Actualizado: 24/06/2022 11:47
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Trump: ¿el arma secreta de los demócratas?

¿Estuvo Bill Clinton tras la decisión de que Donald Trump se lanzara en campaña?

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¿Es Donald Trump un agente secreto del Partido Demócrata?, se pregunta el periodista.

Anthony Zurcher de la BBC. La pregunta va más allá del simple hecho de que la campaña del magnate inmobiliario y de la industria del juego y el entretenimiento termine por beneficiar a la candidatura presidencial demócrata. Sobre este punto existen comentarios, artículo y análisis.

David R. Wheeler, escritor y profesor de periodismo en la Universidad de Tampa, que aclara que con frecuencia vota a favor de los demócratas, dice en un artículo que agradece a Trump su “arrogancia”, y sobre todo “por dañar el nombre del Partido Republicano... posiblemente más allá de su restauración durante, muy probablemente, toda la temporada electoral”.

Por su parte, The Hispanic Council va más allá del simple comentario, y detalla en un análisis como la campaña por la presidencia de Trump está beneficiando a los candidatos demócratas.

En un estudio titulado “Análisis de la campaña de Donald Trump: claves y consecuencias”, se especifican cinco claves y escenarios de la campaña de Trump que están teniendo consecuencias directas en el ciclo electoral, desde cómo los medios de comunicación informan sobre los pasos del multimillonario, hasta de qué manera su figura afecta a sus contrincantes, en el Partido Republicano y en el Demócrata.

Según el análisis de The Hispanic Council, organización dedicada a promover las relaciones entre la comunidad hispana de EEUU y España, “Trump está beneficiando al Partido Demócrata” al mostrar una imagen radical del Partido Republicano.

“Con cada discurso en el que anuncia una propuesta poco convencional, los votantes indecisos, centristas o el ala más progresista del Partido Republicano se sienten menos identificados con el partido”, afirma la organización.

“Además, está centrando el debate en cuestiones que no son las más interesantes para los ciudadanos ni para el resto de candidatos”, agregó el texto.

Asimismo, la retórica antiinmigrante de Trump, quien llegó a asegurar que los mexicanos que llegaban a Estado Unidos eran “criminales y violadores”, está aumentando la distancia entre el Partido Republicano y la comunidad hispana.

“Los hispanos son la comunidad más atacada por Trump desde que inició su campaña. Una realidad muy importante teniendo en cuenta que son una comunidad necesaria para llegar a la Casa Blanca en las próximas elecciones”, apunta el informe.

El texto de The Hispanic Council asegura que Trump “consigue la atención de todos los medios de comunicación por su estilo provocador”, y que sus apariciones televisivas se convierten en un inmediato aumento de las audiencias, por lo que el magnate “se ha convertido en el protagonista indiscutible de esta campaña.”

“Todos los programas donde ha participado hasta el momento —asegura— han logrado aumentar sus audiencias. Y su éxito sobrepasa las pantallas de la televisión, siendo el candidato con mayor número de seguidores en las principales redes sociales (más de 4,5 millones en Twitter).”

Por otra parte, el estudio considera que Trump “está logrando anular al resto de candidatos republicanos”, al erigirse como el centro de todas las miradas, y está eclipsando a sus compañeros de partido.

“Con su actitud, Trump, está obligando al Partido Republicano a repensar su futuro, para decidir si se quiere convertir en el partido antiinmigrante que Trump presenta o aprovechar el creciente aumento de la comunidad hispana en EEUU y posicionarse a su lado”, añade el texto.

Sin embargo, el artículo de Zurcher va por otro camino, y entra de lleno dentro de lo que se conoce como teorías conspirativas.

En la actualidad los líderes republicanos están celebrando reuniones secretas, emitiendo memorandos confidenciales y realizando denuncias públicas en momentos en que se acercan a un estado de pánico sobre lo que Trump pudiera estar haciéndole al republicanismo.

¿Pudiera ser Trump un doble agente, enviado por los demócratas para destruir al Partido Republicano desde dentro?

La pregunta no solo corre en susurros dentro de los pasillos del poder republicano, sino que algunos se han encargado de formularla abiertamente.

“Quizá Donald está negociando un acuerdo con su amiga Hillary Clinton”, se atrevió a decir el exgobernador Jeb Bush en su cuenta de Twitter, luego de la afirmación de Trump de que los sondeos mostraban que sus seguidores lo seguirían si él abandonaba el Partido Republicano.

“Si continúa por esa vía, ello la podría llevar [a Hillary Clinton] a la Casa Blanca”.

En el último debate de los aspirantes republicanos del pasado año Trump dijo que apoyaría a cualquier candidato electo por los republicanos, aunque no fuera él, pero pocos a estas alturas confían en las afirmaciones de Trump.

