Actualizado: 14/11/2019 12:33
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Naciones Unidas

Parapetados en la retórica

La Habana vuelve a la palabrería en un Consejo de Derechos Humanos que sigue sin fijar sus normas de funcionamiento.

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El ministro de Relaciones Exteriores cubano, Felipe Pérez Roque, ha empleado el recurso de la propaganda del Movimiento No Alineados, que preside Cuba, y un rosario de críticas contra Estados Unidos para desviar la atención de la delicada situación de violaciones a los derechos fundamentales en la Isla.

La intervención de Pérez Roque en el cuarto período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la ONU estuvo marcada por esas dos premisas. Concentrarse en su papel de promotor de las decisiones adoptadas en septiembre de 2006 por la Cumbre del NOAL en La Habana y mantener la confrontación frente a Washington en este nuevo órgano, en el cual Estados Unidos tiene derecho a voz pero no forma parte de este.

Tras su actuación en la rueda de prensa en París, el titular cubano hizo un paseo rápido por el escenario del Consejo, heredero de una Comisión que condenó al régimen de La Habana en reiteradas ocasiones durante más de 10 años y que aún lo mantiene sometido a seguimiento.

En Ginebra, Pérez Roque dijo que su gobierno "está comprometido, ahora y siempre, con la cooperación internacional y el diálogo genuino en materia de derechos humanos", así como con la "legitimidad y la credibilidad del Consejo que estamos construyendo", agregó.

El canciller no sólo ha cuestionado "la disposición real de los países industrializados, aliados de Estados Unidos", para esta nueva etapa del órgano, sino que pasó al ataque en cuanto a un eventual riesgo de "ser sumido en el descrédito de la politización". Un elemento introducido precisamente este martes por La Habana —con sus ataques— en los debates del segmento de alto nivel con que el Consejo debía iniciar sus trabajos.

Sudán en la mirilla de todos, menos de NOAL

Vale recordar que esta primera semana, el CDH, con la presencia de casi un centenar de estadistas, primeros ministros y cancilleres, debía estar concentrado en la gravísima situación que desangra a Sudán desde hace cuatro años, analizar a fondo el informe de la misión especial que envió al terreno la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Louis Arbour, y del cual Pérez Roque no hizo la más mínima referencia.

Esa misión, dirigida por el Premio Nobel de la Paz 1999, el profesor norteamericano Jody Williams, ha acusado al gobierno de Sudán (país que integra el Movimiento No Alineados) de haber organizado y participado en "crímenes de guerra" y de practicar una "violenta campaña contra la insurgencia".

Algunos observadores comentaron que la consabida crítica del doble rasero y de la falta de voluntad política con que La Habana mide la actuación de terceros países, no se aplica de la misma manera hacia sus allegados del NOAL.

El criterio esgrimido por el titular cubano es que no aceptarían ni la manipulación política ni los dobles raseros, que, según sus palabras, intentan convertir este nuevo órgano en un "tribunal inquisidor contra los países del Sur y asegurar las atrocidades perpetradas fuera de sus fronteras por potencias con pretensiones imperiales".

Y es que una de las cuestiones de mayor controversia para la conformación institucional del Consejo radica, justamente, en las estructuras temáticas o de países. Estas son, a fin de cuentas, pilares de la desaparecida Comisión de Derechos Humanos. Al parecer, hay muchos miembros que aún le conceden importancia.

Más aún, La Habana ha dicho que Washington intenta dilatar el proceso concedido por la Asamblea General (un año) para la institucionalización del Consejo, con vistas a obtener un cambio más favorable entre sus 47 miembros. Este año, por ejemplo, tendrían que abandonar el Consejo países bien allegados a Cuba, como Sudáfrica, Argelia, Ecuador y Argentina.

El jefe de la diplomacia cubana, al reclamar la continuidad del mandato de la relatoría sobre torturas, estableció un relación entre la necesidad de esa relatoría y "la existencia de centros internacionales de tortura, como el establecido en la norteamericana base naval de Guantánamo, en territorio cubano, y la realización de vuelos secretos y traslado de personas a través de toda Europa y torturas en cárceles clandestinas".

Problemas serios y lugares comunes

En la versión oficial impresa del discurso del ministro Pérez Roque, distribuida en el ámbito del Consejo, el titular critica a "unas pocas transnacionales que monopolizan el control de los flujos de información" y refiere que "más de mil periodistas fueron asesinados en el último decenio", para avalar un retórico: "¿cómo podríamos deshacernos entonces del mandato del relator especial sobre la libertad de opinión y de expresión?".

Desde luego, ese mandato sería, según la tradicional concepción del régimen, aplicable fuera de sus fronteras. Porque mucho podría dudarse de que Castro permitiera la entrada al país de ese relator para conocer la situación de los prisioneros de conciencia, entre ellos 24 periodistas independientes.

En síntesis, el discurso de Pérez Roque no trajo aportes nuevos a la archiconocida posición de La Habana, siempre llena de exaltación de sus proclamadas virtudes, y con lugares comunes como "confrontación, hegemonía, trinchera de las ideas, símbolo…".

Varias delegaciones han dejado entrever la necesidad de una quinta sesión del Consejo, toda vez que, nueve meses después de instalado el nuevo órgano, aún no ha logrado un acuerdo, ni siquiera un consenso en cuanto a cómo van a regirse sus estructuras. La perspectiva de llevar a la práctica un "examen periódico universal" ha suscitado diversidad de posiciones.

La polémica sigue girando en torno a la total desactivación o el mantenimiento de los antiguos procedimientos, especialmente los referidos a mandatos por países. Por citar un ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores de Suecia, Carl Bildt, ha expresado en la apertura que "es necesario garantizar la preservación y el reforzamiento del sistema especial de procedimientos. El mandato específico por países (o sea, los relatores por países) se han probado como indispensables a los 'ojos y oídos' de la comunidad internacional".

Bildt estima que desafortunadamente "hay problemas serios que merecen especial atención, como las situaciones en Myanmar, Corea del Norte, Bielorrusia, Cuba, Uzbekistán e Irán.

Por su parte, en su primera actuación ante el Consejo, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores de España, Bernardino León, se sumó a la preocupación de que el órgano pueda abordar cuestiones sustantivas, tanto geográficas como temáticas, en el ámbito de un diálogo interactivo con la Alta Comisionada y los Procedimientos Especiales.