Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Negociaciones, Deshielo, EEUU

La saga de «Back Channel to Cuba»

Los casos y cosas de casa Cuba

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Ya se anunció que saldrá en octubre la edición revisada (Universidad de Carolina del Norte, 2015) del libro Back Channel To Cuba, que sus autores Peter Kornbluh [Archivo de Seguridad Nacional] y William LeoGrande [Universidad Americana] pregonan con revelaciones del penúltimo capítulo de negociaciones secretas entre Washington y La Habana.

Estas revelaciones pudieran concatenarse con otros episodios del problema cubano para repasar una lección histórica que la disidencia vitiérica —si fuera oposición pacífica estaría concentrada en el voto— no acaba de aprender, a pesar de haberla tenido muy clara la disidencia guiterista —del tiempo perdido de lucha armada— tal como resumió Orlando Bosch: “Sólo la fuerza convida al diálogo [y] el diálogo a las concesiones” (Los años que he vivido, New Press, 2010, p. 167).

La fuerza

Desde el juicio a Los Cinco en 2001 se columbró un canje de prisioneros, pero Cuba no tenía equivalentes. A fines de 2008 Raúl Castro visitó Brasil y largó la propuesta de canje por los reos de la Causa de los 75, que Washington rechazó de plano. Para el verano siguiente, obispos estadounidenses abogaron en La Habana por “gestos que vayan alimentando la confianza [en] un acercamiento”. Solo que el gesto seminal: liberar a Los Cinco, se echaba de menos.

Los Castro se acordaron entonces de que un judío despistado montaba dispositivos de Internet satelital en un país donde está prohibido vender mimeógrafos. Alan Gross cayó en el jamo de la Seguridad del Estado el 3 de diciembre de 2009. Desde Washington llovieron exigencias. Hasta el asesor de Seguridad Nacional, general Jim Jones, aprovechó una visita del cardenal Jaime Ortega a EEUU para enviar, el 4 de agosto de 2010, el recado de que Gross debía ser liberado ya, pero el 12 de marzo de 2011 un tribunal cubano descargó 15 años de cárcel sobre el instalador de sueños de la USAID.

El diálogo

El 26 de julio de 2010, Fidel Castro dio una tertulia vespertina en el Memorial José Martí y respondió así a una pregunta del pastor por la paz Lucius Walker sobre Los Cinco: “Yo creo ahora más que nunca que están más cerca de que los suelten. El fin de año pueden preparar ya lo que haya, vamos a ver cómo se reparte lo que haya (…) Yo se lo puedo decir [y] me responsabilizo con decírselo a la familia”.

La saga de Kornbluh y LeoGrande aclara por qué Castro cometió semejante desliz. Al confluir EEUU y Cuba en los esfuerzos por ayudar a Haití tras el terremoto del 12 de enero de 2010, la Secretaria de Estado Hillary Clinton mandó a su jefa de despacho, Cheryl Mills, junto con la subsecretaria asistente para asuntos del hemisferio occidental, Julissa Reynoso, a dialogar con funcionarios cubanos sobre Gross y Los Cinco.

El diálogo principió en restaurantes de Port-au-Prince y prosiguió en bares del este de Manhattan y hasta en la cafetería de un hotel en Santo Domingo. Los cubanos empezaron pidiendo mejorar el trato carcelario a Los Cinco y terminaron plantados en el canje por Gross. EEUU se negó, pero los países latinoamericanos forzaron a repensar el caso, con la presión que ejercieron en la VI Cumbre de las Américas (2012) para que Washington normalizara relaciones con La Habana.

En abril de 2013 Obama escogió a los asesores del Consejo de Seguridad Nacional Ricardo Zúñiga y Benjamín Rhodes para negociar en secreto. Cabe recordar que ese mismo mes empezaron a visitar EEUU disidentes que, como señaló el exiliado Manuel Prieres, se presentaron en el Miami plástico “de la Vulgata Universitaria, de la Mass Media, de ciertas Organizaciones del Exilio, invitados a mansiones y clubes calleochenses de Artistas [e] Intelectuales”.

