Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Revueltas, Libia

La revuelta libia llega a Trípoli

La aviación de Gadafi bombardea la ciudad, de acuerdo a residentes y activistas políticos

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El líder libio Muamar el Gadafi libraba el lunes una batalla cada vez más sangrienta para aferrarse al poder, cuando las protestas antigubernamentales contra su mandato de 41 años llegaron a la capital, Trípoli, tras de días de violencia en el este del país.

Residentes de la capital informaron de tiroteos en zonas de Trípoli y un activista político dijo que aviones militares libios habían bombardeado la ciudad.

Decenas de personas han muerto en todo el país a manos de las tropas leales a Gadafi, según grupos de derechos humanos y testigos, provocando amplias condenas de gobiernos extranjeros.

No fue posible confirmar inmediatamente los reportes de forma independiente y las comunicaciones con Libia desde el exterior eran difíciles.

Sin embargo, en las últimas horas comenzó a crecer la sensación de que la supervivencia de un líder que ha dominado el escenario mundial durante décadas y que controla amplias reservas de petróleo corre un peligro cada vez mayor.

“Lo que estamos presenciando hoy es inimaginable. Aviones de guerra y helicópteros están bombardeando indiscriminadamente un área tras otra. Hay muchos, muchos muertos”, dijo Adel Mohamed Saleh en una transmisión en directo en el canal de televisión Al Jazira.

“A cualquiera que se mueva, incluso si está dentro de su coche, le dispararán”, añadió.

Otros residentes de la ciudad, incluyendo a un reportero de Reuters, dijeron no haber oído bombardeos aéreos.

“No he oído ningún disparo de aviones. No he oído aviones. Durante al día hubo algunos helicópteros volando en la zona, pero no oigo armas o disparos ni nada”, dijo el reportero de Reuters.

Los pilotos de dos cazas libios que aterrizaron en Malta dijeron haber desertado tras recibir órdenes de atacar a los manifestantes, según fuentes del Gobierno de Malta.

Al tiempo que se anunciaba en la televisión una operación contra “los terroristas”, el Ejército ha iniciado un duro ataque en algunos barrios de Trípoli. En las calles de la capital hay cadáveres tirados y se escuchan disparos de artillería pesada, según ha podido constatar EFE. Varios testigos han relatado la participación en los ataques de la aviación, que ha abierto fuego real contra la multitud. Saif el Islam el Gadafi, el hijo del líder Libio, negó en un discurso televisado que la aviación hubiese atacado zonas pobladas. Según él, bombardeó únicamente depósitos de municiones en áreas desérticas, de acuerdo a una información publicada por el diario español El País.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dice que si se confirma que se atacó a los manifestantes desde aviones y helicópteros, “constituirá una seria violación de las leyes humanitarias” y serán “condenadas de la forma más enérgica”. Ban reitera el cese de la violencia.

Aunque la impermeabilidad informativa del régimen libio impide confirmar de manera independiente las informaciones sobre los bombardeos aéreos, el Comité libio para la Verdad y la Justicia, una ONG con sede en Suiza, ha asegurado que tenía informes provenientes de Libia en el mismo sentido e Italia ha puesto sus bases aéreas en alerta máxima.

Varias empresas y países (EEUU, entre otros) han anunciado la evacuación del personal no esencial. El Ministerio de Exteriores español urge a abandonar el país y desaconseja todo viaje a la república árabe.

Un analista de la consultora de Londres Control Risks señaló que el uso de la fuerza aérea contra su propia gente indica que el fin se acerca para Gadafi.

“Estos parecen ser de verdad los últimos actos desesperados. Si estás bombardeando tu propia capital, es muy difícil decir cómo puedes sobrevivir”, señaló Julien Barnes Dacey, analista de Oriente Próximo en Control Risks.

Las manifestaciones se han extendido a la capital después de que varias ciudades en el este, incluyendo Bengasi, parecieran caer en manos de la oposición, según residentes.

Human Rights Watch dijo que al menos 233 personas han muerto en cinco días de violencia, pero grupos opositores dicen que la cifra es mucho más alta.

