Actualizado: 20/08/2019 5:32
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Internacional

El éxito de República Dominicana

Pros y contras de la más vieja democracia surgida en América Latina después de 1978.

Enviar Imprimir

Leonel FernándezFoto

Leonel Fernández, presidente de República Dominicana.

Es la más vieja de todas las democracias que emergieron en América Latina después de 1978. Durante la década de los años noventa, fue una de las economías que más rápidamente creció en la región. Más del setenta por ciento de su población prefiere la democracia como la mejor forma de gobierno. Sí, hablamos de República Dominicana.

Aunque a tropezones, los dominicanos han logrado un asombroso éxito en la más desfavorable de las situaciones posibles. Después de todo estamos hablando de un país que sufrió el azote de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961), y que luego vivió bajo el tutelaje o la sombra de Joaquín Balaguer (1961-2002). En 1978, la primera transición política pacífica en la historia de República Dominicana finalmente tuvo lugar.

¿Cuál es el balance definitivo de la política dominicana?

En la columna de los logros positivos tenemos:

-Desde el mismo momento en que asumió el poder, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) aseguró los derechos y las libertades civiles, así como las condiciones para mantener estas libertades.

-Después de que los votantes lo reinstauraran en la presidencia en 1986, Balaguer —a pesar de su récord de represión civil— no anuló los logros del PRD, que han permanecido intactos hasta la fecha.

-En respuesta a los fraudes electorales de 1990 y 1994, la ciudadanía se movilizó y jugó un importante papel al conseguir unas elecciones justas y libres en 1996, y mantenerlas posteriormente. La concurrencia de los votantes a las urnas electorales ha sido consistentemente alta.

-Los partidos políticos dominicanos poseen fuerza y firmeza, y están profundamente enraizados en la ciudadanía.

En la columna de los resultados negativos tenemos:

-La corrupción ha sido una marca candente en cada gobierno de turno desde 1978. Mucho después de Trujillo y de la última presidencia de Balaguer (1994-1996), la política dominicana aún permanece difuminada en un medio en el que los que detentan puestos en el gobierno abusan de los autonombramientos y apadrinan y nombran a quienes les conviene.

-Aun cuando la economía está en un período de rápido crecimiento, los déficits sociales continúan acumulándose sin solución.

-Bajo circunstancias irregulares, la reelección presidencial fue introducida en el año 2004.

Antes y después de la crisis

De más está decir que hay muchos otros puntos que introducir en ambas columnas. Las que aquí muestro tienen el propósito de subrayar las circunstancias específicas en que se da la crisis que padeció República Dominicana durante la administración del PRD de Hipólito Mejía (2000-2004), y cómo la nación ha tenido que sobrellevarla.

Entre los años 1996 y 2000, Leonel Fernández, del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), presidió bajo un crecimiento económico considerable y un significante esfuerzo para modernizar el aparato estatal. Una combinación de factores —una crisis energética perenne, problemas sociales agudos que no canalizó, acusaciones de corrupción, y el que fuera un candidato con poco carisma— debilitaron el PLD, y en consecuencia, Mejía ganó las elecciones fácilmente.

El nuevo presidente instauró rápidamente en los puestos de los ministerios a sus amigotes del PRD, quienes usaron sus poderes para lograr ventajas para su partido y satisfacer sus intereses personales. En el año 2003 un fraude monumental cometido por Baninter —el tercer banco más grande del país—, logró onerosamente que la economía comenzara una fase de declinación. Surgió la inflación, el peso colapsó, la deuda pública se duplicó y el capital huyó fuera del país. Pagar la deuda del Baninter le costó a los dominicanos dos mil doscientos millones de dólares (alrededor del 15 por ciento del Producto Interno Bruto). Al mismo tiempo, Mejía forzó una reforma electoral que le permitió presentarse a reelecciones en mayo de 2004. El PRD gastó cantidades aún no reveladas de dinero público persiguiendo ese esfuerzo condenado de antemano al fracaso.

Todo esto suena a desastre, y lo fue en casi todos los aspectos, excepto el más importante de todos. Mientras la campaña tuvo su cuota inevitable de problemas y los rumores proclamaban abiertamente que Mejía manipularía los resultados electorales, el PLD de Fernández ganó decisivamente. Como a menudo suele suceder, los votantes se presentaron en masa a las urnas electorales. Después de 14 meses en la presidencia, Fernández ha sacado la economía de su atolladero. Una repetición de la "dorada" década de los noventa no está, sin embargo, a la vista. Enmendar los déficits sociales y confrontar la corrupción endémica continúa siendo una empinada y dura cuesta que es necesario subir.

La democracia dominicana funciona bastante bien. Si fuera de otra forma, Mejía hubiera sido expulsado por medio de demostraciones masivas o disturbios antes de que su término caducara. Pero República Dominicana no es Bolivia ni Ecuador. Como los argentinos en el 2001 y 2002, los dominicanos encontraron una manera institucional para salir de su crisis más reciente. Aunque su país aún tiene mucho que mejorar, debemos celebrar los éxitos que han logrado a pesar de todos los obstáculos.