Actualizado: 13/12/2019 11:14
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Francia

Un tercer actor busca el primer lugar

El panorama electoral francés ha operado un cambio radical con la candidatura del centrista François Bayrou.

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La orientación que ha tomado la campaña electoral francesa con la aparición de un tercer actor en la disputa por el primer lugar a Ségolène Royal y Nicolas Sarkozy, ha operado un cambio radical en el panorama electoral francés.

La candidatura del centrista François Bayrou ha sido la gran sorpresa de esta campaña. Aunque al menos temporalmente ha perdido terreno en los sondeos, su postura híbrida, que pretende personificar la síntesis entre izquierda y derecha, ha puesto a los hasta ahora candidatos favoritos ante la disyuntiva de diversificar su combate entre dos contrincantes. Nada fácil, pues significa demostrar una mayor radicalidad de Sarkozy hacia Royal, y viceversa. Al mismo tiempo, ambos deberán neutralizar la postura centrista que defiende Bayrou.

La postura de este último abre la posibilidad de expresar esa marcada tendencia de los franceses para evitar cambios que puedan generar virajes bruscos. No por los cambios en sí, sino por sus consecuencias. Bayrou representa el lado conservador del alma francesa. De hecho, el programa de los tres candidatos no reviste divergencias profundas: son demócratas convencidos y la democracia francesa no tiene nada que temer de ninguno.

El propósito de François Bayrou es dividir el electorado que normalmente vota por el Partido Socialista (PS). En particular, personal de la educación nacional y funcionarios del Estado: unos, temerosos de que los proyectos de reforma de la candidata socialista les haga perder ciertos privilegios adquiridos, y otros porque la consideran poco apta para asumir la primera magistratura.

Declaraciones torpes de Ségolène Royal en China y Líbano, ciertos errores en la conducción de la campaña por parte del Partido Socialista, seguramente la mala voluntad de los candidatos descartados por ella y, sobre todo, la preferencia por Sarkozy de ciertos medios muy influyentes, obraron para que la candidatura de Royal pareciera estancada, tras el despegue inicial que la daba favorita. Ahora ha vuelto a acortar distancias, aunque los sondeos siguen colocando a Sarkozy por delante.

Por el lado de la derecha, el propósito de Bayrou es atraer los votos de los más conservadores y el sector más radical, representado por Jean Marie Le Pen, con un quince por ciento del electorado, lo que puede definir una elección.

Un argumento de peso para obtener los favores de este sector, y quién sabe si lograr un acuerdo con el Frente Nacional, es el propósito de Bayrou de formar un gran partido de centro e instaurar el sistema de la representación proporcional, lo que permitiría al Frente Nacional contar con representantes en el Parlamento. Hasta ahora le era imposible, debido a la estructura del sistema electoral francés, diseñada para evitar la representatividad del Frente Nacional.

Por último, en una Francia considerada por Roma en siglos pasados "hija predilecta de la Iglesia", ante el reto de abrigar hoy en su suelo el Islam como segunda religión, la pertenencia de Bayrou a la corriente socialcristiana significa una ventaja más en su haber.


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