Una coalición de líderes musulmanes libios indicó a todos los musulmanes que era su obligación rebelarse contra los dirigentes del país por sus “sangrientos crímenes contra la humanidad”.

Mientras, la crisis social que vive Libia cala por momentos en el aparato político del cerrado régimen. El ministro de Justicia, Mustafá Abul Jalil, ha anunciado esta tarde su dimisión por su desacuerdo con la represión de los manifestantes. Aunque no se ha confirmado de manera oficial, el diario Quryna —que pertenece a un grupo mediático propiedad de Saif el Islam, uno de los hijos del dictador— ha sacado en su edición digital la noticia. Aseguran que sus periodistas se han puesto en contacto telefónico con el Ministro de Justicia y que este les ha explicado su renuncia “para protestar por el uso excesivo de la fuerza”, según recogen varias agencias de información.

No ha sido la única dimisión. El Ministro de Estado responsable de Emigración ha anunciado en Boston (EEUU), donde se encuentra de viaje, que deja el cargo. Ali Errichi ha pedido además a Gadafi que abandone el poder y, en declaraciones a Al Yazira, ha solicitado a los diplomáticos libios que sigan su ejemplo y renuncien. Según la televisión catarí, un número indeterminado de personal consular libio ha secundado su propuesta. Los más estridentes han sido los miembros de la misión libia ante la ONU, quienes han anunciado mediante su portavoz que su lealtad está “con el pueblo libio y con nadie más” y han condenado “el genocidio que se ha puesto en marcha”.

Las amenazas contra la población, vertidas por el hijo de Gadafi, Saif el Islam, en un mensaje televisado, en el que advertía del riesgo de una guerra civil si continuaban las protestas, no han aplacado la ira de los manifestantes que reclaman reformas democráticas en el país árabe.

Varias agencias informan de que algunos edificios gubernamentales de la capital libia han sido pasto de las llamas esta mañana y que las sedes de la televisión y la radio públicas han sido saqueadas y quemadas por una turbamulta enfurecida esta pasada madrugada. “La Casa del Pueblo (Parlamento) está en llamas; los bomberos tratan de apagar el fuego”, ha explicado un testigo citado por Reuters. Al Yazira informa de que la sede central del Gobierno libio y el edificio que alberga el Ministerio de Justicia en Trípoli también han sido incendiados. Mientras, las fuerzas del orden se retiraban prácticamente de las calles de la capital, según relata Reuters, que asegura que una comisaría de un barrio del este de la ciudad ha sido asaltada y calcinada.

Gadafi en un coche cerca de su casa, en una imagen tomada de la televisión libiaFoto

Gadafi en un coche cerca de su casa, en una imagen tomada de la televisión libia.

En Bengasi, las principales arterias de la ciudad están bajo control de los manifestantes según el relato de testigos locales citados por Reuters. Cuentan con el apoyo de algunos militares, según esas mismas fuentes. Un diplomático libio ha asegurado a Al Yazira que algunos “oficiales” han retirado su apoyo a Gadafi y se han puesto de parte del pueblo. Según la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), que agrupa a 164 organizaciones y tiene su sede en París, esta situación se ha extendido a otras localidades menores. Testimonios procedentes de los disidentes de Bengasi aseguran que los manifestantes también han tomado tanques y grandes cantidades de armas y municiones del Ejército según reconoció a su modo el hijo de Gadafi en el discurso. “Los criminales circulan incluso a bordo de blindados”, dijo.

Mientras la revuelta en las calles cobra vigor, las críticas contra la represión ejercida por el régimen van en aumento. Mohamed Bayou, que hasta hace un mes ejercía de portavoz del Gobierno, ha dicho que el empleo de la violencia para frenar la revuelta es una decisión equivocada. En un comunicado que pone de relieve las primeras divergencias dentro de la élite gobernante en Libia (previo a la dimisión del Ministro de Justicia), Bayou ha reclamado a Saif el Islam Gadafi que abra un diálogo con la oposición. “Espero que cambie su discurso y reconozca la existencia de una oposición interna. Que abra un diálogo con ellos para lograr cambios en el sistema libio”, ha explicado este ex responsable.

