Actualizado: 20/09/2019 11:30
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La decencia tiene dos nombres

Alberto Mora Becerra y Alberto J. Mora: Una pregunta para los torturadores en Washington y La Habana.

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Esta es la historia de dos hombres con igual nombre y apellido, que quizá forman parte de una misma familia y quizá no. Estoy casi seguro que nunca se encontraron, pero ni siquiera puedo afirmarlo. Uno nació en Cuba y el otro no, aunque ambos tienen un padre cubano. Nada los vincula en profesión. Sus ideales políticos no pueden ser más opuestos y ni los logros ni las derrotas que vale la pena enumerar coinciden en lugar y tiempo.

Por pocos años coincidieron en la misma ciudad. Uno está muerto hace décadas y el otro no. Los une la decencia. Comparten el colocar los valores éticos por encima de cualquier justificación política y el estar dispuestos a sacrificar sus carreras por un ideal moral. Sin buscar reconocimiento alguno y con la convicción de que posiblemente su lucha se mantenga olvidada. Sin tampoco negarse a contribuir a ese anonimato, salvo cuando conocer lo que han hecho o hicieron contribuye a impedir la propagación de injusticias y errores. Estas son dos historias y ambas no tienen un final feliz.

Un revolucionario y un exiliado

Alberto Mora Becerra fue el hijo de Menelao Mora, uno de los organizadores del asalto al Palacio Presidencial durante el último gobierno de Fulgencio Batista. No participó en el asalto —que posiblemente le hubiera costado la vida— porque estaba preso. Días antes se había dejado apresar por la policía batistiana para propiciar la fuga de su padre. Menelao murió en el intento de poner fin a la dictadura y Alberto sobrevivió para ver el triunfo de la insurrección, el primero de enero de 1959.

Luego fue ministro, comandante de la revolución, funcionario por breve tiempo y desempleado. Cumplió varios castigos, impuestos por Fidel Castro, para "pagar" por diversos "errores". Trató de promover el cine y la cultura en la Universidad de La Habana y terminó suicidándose en septiembre de 1972. La única figura importante del gobierno que acudió a su entierro fue Carlos Rafael Rodríguez.

Alberto J. Mora nació en Boston en 1952. Hijo de una húngara y un cubano, ambos exiliados de regímenes comunistas. Ese mismo año, su padre —un médico graduado en Harvard— llevó a la familia a vivir a la Isla. Cuando Castro llegó al poder, los Mora abandonaron Cuba y se establecieron en Jackson, Mississippi. Allí estudió en una escuela católica y luego en el Swarthmore College, donde se graduó con honores. Después trabajó en el Departamento de Estado, en Portugal.

En 1979 se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Miami. Criado en un ambiente conservador —todos en la familia apoyaron a Barry Goldwater en la elección presidencial de 1964—, Mora laboró como asesor durante el gobierno del ex presidente George Bush.

Al llegar a la presidencia de Bill Clinton, ocupó el asiento reservado a los republicanos en la Junta de Gobernadores para las Trasmisiones del Gobierno de Estados Unidos y asesoró a la emisora Radio Martí. También ejerció como abogado especializado en leyes internacionales en diferentes bufetes privados de Miami. Al triunfo de George W. Bush, fue nombrado consejero general de la Marina, un cargo con un estatus equivalente al de un general de cuatro estrellas.

En 1971, tras el encarcelamiento del poeta Heberto Padilla, Alberto Mora Becerra le escribió una carta a Castro. En esta pedía ser detenido, ya que compartía muchas de las ideas del poeta y no consideraba justo poder andar libremente por las calles de La Habana mientras el otro, que era su amigo, estaba preso.


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