Actualizado: 12/08/2022 22:46
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EE UU - América Latina

Política y compasión

Después del Katrina: Latinoamérica y Estados Unidos ante una nueva oportunidad.

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El más prometedor de estos casos es México, pues los esfuerzos para restablecer las relaciones van en progreso. Las agradecidas palabras del gobierno de Bush —"nuestro vecino y buen amigo", "su generosa ayuda", "buena para nuestras relaciones"—, indican su tono conciliador. Por otra parte, no hay exageración en el simbolismo de un convoy militar mexicano cruzando la frontera del Río Grande y Texas, ni en el sutil alivio que esto puede reportar al magullado nacionalismo mexicano. Esperemos que el Departamento de Estado de EE UU y el Ministerio de Asuntos Exteriores de México aprovechen la oportunidad.

Venezuela es como una cuesta empinada, pero no imposible de subir. El gobierno de Bush ha aceptado el ofrecimiento de ayuda humanitaria de Chávez, aun si ésta es una estratagema política. Aceptar su ayuda valdrá la pena sólo si hay un verdadero sentido de compromiso mutuo para mejorar las relaciones de ambos países. Tal como a su barbudo mentor, a Chávez le viene como anillo al dedo cualquier confrontación con el "imperialismo yanqui". Al mismo tiempo, la política actual del gobierno de EE UU va a encontrarse en un callejón sin salida hasta tanto Chávez no decida saltarse la línea fronteriza en Colombia o en cualquier otro lugar.

Los latinoamericanos no comparten las preocupaciones del gobierno de Bush. Justamente cuando Caracas está rebosante de petrodólares, las llamadas de alarma estadounidenses llegan a oídos sordos. ¿Puede el Departamento de Estado cambiar su actitud para lograr un acuerdo con los gobiernos democráticos de la región? La paciencia es una virtud que, junto con las pruebas de los chanchullos de Chávez, puede servir muy bien a Estados Unidos.

Un caso perdido

Cuba es un caso perdido, al igual que la política estadounidense para con ésta. Estamos atrapados en una cámara blindada, y no escuchamos al que piense en una solución fuera de ella. Observen lo que le pasó al senador Mel Martínez cuando —en comedidas palabras— le dio la bienvenida a la oferta de Castro de mandar 1.586 médicos. ¿Qué hubiera sucedido si el gobierno hubiera aceptado el engaño? ÀQué hubiera pasado si los médicos hubieran venido? ¿Y si algunos o la mayoría de ellos hubieran pedido asilo político aquí? ¿O qué hubiera pasado si hubieran regresado todos a la Isla con una impresión de Estados Unidos de primera mano?

Cada vez que Washington responde a Castro de una manera predecible, este último es quien gana. Es tan simple como eso, pero estamos en una trampa y rechazamos cualquier solución para salir de ésta.

Las postrimerías del Katrina le ofrecen a Latinoamérica y a Estados Unidos una oportunidad que no debe ser desperdiciada. Sin embargo, me temo que la ocasión pasará desapercibida. Es evidente que Latinoamérica no es una prioridad para EE UU, lo cual es tanto una responsabilidad de la región como del gobierno de Bush.

Si la economía de los países latinoamericanos fuera más parecida a la de Europa central, India o China, la historia sería bien diferente.


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