Actualizado: 21/09/2020 14:29
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Brasil

Una tragedia anunciada

Las consecuencias del accidente de un Airbus 320 de la Compañía TAM podrían llegar hasta la cúpula del poder político.

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Diez meses después que un avión de la compañía aérea Gol cayera en la selva amazónica tras chocar en el aire con un jet privado y matar a 154 personas, ha ocurrido otro desastre en la aviación comercial de Brasil.

Esta vez, se ha estrellado un Airbus 320 de la TAM provocando la muerte de 186 personas, entre pasajeros y tripulantes, además de otras 14 en tierra, según anunció el gobernador del Estado de São Paulo, José Serra, y al menos 19 heridos, de acuerdo con reportes de la Policía. El incidente, considerado ya el mayor desastre en la historia de la aeronáutica de Brasil, es, sin embargo, una tragedia anunciada.

Desde hace meses los ciudadanos del país se preguntaban si era necesario un accidente de estas dimensiones para que el gobierno tomara cuenta de una crisis que dura casi un año y, al parecer, se extenderá por tiempo indefinido.

En una encuesta divulgada por el canal de televisión SBT, 8 de cada diez brasileños consideran que lo ocurrido este martes es un reflejo claro de las dimensiones de un conflicto real.

Antecedentes

Desde hace meses, la pista del Aeropuerto de Congonhas, en São Paulo, la terminal de mayor tráfico aéreo en América Latina, viene recibiendo críticas de pilotos y especialistas de la aeronáutica sobre la falta de seguridad y las deficientes condiciones para los aterrizajes y despegues cuando la lluvia cae en la ciudad.

En estos últimos diez meses, varios accidentes anteriores, de menor grado y consecuencias, involucraron a diversas empresas y modelos de aeronaves en el que también es considerado el aeropuerto más antiguo del país.

La situación llegó a ser tan crítica, que los directivos de la Infraero (Empresa estatal de la aviación civil) decidieron cerrar la pista principal de la instalación para realizar profundas reformas por falta de seguridad. No obstante, las obras duraron sólo un mes y aunque no se terminaron, los especialistas de la citada empresa aseguraron que daban garantías para la apertura exitosa de la misma.

Pero la realidad es obvia: ni los 20 millones de reales que se utilizaron en las mencionadas transformaciones han podido evitar el desastre y ahora un gran proceso de investigación determinará de quién ha sido la culpa.

De hecho, el presidente de Brasil, Lula da Silva, ya ordenó abrir una investigación para esclarecer si el aeropuerto cumplía las condiciones de seguridad y determinar la responsabilidad de los organismos públicos.

Aunque la pista de Congonhas parece erigirse como la gran culpable de lo acontecido, fenómenos y acontecimientos muchos más delicados son la causa directa de lo vivido en las últimas horas en Brasil.

Negligencias en el funcionamiento de las diversas compañías aéreas, denuncias de corrupción que involucran a directivos de la Infraero y la ANAC (Agencia Nacional de Aviación Civil) en desvíos de millonarios recursos estatales, huelgas casi permanentes de los controladores del tráfico aéreo por negativas a trabajar con una tecnología frágil y atrasada e incompatible con los estándares internacionales, han matizado el acontecer noticioso del país en los últimos meses.


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