Actualizado: 24/06/2022 11:47
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El rey del eufemismo

La más reciente 'Información del Buró Político' hace que la 'Retórica' de Aristóteles sea un ejercicio de preescolar.

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Los cubanos sabemos lo que significa Buró Político. Sabemos quién es, pero también cuando el mensaje dice: 'Se acordó'. Quizás este último 'se' indique un significativo enriquecimiento gramatical, pues no es impersonal ni de participación, no puede ser cómplice de sí mismo. Los lingüistas ya lo consideran como otro aporte, similar al 'nosotros consideramos', donde aún se busca detrás del Inmarcesible su Ka egipcio, la sombra de un gallego similar al indio donde Batista camuflaba la abuela negra.

No por longevo, el arte del eufemismo que practica el Inmarcesible (¿Se marchita?) deja de suavizar la callosidad de su discurso. La más reciente prueba acaba de inscribirse en la lexicografía cubana. Corresponde a una "Información del Buró Político" ( Granma, 28-4-06). Pertenece a una técnica donde hasta la Retórica de Aristóteles resulta un ejercicio de preescolar.

Sus ocho párrafos —no me acusen de masoquista— albergan tantos eufemismos que los académicos cubanos de la lengua pudieran proponerlo al próximo homenaje a Fernando Lázaro Carreter y su Diccionario de términos filológicos. Ilustra demasiado bien la retórica del Poder, más nefasto cuando condena a sus receptores a monólogo perpetuo, sentencia registrada en el Tribunal de La Haya como antesala de la abominable pena de muerte.

Detrás de las palabras

Desmontar la retórica de cada párrafo rebasa —diría Ludwig Wittgenstein— los ejercicios sofistas, va a la sustancia del pensamiento que caracteriza al Inmarcesible, contribuye a distinguir una filosofía política de estirpe leninista que tiene en él y sus secuaces uno de sus últimos reductos mundiales. Cuyo signo ético es un cósmico desprecio a los demás, al otro, a lo que sigue llamando 'masa', 'pueblo'…

Cuando dice "el proceso de continuo perfeccionamiento de la labor partidista", de inmediato los militantes traducen más vigilancia de los varios aparatos de inteligencia, incluyendo el Departamento Interno del Comité Central. Un lector avezado comprende que tal "perfeccionamiento" es síntoma de que los signos del Estado de malestar han alcanzado cotos alarmantes, de que una nueva ola represiva tratará de calafatear el vetusto barco revolucionario.

Al afirmar: "las exigencias de estos momentos en que se vislumbran y materializan logros y avances en la solución de limitaciones propias del período especial, que comenzamos a dejar atrás", no hay duda en traducir al cubano callejero que el respiro venezolano —a China hay que pagarle— alivia las consecuencias del desmerengamiento soviético, sin entrar en los cambios estructurales y políticos imprescindibles, todo lo contrario, eliminando los afeites aperturistas de los años noventa.

Y el eufemismo de "especial" —bien lexicalizado— mantiene la hipocresía de que se ha tratado no de miseria sino de rareza, no de depauperación nacional sino de exclusividad.

Bien sintomático resulta que el texto vele la mayor preocupación —sólo aparente— del Inmarcesible: "cada vez será más intenso y coordinado el enfrentamiento a las manifestaciones de indisciplina, corrupción y negligencia, entre otras actitudes negativas".


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