Actualizado: 05/08/2021 10:23
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América Latina

El primer desembarco

La guerrilla de Castro y su obsesión histórica por Venezuela.

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Se ha recordado este mes en Venezuela el aniversario cuarenta del conocido como "Desembarco de Machurucuto", que en realidad tuvo lugar en el Cocal de los Muertos, en mayo de 1967, integrado por guerrilleros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y militares cubanos, procedentes de la Isla. El gobierno cubano lo relaciona con la muerte del capitán de seguridad Antonio Briones Montoto, muy popular también en el medio artístico de La Habana, quien dirigió la operación.

No obstante, no se rememoró el año pasado el aniversario cuarenta del primer desembarco (24 de julio de 1966) de un grupo integrado por militares cubanos (catorce oficiales de las FAR) y comandado por Luben Petkoff, el único venezolano. Entre los primeros se encontraba el entonces comandante Arnaldo Ochoa, que ya se perfilaba como el experto en arte militar que llegó a ser, al extremo de ser considerado un genio de la guerra por las academias militares norteamericanas, según el magazine Newsweek.

En ese aspecto, la reputación de Luben Petkoff no se quedaba atrás. Así lo comentaban con admiración los cubanos encargados del entrenamiento de los latinoamericanos candidatos a guerrilleros, que por aquel entonces pululaban por los corredores del hotel Habana Libre, sede y lugar de hospedaje de la conferencia Tricontinental, celebrada en enero de 1966.

Los candidatos permanecían allí para integrarse a los proyectos de lucha armada en diferentes puntos del mundo, cuando al término de la conferencia funcionarios y burócratas, miembros de los partidos comunistas, abandonaban La Habana.

Sin éxito

Por esa época, el Partido Comunista de Venezuela (PCV) operaba el viraje que lo llevaría a renunciar a la lucha armada. Los irreductibles, como Luben Petkoff, decidieron proseguir la lucha. Su talante y gusto por la guerra facilitó que se estableciera una relación privilegiada y de identificación con el gobierno de la Isla, para el que sólo contaban los "fierros" y el apelativo de "teóricos" tenía una connotación despectiva. Eso explica el hecho de que Petkoff desembarcara en Venezuela al mando de una tropa integrada sólo por cubanos.

Coincidió este desembarco con el comienzo de los preparativos para la guerrilla del Che Guevara en Bolivia. La razón del envío de cubanos, independientemente de la confianza que Fidel Castro profesaba a Luben Petkoff, era la creencia de que los fracasos de todos los frentes guerrilleros organizados hasta entonces por Cuba en América Latina, se debían a la ausencia de personal militar de la Isla. Castro consideraba que sólo los cubanos sabían de guerra y guerrillas. De hecho, una parte importante de la élite militar cubana operaba en Venezuela y Bolivia durante los años 1966 y 1967.

En el desembarco de Machurucuto (mayo de 1967), que coincidió con el inicio de los enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército en Bolivia, participaron los comandantes Ulises Rosales del Toro, Raúl Menéndez Tomassevich, y los capitanes Silvio García Planas y Harley Borges, destinados a reforzar el frente guerrillero del MIR. Castro participó en el entrenamiento de los grupos y, haciendo gala de su puntilloso sentido del detalle, se ocupó de seleccionar el equipo y el armamento que iban a llevar.

Fidel Castro, que salió de Santiago de Cuba, acompañó al grupo comandado por Petkoff hasta que alcanzó aguas dominicanas. Allí los despidió.

Los veteranos cubanos no tuvieron éxito en Venezuela, ni tampoco en Bolivia. A su regreso a La Habana, los funcionarios del Departamento América achacaron el fracaso a la impericia y falta de voluntad de lucha de los venezolanos.

De regreso a casa

En realidad, el grupo fue vencido por lo inhóspito de la naturaleza, los animales salvajes, las serpientes venenosas y, sobre todo, porque los campesinos venezolanos lo que querían era irse a Caracas.

Es de imaginar la decepción de hombres oriundos de una isla donde no existen animales salvajes, mucho menos serpientes venenosas, y la vegetación de sus montañas es lo más parecido a un jardín botánico. Sin contar que durante el período que permanecieron en Venezuela ocurrió la muerte del Che Guevara, que significó, de hecho, la muerte del foco guerrillero rural.

También por esa época surgió el gobierno nacionalista de Velasco Alvarado, en Perú, que gozó del apoyo inmediato de La Habana. Pero sobre todo en Venezuela, accedía al poder el democristiano Rafael Caldera, quien inició la llamada política de "pacificación" y abrió la vía para la reincorporación a la vida democrática del PCV y el MIR. Además, inauguró la era de distensión con los países comunistas, incluida Cuba. Ante ese cuadro, Fidel Castro dio la orden a sus muchachos de regresar a casa.

Arnaldo Ochoa no se enfermó ni fue víctima de una serpiente venenosa en Venezuela. Tuvo tiempo de hacerse célebre entre los estamentos militares por sus hazañas guerreras en Etiopía, Angola y Nicaragua, lo que le valió el título de "Héroe de la República de Cuba". Luego alcanzó una celebridad mundial por el juicio que se le siguió en La Habana, la Causa No. 1, en julio de 1989, cuyo desenlace fue el fusilamiento y que causó el mayor trauma jamás sufrido por el ejército cubano. Este episodio debería hacer reflexionar a los oficiales venezolanos que todavía están en servicio.

Una de las características del castrismo es que se puede estar en el pináculo de la gloria; pero si el gobierno considera necesaria la desaparición, aparece el montaje de un juicio con el resultado preconcebido. Es una rutina que se practica desde el año 1959.

El fracaso de las guerrillas no significó un fracaso para el régimen cubano, puesto que incentivar las guerrillas correspondía a los gastos de propaganda y comunicación que esta empresa, deseosa de asentar su éxito, debía desembolsar. Como todo mito duradero, el castrismo se ha implantado alimentándose de la sangre de cubanos y latinoamericanos que se han prestado a esa, ya fastidiosa, imitación de épica.