Actualizado: 18/10/2017 20:02
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Ataque, Venezuela, Militares

Fallida asonada militar aumenta el caos en Venezuela

Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional: “Las fuerzas armadas son el espejo de un país que quiere un cambio”

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El cerco contra el Gobierno de Nicolás Maduro se estrecha. En Naguahagua, junto a la ciudad de Valencia, a unos 200 kilómetros de Caracas, se registró un intento de asonada militar que fue abortado de madrugada y concluyó prácticamente antes de empezar. La “operación David de Carabobo” sacudió a Venezuela. El capitán Juan Carlos Caguaripano, con orden de busca y captura desde 2014, asaltó con una veintena de hombres el emblemático cuartel Fuerte Paramacay. Desde allí transmitió un vídeo en el que anunciaba: “No es un golpe de Estado, es una acción cívica y militar para restablecer el orden constitucional”. E instaba al pueblo a unirse a la sublevación y acudir a los cuarteles para “salvar al país de la destrucción total”, informa ABC.

Acto seguido, añadió que es necesario “detener los asesinatos de nuestros jóvenes” y se sometió a la autoridad de la Asamblea Nacional, elegida en las urnas y controlada por la oposición. La rebelión de los militares se produjo al día siguiente de la instalación de la Asamblea Constituyente, repudiada por la mayoría del pueblo venezolano y no reconocida por Estados Unidos, la Unión Europea y buena parte de los países de Latinoamérica, agrega en su información para el diario español Carmen De Carlos, enviada especial a Caracas.

Las palabras del capitán Caguaripano tuvieron eco en la población de Valencia que, de madrugada, se arrojó a las calles en dirección a diferentes instalaciones militares. También en Caracas y otras ciudades se registraron esporádicas manifestaciones contra el régimen que fueron duramente reprimidas.

Valencia está bajo control chavista y el gobernador Francisco Ameliach sofocó la revuelta, según testimonio de Diosdado Cabello, sin cargo oficial en el Gobierno pero con mucho poder en la sombra.

Cabello habló antes de que lo hiciera el ministro de Defensa e incluso antes que el presidente Maduro, quien esperó varias horas antes de afirmar que se había aplatado “un ataque terrorista”. Cabello confirmó que se había restablecido el orden y anunció “el despliegue de tropas” para “garantizar la seguridad interna”. Dicho de otro modo, se puso en marcha un dispositivo de alerta frente a un efecto contagio en las Fuerzas Armadas.

Cabello, en su peculiar jerga, responsabilizó de la asonada a Estados Unidos y a la oposición venezolana. Aseguró que lo ocurrido fue un ataque “terrorista, paramilitar, mercenario pagado por la derecha y sus colaboradores, pagado por el imperio norteamericano”.

Oposición y chavismo disidente

El acontecimiento del día sirvió en bandeja a Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, la solicitud de una aclaración al Gobierno: “Deberían tener una profunda reflexión —dijo—. Queremos saber la verdad, que no vengan con cuentos chinos ni cacerías de brujas”, anticipándose así a cualquier eventual explicación oficial que acusara directamente a la oposición de la frustrada asonada. Borges advirtió de que la sublevación, aunque la encabezará, un capitán proscrito, significa algo determinante: “Las fuerzas armadas son el espejo de un país que quiere un cambio”.

Con ese ruido de sables de telón de fondo, la oposición dio el domingo un paso adelante al formar un frente común con el chavismo disidente. La figura estelar del acto, en el que participaron los principales líderes de la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD), fue Luisa Ortega, la fiscal general destituida la víspera en el primer acto de la Asamblea Nacional Constituyente que únicamente reconoce el chavismo en Venezuela y sus aliados habituales en el exterior (Cuba, Bolivia, China y Rusia).

Ortega no reconoció su destitución por la Constituyente por considerarla ilegítima, denunció el acoso y derribó al que está sometida y las múltiples irregularidades cometidas en la elección de esa Asamblea con la que Maduro quiere garantizarse su perpetuidad en el poder. “Veinticinco instituciones del país obligaron a sus trabajadores a votar (la Constituyente). Entre ellas el poder judicial”, lamentó. “Quieren hacernos creer que esa Constituyente es igual a la otra de Hugo Chávez”, pero eso “es insultar la inteligencia de los venezolanos”, remachó.

Enérgica y sin flaquear, la mujer que decidió la prisión de Leopoldo López, renegó del chavismo que encarna Maduro: “Pensé que tenían principios, ética y valores, pero no fue así”. “No puede ser que la primera decisión de esa Asamblea —añadió— fuera remover de manera ilegítima a la fiscal general”, denunció. Ortega cerró así filas con Julio Borges, presidente de la Asamblea democrática, con Henrique Capriles, excandidato presidencial, y el resto de los oradores de la oposición. “Debemos pensar y trabajar unidos. Es necesario e imperativo. Nuestro único objetivo es la democracia”.

Armas y fuga

Al menos un hombre murió y otro resultó gravemente herido durante el asalto al cuartel del que partió la sublevación. Asimismo, fueron detenidos ocho de los veinte sublevados, entre ellos tres oficiales de tropa de bajo rango, un sargento de la reserva de paracaidistas, un teniente que desertó hace tres meses de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y un miembro de la Milicia (civiles armados), según Efe. También habrían sido detenidos cinco civiles.