El historial político de Trump alimenta las dudas. En una época fue republicano, luego demócrata e incluso partidario del aborto, más tarde volvió al republicanismo con una fuerte agenda antiinmigrante.

La realidad es que esta última actitud de Trump de momento ha echado por tierra la estrategia republicana, enunciada por los analistas de este partido en 2013, de apelar al voto en general de una nación cada vez más diversa desde el punto de vista étnico y de nacionalidad de origen.

Precisamente una de las razones que llevó a la reelección de Barack Obama fue la incapacidad republicana en conquistar el voto latino y en general de los nacionalizados estadounidenses procedentes de otros países.

Trump no solo se ha esforzado por brindar una fuerte imagen no solo en contra de los inmigrantes indocumentados sino de desprecio hacia los latinos, especialmente los mexicanos. A ello se añade sus comentarios en contra de las mujeres. Así que quien en la actualidad es el aspirante republicano que ocupa el primer lugar en las encuestas piensa ganar las elecciones sin contar con las minorías, que cada vez más se acercan a convertirse en la mayoría dentro del país.

Muchos consideran que alcanzar un triunfo electoral de esa manera en Estados Unidos en estos momento es imposible. Y algunos dicen que Trump lo está haciendo a propósito, no para ganar sino para que los republicanos pierdan.

“¿Y si Donald Trump fuera un ‘topo’ de los demócratas, puesto dentro del Partido Republicano para descarrilarlo, se comportaría de otra manera?, se preguntaba en julio pasado uno de los comentaristas conservadores más notables, George Will. “No creo que lo haría”.

Por su parte, el representante federal republicano por la Florida, Carlos Curbelo, ha dicho que Trump “es un candidato fantasma, reclutado por la izquierda para crear todo un circo político”.

“Trump mantiene una estrecha amistad con Bill y Hillary Clinton”, agregó el legislador. “Ellos fueron a su última boda, él ha contribuido a la Fundación Clinton, a la campaña para senadora [de Hillary]. Todo esto es muy sospechoso”.

Lo cierto es que Trump ha contribuido también a muchas campañas republicanas, y que a su boda asistió toda la élite de Nueva York, de la que los Clinton forman parte.

Pero más allá de las declaraciones del exgobernador Bush, clásicas en un rival por la nominación republicana, y de las palabras del representante Curbelo, conocido partidario de Bush, hay un hecho que ha disparado las teorías conspirativas.

La “misteriosa” llamada telefónica entre Trump y Bill Clinton en mayo pasado, menos de un mes antes de que el magnate lanzara su candidatura. Los detalles de lo que conversaron se mantiene en el secreto más riguroso.

“Clinton alentó los esfuerzos de Trump para desempeñar un papel más determinante en el Partido Republicano y le ofreció sus puntos de vista sobre el panorama político”, escribió entonces The Washington Post.

El comentarista conservador Brian Cates va más allá: “Trump no se lanzó a la campaña por la nominación presidencial por su profundo amor a Estados Unidos, ni por ser un republicano ni por sus preocupaciones sobre el conservadurismo”, escribió. “Trump se lanzó a la campaña porque Bill Clinton lo instó a que lo hiciera”, añade.

Noah Rothman, de la revista Commentary, señala que hay un patrón definido, por Parte de Trump, de hacer las declaraciones más incendiarias en momento en que surgen revelaciones escandalosas o que reflejan las debilidades de los políticos demócratas.

Como ejemplo considera los comentarios de Trump a cerrar las fronteras de EEUU a los inmigrantes musulmanes solo un día después que Obama hiciera su anuncio sobre las medidas a tomar contra el Estado Islámico, que fue percibido como insuficiente.

La atracción mediática recibida por la campaña de Trump en la prensa ha servido para opacar otras informaciones relacionadas con el asunto de los correos electrónicos de Hillary Clinton o la actuación de la entonces secretaria de Estado tras el ataque a la embajada estadounidense en Benghazi en 2012.

Cada vez que han surgido revelaciones dañinas a los demócratas, han surgido llamativos comentarios de Trump para desviar la atención, agrega Rothman.

“Nada de ello permite establecer una correlación de causa-efecto, pero es notable la coincidencia en todas esas ocasiones en Donald Trump ha rescatado a los demócratas de las garras de un ciclo de noticias perjudiciales y del escrutinio de la prensa”, concluye.

Claro que las teorías conspirativas son eso: teorías conspirativas. Y a la larga lista de ellas podría agregarse una más: ¿No estaría interesado Bill Clinton en que Trump lanzara su campaña, no para beneficiar sino para mantener aún más entretenida a su esposa, o incluso para perjudicarla?


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