Entretanto Rhodes y Zúñiga empezaron a reunirse con funcionarios de Castro y lo hicieron nueve veces en año y medio. El gobierno de Canadá contribuyó al secreto propiciando reuniones en Ottawa y Toronto. La pita se enredó hacia enero de 2014, al rechazar la parte cubana que Gross saliera por razones humanitarias y los tres espías aún penitentes de la Red Avispa se canjearan por Rolando Sarraff Trujillo. Kornbluh y LeoGrande se tragan la historia de Obama sobre “Roly” como “uno de los agentes de inteligencia más importantes de Estados Unidos en Cuba”, pero hay indicios racionales de que más bien sirvió como relleno para equilibrar el canje.

Cabildeo del bolsillo propio

La disidencia vitiérica debería aprender no solo que sus giras por Latinoamérica fueron infructuosas, sino también que la labor de persuasión política en EEUU no estriba en alardear por la televisión y la radio, salir en los periódicos, largar teques ante algún comité del Senado y conversar y tirarse fotos con Biden u Obama.

En octubre de 2012, el multimillonario Tim Gill y su parigual de origen cubano Patty Ebrahimi acordaron, en el bar-cafetería del hotel Saratoga de La Habana, tocar con limón las claves de solución del diferendo Cuba-EEUU. Ebrahimi invirtió un millón de su peculio por los canales que Trimpa Group indicó tras auscultar al animal político en Washington y diagnosticar que propendía a cambiar la política hacia Cuba. Solo había que dar un empujoncito.

El 19 de mayo de 2014, una coalición de gestores de fondos (Ford Foundation, Atlantic Philanthropies, Christopher Reynolds), políticas (Washington Office on Latin America, Center for Democracy in the Americas, Latin America Working Group) y reflexiones (Brookings, Council of the Americas) puso sobre el tapete la llamada Carta de los 40, que sobrepuja toda la correspondencia anticastrista de antes y después por la sencilla razón de tener detrás fuerza e intereses resueltos luego de más de medio siglo de fiascos, pamplinas y meras esperanzas. Ese mismo día, la Cámara de Comercio de EEUU anunció que su presidente, Tom Donohue, iría con una delegación a Cuba. En este caballo se montaría hasta The New York Times con la ristra de editoriales “Cuba: A New Start”.

Deus ex machina

Además de que no hay que armar circo mediático para hacer buena labor política, como demuestra Ebrahimi, otra lección que podría sacar la disidencia vitiérica es que de nada vale ser recibido en audiencia y aun fotografiarse con el vicario de Jesucristo si el tema no tiene agarre terrenal.

Hacia septiembre de 2013, sin saber en qué andaba Obama, el senador Dick Durbin (D-IL) potenció su gestión de acomodo entre Washington y La Habana con esta sugerencia a la asesora Rice: What about getting the new pope involved? El jefe de despacho de Obama pidió a su amigo Theodore McCarrick, cardenal y arzobispo emérito de Washington, que embullara al Papa Francisco; el senador Patrick Leahy (D-VT) mandó recado similar al cardenal Ortega y el cardenal Seán O’Malley, arzobispo de Boston, completó el trío que propició a Obama discutir, el 27 de marzo de 2014 en la biblioteca privada del Papa, los casos y cosas de casa Cuba.

Para el 18 de agosto de 2014, el cardenal Ortega entraba a la Casa Blanca —sin asentarse siquiera en el registro de visitantes— y entregaba a Obama, en el patio adyacente a la rosadela (Rose Garden), la carta papal con instancia a resolver las “cuestiones humanitarias de mutuo interés, incluida la situación de ciertos presos, para principiar una nueva fase en las relaciones [Cuba-USA]”. Ya había entregado misiva similar a Raúl Castro.

