Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Dos cabezas y un cuerpo

La bicefalia del régimen dificulta saber en qué etapa se encuentra el proceso sucesorio castrista.

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La fauna es muy diversa. Hay animales carnívoros, herbívoros, mansos, agresivos, que mudan el pelo o que cambian de color atendiendo a su entorno. En el complejo y raro mundo animal hay de todo, incluso, algunos tienen dos, cuatro o muchas patas; pero eso sí, ninguno que no sea una malformación tiene más de una cabeza.

 

Hoy el gobierno cubano es una especie con dos cabezas. Cada una comparte con la otra la misma identidad totalitaria, pero se diferencian en que una es mesiánica y delirante mientras la otra es "pragmática". Una, firma acuerdos de cooperación para mantenerse en el poder, y la otra, genera confrontaciones para demostrar que sigue en el poder. Si quieren ver dos cerebros enviando órdenes a un mismo cuerpo, ahí lo tienen.

 

Esta bicefalia del régimen dificulta determinar en qué etapa se encuentra el proceso sucesorio castrista. Cuando se cree que ya Raúl Castro tiene el control de la situación, ocurre algún hecho que pone en duda dicha idea. Así, el propio régimen se dice, se desdice y se contradice constantemente.

 

En enero de este año, Raúl Castro dijo de Obama que le parecía "un buen hombre" y le deseaba suerte en su labor; sin embargo, pocos días después, Fidel Castro acusó al presidente norteamericano de "compartir el genocidio contra los palestinos".

 

Igualmente, La Habana quiere tener buenas relaciones con México, proyecto al que generosamente ha correspondido Los Pinos, pero a la vez Fidel Castro llama "vil traidor" al ex presidente Vicente Fox, compañero de partido del actual mandatario, Felipe Calderón.

 

Si Fidel Castro fuera una figura de bajo perfil histórico o político, nada de esto sería un problema para el gobierno. Pero no es así. Sigue siendo el primer secretario del Partido Comunista, que según la Constitución "es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado".

 

La recompensa de los buenistas

 

Esta situación no sólo es dañina para el propio régimen, sino también para aquellos mandatarios que con diferentes intenciones quieren tirarle una mano a Raúl Castro. Ninguno podrá evitar el temor a salir mal parado, a consecuencia de la incontinencia verbal o la paranoia de una de las cabezas.

 

La consecuencia dañina de la bicefalia se hizo evidente durante la visita de la presidenta chilena a La Habana. El viaje tenía como objetivo dar un espaldarazo "al nuevo presidente"; de hecho, el respaldo de Michelle Bachelet a la sucesión se hizo evidente al negarse a ver a los opositores democráticos.

 

El problema fue que a la presidenta le salió a flote su fascinación por la figura de Fidel Castro, y como si de un maratón se tratara fue corriendo al encuentro del convaleciente líder. El final de la historia todos lo sabemos: Fidel Castro le paga reclamando públicamente a Chile la salida al mar para Bolivia, cuestión que ha tenido un alto costo político para La Moneda.

 

Si bien la mayoría de los informes que circulan sobre la situación política de la Isla destacan que, al parecer, Raúl Castro se siente cada vez más a gusto con su nueva función, ninguno esclarece exactamente quién manda en Cuba, cuál de las dos cabezas. Duda que contrasta con la magnitud de las propuestas de algunos.

 

Sin que ello tenga un efecto paralizante, sino más bien de moderación, podríamos preguntarnos: ¿Es indiferente quién sea la persona que está al mando en Cuba, a la hora de esperar los resultados de la política de otros países, en especial de Estados Unidos, hacia el régimen?

 

Sensatez y gradualidad son las palabras claves. Cansados estamos del radicalismo de algunos, pero sin caer en la dinámica buenista de otros. Y quien tenga dudas de cuál es la recompensa de los buenistas, que telefonee a la inquilina de La Moneda.


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Raúl Castro y Michelle Bachelet, el 11 de febrero en La Habana. (AP)Foto

Raúl Castro y Michelle Bachelet, el 11 de febrero en La Habana. (AP)