Actualizado: 24/06/2022 11:47
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Los cubanoamericanos y la identidad compleja

Conferencia del autor en Princeton University ante un centenar de jóvenes de la organización Raíces de Esperanza.

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La cara positiva de la identidad compleja

Si la mala noticia era que la identidad compleja tiene un costo, la buena es que los beneficios pueden ser muy amplios. En realidad, la expresión biculturalidad es inexacta. Ustedes no tienen dos culturas. Para tener dos culturas habría que tener dos cerebros. Ustedes tienen una cultura más rica, con más matices y diversas fuentes de información. Pueden leer a Faulkner y a Vargas Llosa. Pueden disfrutar del rap —a los que les guste— y del guaguancó o la salsa.

Si muchos de ustedes observan cómo hablan con otras personas bilingües comprenderán lo que les digo. Ustedes comienzan con una frase en español, por ejemplo, "Fulano es un tramposo que nos quiere engañar", pero inmediatamente continúan con una frase en inglés, "he thinks he can get away with murder".

¿Qué ha ocurrido? Que de una manera casi automática el cerebro ha elegido la expresión que con mayor precisión y economía se ajusta a lo que quieren expresar. Un purista pensará que están destrozando los dos idiomas. Un neurolingüista opinará que se comunicaron de la forma más eficiente de que disponen. Obviamente, no estoy recomendando el uso del spanglish, sino estoy explicando por qué sucede esta yuxtaposición de lenguas para poder desplazarme a la siguiente afirmación: el biculturalismo opera como el bilingüismo.

Nuestra experiencia dual nos proporciona modos muy ricos de entender la realidad, nos da una mayor distancia crítica y, en cierta forma, refina nuestros juicios éticos y estéticos. Cuando ustedes juzgan unos hechos o examinan una situación, lo hacen provistos de una mirada más densa y delicada.

Naturalmente, se puede ser un tonto en tres idiomas, como afirman que Ortega y Gasset decía (injustamente) de Salvador de Madariaga, pero lo probable es que el dominio de dos lenguas y la información que nos llega de dos mundos enriquezcan notablemente nuestro intelecto, especialmente si detrás de eso existe una inteligencia poderosa y una adecuada estructura moral.

Lealtad a los principios

Otra buena noticia es que el mundo se mueve en la dirección en la que ya ustedes marchan. Internet, CNN, Fox y el resto de los síntomas de eso a lo que llamamos globalización apuntan a un universo interrelacionado en el que el inglés es la lengua franca, pero en el que se transmiten, conservan y magnifican el resto de las manifestaciones culturales particulares.

Un simple paseo por el dial de la televisión en Estados Unidos les permitirá contemplar canales en español, chino, coreano y otra media docena de lenguas. Si hasta hace unas décadas para mantener el contacto con sus raíces originales el inmigrante y sus descendientes debían conformarse con retrasados recortes de periódico llegados por correo o costosas llamadas telefónicas, ahora Internet, la televisión internacional, el videoteléfono y el fax nos permiten vivir en cualquier parte del mundo como si no nos hubiéramos movido de nuestra casa originaria. Eso logra que las identidades complejas sean cada vez más frecuentes y duraderas.

Obviamente, esta realidad tenía que generar consecuencias legales. La tendencia en todo el planeta, incluido Estados Unidos, es a reconocer la identidad compleja en el terreno jurídico. Cada vez son más los países que permiten y reconocen la nacionalidad múltiple. Mi nieta mayor, Paola, nació en Estados Unidos, vivió parte de su infancia en Miami, y es americana. Pero como su padre es mexicano, y Paola tiene, lógicamente, familia radicada en esa nación a la que visita con frecuencia, también posee una dimensión mexicana y un segundo pasaporte.