Al discurso del hijo de Gadafi le siguieron el domingo por la noche tiros y muestras de descontento en Trípoli. La cadena BBC cita testigos en Trípoli que relatan duros enfrentamientos esta madrugada entre manifestantes antigubernamentales y simpatizantes del dictador. Las organizaciones de derechos humanos Human Rights Watch y Amnistía Internacional están actuando de portavoz de lo que ocurre en el país, bajo un régimen dictatorial desde hace 42 años. HRW maneja la única cifra con cierta vitola de oficialidad: 233 muertos y un millar de heridos. Pero la cifra podría ser más alta. Fuentes de un hospital de Bengasi han asegurado a Reuters que, solo en ese centro sanitario, son más de 300 los fallecidos y la FIDH ha dicho que la cifra de muertos se sitúa entre los 300 y los 400, siempre de acuerdo con la información del diario español El País.

Una revuelta contra Gadafi parecía imposible hace unos días. Más aún que esta alcanzara Trípoli, el feudo absoluto del General. Sin embargo, se extiende la impresión de que los jóvenes han comenzado a perder el miedo al régimen y han salido a la calle.

Algunos analistas se han hecho eco de la advertencia de que Libia se dirige hacia una guerra civil, de acuerdo a las agencias cablegráficas.

“Libia es el candidato más factible para una guerra civil debido a que el Gobierno ha perdido el control sobre parte de su propio territorio”, dijo Shadi Hamid, director de investigación en el Brookings Doha Centre en Qatar.

La producción en uno de los campos petrolíferos del país había quedado suspendida por un huelga de trabajadores y algunas compañías petroleras europeas repatriaron a sus trabajadores y suspendieron sus operaciones. La mayoría de los campos de petróleo están en el este, al sur de Bengasi, centro de las actuales protestas.

Las protestas antigubernamentales han surgido también en la localidad central de Ras Lanuf, que alberga una refinería y un complejo petroquímico, informó el lunes el periódico libio Quryna en su página web.

En una muestra de las desavenencias dentro de la élite gubernamental libia, el Ministro de Justicia dimitió en protesta por el “excesivo uso de la violencia” contra los manifestantes. En India, el embajador libio dijo haber dimitido por el mismo motivo.

Por otro lado, el Viceministro de Exteriores de Libia negó las noticias sobre que el líder Muamar el Gadafi hubiera viajado a Venezuela, como había informado el secretario británico de Exteriores, William Hague.

Por su parte, Twitter empieza a recoger el mensaje que Gadafi ha lanzado en televisión. “Estoy aquí para veáis que estoy en Libia y no en Venezuela. No creáis a las televisiones”, ha dicho desde su casa.

La televisión estatal libia mostró a partidarios de Gadafi en la Plaza Verde en el centro de Trípoli el lunes, ondeando banderas y llevando su retrato.

La rabia desatada tras cuatro décadas de mandato de Gadafi refleja los eventos en Egipto donde una revuelta popular derrocó Mubarak hace 10 días.

Bengasi, el lugar donde surgió el levantamiento, parecía estar controlada por los manifestantes tras enfrentamientos contra tropas y policía en los que murieron decenas de civiles.

Al menos nueve pueblos en el este están bajo control de manifestantes leales a grupos tribales, dijo el jefe de la Federación Internacional de Derechos Humanos en Francia.

El apoyo a Gadafi, que asumió el poder en 1969, entre las tribus del desierto de Libia también decaía. El líder de la tribu Al-Zuwayya en el este amenazó con recortar exportaciones de petróleo a menos que las autoridades detuvieran la “opresión a los manifestantes”.

El petróleo Brent subió el lunes a un máximo de 2 años y medio, a más de 105 dólares por barril, debido al temor de que los enfrentamientos en Libia interrumpan los suministros a los países occidentales.

Las bolsas europeas cayeron con fuerza el lunes por la preocupación por el suministro de energía tras los disturbios que redujeron el apetito de los inversores por el riesgo, siendo los títulos italianos los más castigados.


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