte que intentaban recuperar Vietnam del Sur y las tropas anticomunistas, apoyadas por Estados Unidos. A comienzos de 1965 Estados Unidos aprobó el bombardeo sistemático de Vietnam del Norte y el envío de tropas de combate, un nuevo episodio de la larga lucha que finalizó con la ocupación de Saigón y la derrota y retirada total de las tropas estadounidenses en 1975.

Sólo en esa última guerra, sobre su territorio fueron arrojadas tres veces más bombas que las empleadas durante la Segunda Guerra Mundial, el 15 por ciento de la población pereció o resultó herida en la contienda y en el Sur resultaron destruidas el 60 por ciento de las 15 mil aldeas existentes. Como si fuera poco, culminada esa horrible guerra, Vietnam tuvo que enfrentar el bloqueo económico y ataques fronterizos.

El proceso de ‘renovación’

El fin de la guerra no fue el fin de los problemas. El país tuvo que comenzar prácticamente de la nada, pues la guerra arrasó con casi todo. Después de la reunificación entre el norte y el sur, en 1976, se generalizó el sistema de economía planificada, el cual sumió al país en el hambre y la superinflación, al punto que hacia 1986, el índice anual de inflación monetaria era del 700 por ciento. En ese año, la tendencia reformista del Partido Comunista, respaldada por las jóvenes generaciones de cuadros, se hizo con el poder y proclamaron la nueva política de Doi Moi (renovación).

El proceso se aceleró en 1988, cuando la mala gestión burocrática y la crisis económica condujeron a un despido masivo de los cuadros conservadores del Partido. El fin de la ayuda de la antigua Unión Soviética en 1991, tras el derrumbamiento del comunismo soviético, profundizó aún más el proceso de reforma económica, a diferencia de cómo ocurrió en Cuba.

Como resultado del Doi Moi —introducción de mecanismos de mercado, autonomía de los productores, derecho de los nacionales a ser empresarios y entrega de tierra a los campesinos— encaminado a estimular la iniciativa, el interés y la responsabilidad de los productores, se impulsó la competencia, la apertura del mercado y la inversión extranjera, con el objetivo de restablecer la prosperidad económica y de emular con las economías con fuerte crecimiento de Asia.

Los resultados no se hicieron esperar. De país importador devino exportador de productos alimenticios. Si los factores técnicos y el empleo de variedades más productivas influyeron en los resultados, la causa principal del salto hay que buscarla en la combinación de la voluntad política, en situar los intereses de la nación en primer lugar y de aplicar un modelo económico capaz de despertar el interés por la producción.

Actualmente Vietnam ocupa el segundo lugar en la exportación mundial de arroz (detrás de Tailandia), es el segundo exportador de café (luego de Brasil) y el primero de pimienta, por poner sólo tres claros ejemplos. A ello se añaden las ventas de petróleo, zapatos, productos electrónicos, etcétera. La inversión extranjera sobrepasa los 60.000 millones de dólares y sostiene relaciones comerciales con 165 países.

Los resultados económicos se han reflejado en la sociedad. La pobreza, que en 1975 alcanzaba el 60 por ciento de la población, disminuyó hasta el 5 por ciento. Aunque el ingreso per cápita actual, que es de apenas 500 dólares anuales, se espera que aumente en el 2010 a 900 ó 1.000 y a 2.000 en el 2020, cuando Vietnam ocupará un lugar entre los países desarrollados. Una de las consecuencias ha sido que, desde 1993, Estados Unidos dejó de oponerse a la concesión de créditos a Vietnam, en febrero de 1994 le suspendieron el embargo y en julio de 1995 establecieron relaciones diplomáticas.

La positiva experiencia vietnamita, con independencia de lo que le resta por recorrer en materia de derechos ciudadanos (en 1994 se aprobó una legislación laboral que concede a los trabajadores el derecho de huelga), obliga a la reflexión de nuestra realidad insular, donde las reformas económicas iniciadas en 1994, en vez de profundizarse, fueron frenadas en cuanto sus resultados "amenazaron" con la formación de una clase media independiente.

Casi al final del quinto año del siglo XXI, Cuba "se debate entre la satisfacción de la economía del poder y la insatisfacción de la economía de la sociedad"; de exportador de azúcar el país ha devenido importador del dulce, la tasa de seguridad alimentaria no se incrementa lo suficientemente y nuestros profesionales acuden a todos los medios y vías posibles e imposibles para emigrar.

En la Isla, como sucedió en Vietnam, se impone modificar la actual estructura de la propiedad y brindar un tratamiento priorizado al sector agrícola, crear los espacios legales correspondientes, crear y fortalecer las instituciones crediticio-financieras, de comercio mayorista, promover una ley sobre la inversión nacional y fomentar las pequeñas y medianas en manos de cubanos. Esas reformas colocarían de facto a los cubanos como punto de partida y fin del desarrollo social, y no solamente como medio para otros fines.