Actualizado: 21/08/2019 5:32
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México

Una carrera con tres contendientes

López Obrador, Calderón y Madrazo en la lidia por Los Pinos.

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El próximo 2 de julio, los mexicanos elegirán a su nuevo presidente. Si las elecciones se celebraran hoy, Andrés Manuel López Obrador ganaría la entrada a Los Pinos —el palacio de gobierno mexicano— junto a su Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Felipe Calderón Hinojosa, del Partido Acción Nacional (PAN), quien derrotó al candidato del presidente Vicente Fox en las elecciones primarias del PAN, quedaría en segundo lugar. Roberto Madrazo Pintado, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ocuparía un lugar más rezagado. Pero cinco meses son todavía demasiado tiempo para pronosticar un revés o un final reñido.

López Obrador ha llevado la ventaja en las urnas. Como alcalde de Ciudad de México, ha causado gran sensación con sus programas sociales, sus proyectos para activar la construcción de edificaciones y sus conferencias de prensa diarias, a las 6:30 de la mañana. Aunque en ocasiones ha sobrepasado el punto crítico del 40 por ciento, el más alto en la preferencia de los votantes, López Obrador se ha mantenido cercano al 35 por ciento. Su éxito estriba en que tiene mucho gancho para hacerse escuchar por el mexicano medio y en la agudeza de sus discursos.

En caso de salir elegido, estaría por ver si puede satisfacer las expectativas creadas, de una plataforma que clama por la otra vez fracasada política del proteccionismo y la injerencia del Estado.

No obstante, su candidatura ha apelado a las frustraciones de muchísimos mexicanos que no han visto mejorías palpables en su estándar de vida, aun cuando se ha alcanzado la estabilidad macroeconómica. Si López Obrador llegara a ganar, será en buena medida gracias a ellos.

El PAN como opción

Calderón, de 43 años, es una cara más joven y nueva en la política. Ostenta a su favor el haberse saltado la rígida escala de rangos dentro del PAN, contra los designios de su directiva. Su inesperada y meteórica ascensión catapultó al PAN directamente a un segundo lugar.

Cerca de un 20 por ciento de sus conciudadanos no lo conoce aún, sin embargo, virtualmente, todos conocen a sus oponentes. Por ello, Calderón tiene muchas probabilidades de aumentar el número de votantes, además de sobrepasar limpiamente a López Obrador y Madrazo en cuanto a competencia técnica.

Que posea la habilidad política para ganar los corazones y mentes de los desposeídos, o reunir un verdadero gobierno de coalición —tal como sabiamente ha prometido si llega a ser elegido—, es harina de otro costal. En qué medida la gestión del PAN lastrará sus esfuerzos —que parece ser muy probable— es otra pregunta aún sin respuesta.

Calderón puede persuadir muy fácilmente a los jóvenes mexicanos que aspiran a formar parte de la clase media, de que es el político indicado para que eso sea realidad. Pero también podría no lograr los progresos esperados, si los jóvenes perciben que sigue muy de cerca la política poco convencional del PAN en lo que respecta a los valores morales.

Ave Fénix

Madrazo es quien está más ocupado de los tres. El PRI continúa siendo el partido político mayor y mejor organizado en México, aunque no fueron pocos los que pensaron que se debilitaría tras perder Los Pinos, en el año 2000. El PRI ha sorprendido a todos al resurgir de sus cenizas y ganar más elecciones que el PAN, durante los seis años de presidencia de Fox.

Madrazo presidió este resurgimiento, un testimonio de su dominio de la política del día a día, en la mejor —y también en la peor— tradición del PRI. De esa manera edificó su candidatura.

Cuando ganaba ímpetu su principal oponente en las primarias, Madrazo se le adelantó antes que los votantes pudieran registrar sus preferencias. La encarnizada disputa entre Madrazo y Elba Esther Gordillo, la poderosa líder del sindicato de educadores, llegó al extremo de confrontaciones impropias que condujeron a la renuncia de varias personalidades priístas.

Madrazo ganó la nominación, pero a expensas de recordarle a los mexicanos el porqué ellos votaron contra el PRI en 2000. Más del 40 por ciento de los votantes ha dicho que bajo ninguna circunstancia votaría jamás por él.


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