Otro cabildeo

Sin saber de la negociación secreta de la Casa Blanca, la oficina del senador Leahy fechó el 7 de febrero de 2014 un memo de 10 páginas elaborado con Greg Craig, exconsejero legal de la Casa Blanca, sobre las opciones para excarcelar a Gross y salir del atolladero en la política hacia Cuba. A tales efectos, Leahy, Durbin, el senador Carl Levin (D-MI) y los representantes Chris Van Hollen (D-MD) y Jim McGovern (D-MA) se reunieron el 1 de mayo de 2014 con Obama, Biden y Rice.

McGovern le recordó al presidente: “You said you were going to do this. Let’s just do it!” Obama repuso que andaba en eso, pero se guardó de revelar las reuniones en curso con funcionarios cubanos. Estos últimos sonaron alarma roja a principios de junio de 2014 con que Gross iba a suicidarse tras la muerte anunciada de su madre gravemente enferma. John Kerry propuso a Cuba dejar que el preso visitara a su madre moribunda y ofreció hasta un grillete electrónico para que la Seguridad del Estado monitorizar sus movimientos. La propuesta se rechazó y Evelyn Gross falleció el 18 de junio de 2014. Kerry espetó entonces al canciller cubano Bruno Rodríguez que si algo malo pasaba con Gross, el chance de mejorar las relaciones se perdería sin remedio. Al cumplirse el quinto año del arresto de Gross, su esposa Judy pidió enfáticamente a Obama que acabara de resolver el caso. Trece días más tarde, Obama llamó a Raúl Castro.

Coda

El 12 de noviembre de 2014, el director de la escuela de capacitación de jóvenes disidentes en Miami, Dr. Juan Antonio Blanco, sacó en Infolatam su examen del paisaje postelectoral en EEUU y “a partir de la realidad” concluyó que:

  • La demanda de que [Obama] haga uso de su poder ejecutivo, tanto para flexibilizar su implementación[del embargo] como para sacar a la isla de la lista de países terroristas, es ahora mucho más costosa y por ello poco probable
  • Para Obama es políticamente impagable acceder a canjearlo [a Gross] por los espías cubanos, porque (…) una amnistía (sic) presidencial sería una bofetada al actual Congreso [y] también al Poder Judicial, con el que el presidente Obama tampoco desearía enemistarse por un tema tan irrelevante
  • Una campaña internacional presionando el canje de sus espías presos en EEUU por el señor Gross no tendría mayor posibilidad de éxito que la auspiciada por la URSS en favor del matrimonio Rosemberg (sic)
  • La detención y condena de Gross fue el recurso bien calibrado (…) para bloquear la ofensiva de paz de Obama [y] una clara señal de que no hay interés real en lograr una distensión significativa con Estados Unidos.

La amalgama es espléndida: desde confundir indulto con “amnistía” hasta colar wishful thinking como análisis y fallar en las predicciones. Así y todo, lo peor es que, como puntualizó el filósofo Emilio Ichikawa, el Dr. Juan Antonio Blanco pasó la página sin disculparse y el 17 de junio de 2015 —de nuevo en Infolatam— tuvo “el descaro de hablar como si hubiera previsto los actuales procesos”. Comenzó sentando “una premisa insoslayable[:] nadie puede prever todas las consecuencias de una opción política o personal”. Ichikawa repuso: “Nadie puede prever… Pero menos que Nadie, Juan Antonio Blanco”.

Así tenemos que la joven guardia disidente de Cuba no cuenta en Miami ni tan siquiera con un capacitador responsable y menos aún con intelectuales orgánicos que corten la naranja política al medio: solo la fuerza de los votos en contra del gobierno convidan al diálogo con la oposición y la oposición estaría preparada para el diálogo solo si hace la concesión a sí misma de que una premisa insoslayable para enfrentar el castrismo radica en comprender por qué no deja de vencer.


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