Por su parte, y de acuerdo a fuentes militares, Caguaripano logró convencer a una parte de la tropa para vaciar el depósito de armas y tomar algunas zonas de la instalación militar. En los alrededores se escuchaban ráfagas de disparos, mientras las fuerzas leales a Maduro instaban a los rebeldes, por megáfono, a que depusieran las armas, de acuerdo al periódico español El País.

Horas después del ataque, en su cuenta de Twitter, Caguaripano aseguró: “Los objetivos fueron logrados satisfactoriamente en coalición con diferentes compañeros de las fuerzas armadas”. En otro tuit aseguró que habían sustraído “todas las armas del fuerte Paramacay”. Esa instalación militar es la sede de la 41 brigada blindada del Ejército, que tiene el mayor poder de fuego militar. El control de esa fortaleza es vital para el Gobierno. Un opositor que se manifestaba cerca del cuartel en favor de los atacantes murió por impacto de bala de las fuerzas de seguridad, según el opositor Henrique Capriles.

El régimen hizo a continuación una demostración de fuerza y apego a Maduro. El comandante general del Ejército, Jesús Suárez Chourio, apareció fuertemente armado en un vídeo y rodeado por otro grupo de oficiales. Siguiendo la versión oficial, Suárez Chourio aseguró que habían sido objeto “de un ataque mercenario contra la paz”. “Recuerden que la patria quiere estar en paz; recuerden que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana es la patria también y le ha mantenido en paz a esta Venezuela heroica que se manifestó este 30 de julio con el voto soberano eligiendo su Asamblea Nacional Constituyente”.

Militares y represión

La sangrienta y dosificada represión en las calles, durante los cuatro meses de protestas ininterrumpidas, está liderada por la policía militarizada del régimen —la Guardia Nacional Bolivariana— y por colectivos de matones, no por el Ejército. El presidente Maduro sabe que la clave de su supervivencia en el poder reside en las Fuerzas Armadas. Y las cuida con esmero desde el primer día para evitar que puedan derribarle con un golpe; o, si lo dan, que sea una chispa de artificio sin resultado, de acuerdo a un artículo de Francisco de Andrés en el diario español ABC.

El chavismo mantiene una relación estrecha con el ejército venezolano desde sus mismos orígenes. Hugo Chávez fue, al fin y al cabo, un militar gallito con carisma popular, autor de un fallido golpe contra la democracia en 1992, seis años antes de ser elegido en las urnas. Nicolás Maduro, su sucesor, es, en cambio, un conductor de autobuses con una trayectoria de lucha sindical, que sabe desde el primer momento cómo contentar y tener bajo control a la jerarquía militar venezolana.

De entrada, el generalato es un universo y un galimatías para sus propios miembros, lo que dificulta las conspiraciones cuartelarias al más alto nivel. El año pasado, Nicolás Maduro promocionó a ese rango en un solo día a 195 oficiales. Se calcula que Venezuela tiene en estos momentos unos 2.000 generales. Estados Unidos se las arregla con alrededor de 900.

La jerarquía de las Fuerzas Armadas venezolanas goza de unas prebendas oficiales inéditas en ningún otro país del globo. Militares o exmilitares ocupan 11 de los 32 ministerios, encabezan 11 de los 23 gobiernos estatales, dirigen la importación y la distribución de la comida, y tienen una participación en el control de las fronteras, las rutas y los puertos. Los generales tienen acceso a los dólares, al ridículo cambio oficial con los bolívares, y los servicios de inteligencia extranjeros tienen bien documentada su relación con el narcotráfico. Son demasiadas ventajas como para soñar en una aventura golpista bien elaborada... mientras el régimen chavista no trate de implicarles de modo directo en la represión sangrienta del pueblo.

La oposición democrática no cuenta, por supuesto, para sus cálculos con el golpismo, el endémico mal latinoamericano, pero sí pide a las Fuerzar Armadas venezolanas que se impliquen de algún modo en la presión al régimen. Está, además, el descontento de la tropa. Como manifestó a ABC el dirigente opositor Henrique Capriles, los soldados venezolanos cobran poco más que el ridículo salario básico del país, mientras son conscientes del tren de vida de sus mandos, especialmente a partir de cierto rango. El patriotismo y el creciente desafecto interno en las Fuerzas Armadas es y seguirá siendo una fuente de inquietud para el régimen de Nicolás Maduro.

En abril pasado, tres tenientes coroneles colgaron en YouTube un vídeo en el que criticaban a Maduro y pedían al Ejército ponerse “en el lado correcto de la Historia”. Raúl Baduel, ex comandante de las Fuerzas Armadas y exministro de Defensa, y actualmente en libertad condicional —como Leopoldo López y Antonio Ledezma— es para muchos un icono de la disidencia interna en el Ejército. Un vídeo suyo en el que se refiere a los “sinvergüenzas y criminales” que dan órdenes, ha sido viral entre las tropas.


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