Actualizado: 16/05/2022 14:14
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Opinión

Sociedad

Entre 'Montecristi' y 'La historia me absolverá'

El problema racial cubano bajo el prisma de la historia, la política y la academia.

Enviar Imprimir

Más allá de la solidaridad tantas veces manifiesta en su biografía y su palabra, y que él suele llamar amor, puede sostenerse que sus acercamientos a la desobediencia civil y la acción afirmativa nacen de su clara conciencia de que en la república resurgirían los reclamos de clases y grupos, de aquellos cuyas necesidades aguardaban, durante siglos, soluciones. El avizorar persistentemente el país, removido el colonialismo, no se reduce a la satisfacción por el fin del esfuerzo bélico, pues la revolución verdadera se iniciaría en la libertad, como le ha dicho a Juan Bonilla. Él piensa "para ahora y para luego, que es como se debe ver en las cosas de los pueblos" (I: 181).

Se ha promulgado mil veces que su genio se consagró en "los preliminares", en el "ahora". No. La más genuina genialidad política de Martí late sobre una Cuba que, una vez expulsada España, no será para los pobres, ni estos tendrán preponderancia en la nación por la que se han sacrificado como ningún otro sector (IV: 209). A partir de esta convicción —una de las sinceridades más ásperas de su vida y que parece ir incluso contra sus propios esfuerzos—, medita las luchas venideras, la desobediencia civil y la implementación de la acción afirmativa.

La historia me absolverá

La historia me absolverá es también un documento programático, donde Fidel Castro cree vislumbrar económica, social, política y moralmente el futuro de la república, y analiza, también en esos aspectos, el pasado y presente.

Hijo de múltiples versiones —fue pensado, repensado, transformado y rescrito nadie sabe cuántas veces, subraya la biógrafa Georgie Anne Geyer—, resulta verdaderamente alarmante que en sus numerosas páginas, si se compara con el puñado de párrafos del Manifiesto de Montecristi, no se haga alusión una sola vez al problema de las razas en Cuba, ni se mencionen, absolutamente nunca, las palabras negro, discriminación o prejuicio. Con razón, autores como Enrique Patterson y Francisco León aseguran que las medidas populares de la revolución no se concibieron pensando en los negros y mulatos, o estos no tuvieron la prioridad.

Si Martí ensambla y desensambla el tema —sin exceptuar sus renglones sexual y psicológico—, Castro se refiere a él cuando no le queda más remedio y preferentemente ante auditorios extranjeros. Basta señalar que durante casi cinco lustros, la discriminación en la Isla se decretó fallecida, un deceso del cual se exponía el sarcófago mas no el cadáver.

Y esto, después que Martí afirmara que era de provecho hacer público el tema y, en una de sus fierezas, asegurara en Patria que se debía "censurar a los que quieren hacer de su diferencia de color, sofocando acaso un bochorno cobarde, el instrumento de su poder o de su beneficio" (I:338). Uno de los objetivos de Fernando Ortiz en su ensayo Martí y las Razas reside en anotar ocasiones en que el poeta explicita la necesidad de hablar sobre la discriminación.

Tal vez algún cándido presumió que Fidel Castro extraería lecciones del libro de Carlos Moore ( Castro, The Blacks, and Africa) y evitaría reiterar posturas que en dicho estudio, publicado a finales de los ochenta, se le critican. Nosotros decidimos seguirle la pista a las ideas del caudillo en el siglo XXI, tres lustros después que admitiera que en la Isla la discriminación era un hecho.

Para concluir, sólo pondré un ejemplo. El 8 de septiembre de 2000, en Riverside Church, en Harlem, refleja el tamaño de su ignorancia o toda la profundidad de su desvergüenza y dice, en contra no ya del criterio de la ciencia antropológica en Cuba, de un informe de 1997 de La Habana a un foro de la ONU, de la estadística y de la lógica misma, que los negros y mulatos en la Antilla son minorías étnicas.

Pero como las presunciones, imaginaciones, prejuicios y deseos de Castro nacen compelidos a exhibir respaldo en la realidad, después de tres años de efectuado el último Censo de Población y Viviendas, éste cuenta —claro que es un hecho narrativo— que los negros y mulatos se reducen a poco más de la tercera parte del total de cubanos en la Isla, aproximadamente la misma proporción que en 1900, pero cuando cerca de un millón de personas, generalmente de raza blanca, ha abandonado el país.

El Manifiesto de Montecristi y La historia de absolverá son, pues, dos polos. Por haber llegado a la conclusión de que la vida es una guerra —y de esto saben Ripoll y Jorge Valls—, fue Martí un hombre de amor. Sus continuos escalamientos lo convertirían en anticipador de figuras como Mahatma Gandhi y Martín Luther King Jr. Como ellos, es también un valor ético, apegado al principio de liberación de los oprimidos. Su amor por todas las criaturas humanas y la rebeldía que le infundió a ese amor, es su fuerza más consistente. Si los hombres echáramos los corazones a rodar, como él dijo, quedaría hecho el mundo.


« Anterior1...4567Siguiente »