Actualizado: 17/05/2022 17:16
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Contra el reloj

El retorno del Secretariado del PCC: Una estructura obsoleta que permite un gobierno ficticio.

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El restablecimiento del Secretariado del Partido Comunista de Cuba (PCC) es un paso importante en una vuelta a un mayor control ideológico del Estado y la sociedad en la Isla.

Para el cubano de a pie, la medida no tendrá una repercusión inmediata, pero es el hecho más significativo en lo que va de año hacia el establecimiento de una sucesión colegiada tras la desaparición de Fidel Castro y un indicador del fortalecimiento de la línea ortodoxa dentro del régimen; así como una señal más de que la maquinaria gubernamental considera superada la etapa de tibias reformas económicas y políticas, emprendidas a consecuencia de la desaparición de la Unión Soviética.

La información aparecida el viernes 28 de abril en el diario Granma lo deja bien claro: "corresponde al Partido ejercer una mayor influencia y elevar su papel de dirección". Agrega que el Secretariado del Comité Central, un organismo que desapareció por resolución del IV Congreso del PCC en octubre de 1991, "auxiliará al Buró Político en la labor diaria del Partido y se encargará de organizar y asegurar la ejecución y cumplimiento de sus acuerdos, así como velar por la correcta aplicación de la política de cuadros tanto del propio Partido como de las demás instituciones de nuestra sociedad".

Organismo centralizador

El poder de un secretariado es enorme, en un país regido por el modelo de gobierno leninista. En la práctica —y pese al formulismo de que por principio está subordinado al Buró Político— trasciende las funciones propias de un órgano gestor y se convierte en el poder más alto de la administración del Estado y de la dirección política.

No sólo trasmite las decisiones del Politburó a los niveles inferiores, es también el responsable de los nombramientos, ascensos y destituciones. Se trata de un organismo centralizador, que determina la aplicación de los acuerdos y define las relaciones entre la maquinaria partidista y las diferentes instancias del gobierno.

En el caso cubano, sin embargo —y al igual que ocurre con el resto de las dependencias de poder, desde el Consejo de Estado hasta el propio Buró Político del PCC—, la creación y el objetivo de este tipo de estructuras hay que considerarla con una alta dosis de escepticismo.

Por ejemplo, la constitución del actual PCC, en 1965, no marcó el inicio de una etapa de institucionalización partidista y acatamiento del modelo soviético, entonces vigente. Más bien todo lo contrario. Hasta el fracaso de la Zafra de los Diez Millones, en 1970, el país vivió una época de franca divergencia con aspectos fundamentales de la línea económica y política trazada por la URSS, guiado por decisiones personales de Fidel Castro, que en más de una ocasión fueron catalogadas de "aventurerismo" por Moscú.

No fue hasta 1975 que el PCC pudo celebrar su primer congreso, establecer un programa y delinear sus estatutos. Los congresos, plenos y reuniones posteriores no modificaron esta forma de actuar, característica del estilo de mando del gobernante cubano, quien es el máximo líder de una poderosa organización, cuyas funciones y planes de trabajo él mismo se encarga de obstaculizar en todo momento.

Esta violación de las normas no obedece a un capricho. Forma parte de un afán siempre presente de contar en todo momento con formas de gobierno alternativas, bajo su control más personal. Esta práctica guerrillera, iniciada con la existencia de una estructura de mando paralela —que en la práctica gobernaba al país— durante el gabinete del presidente Manuel Urrutia, ha sido mantenida con la constante creación de grupos independientes de los mecanismos partidistas y de gobierno, con amplios recursos para hacer y deshacer a su antojo.


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