Introducción

“Apenas edificada en el último medio siglo, escasamente restaurada (salvo en La Habana Vieja) y en ocasiones sufriendo reformas lamentables, La Habana constituye quizás el problema de mayor envergadura entre todos los problemas cubanos”

Antonio José Ponte

Comentarios Enviar Imprimir


Apenas edificada en el último medio siglo, escasamente restaurada (salvo La Habana Vieja) y en ocasiones sufriendo reformas lamentables, La Habana constituye quizás el problema de mayor envergadura entre todos los problemas cubanos. La necesidad de vivienda ha ocupado el primer puesto de exigencia durante este período, sólo ocasionalmente postergada por urgencias alimentarias. La ciudad ha crecido únicamente hacia adentro, sobreexplotándose, a riesgo de implosión y de derrumbe. Ya no se anuncian nuevos proyectos, y La Habana parece quedar a la espera. Pero, ¿a la espera de qué?

En este punto sobrevienen los ejercicios de historia contrafactual. ¿Qué ciudad sería hoy ésta, de no haber ocurrido el triunfo revolucionario de 1959? ¿Qué ciudad sería, de haber sido más benéfica la política urbanística de la administración revolucionaria? La primera de estas interrogaciones suele escarmentarse con algunos rasgos de la metrópoli prometida a fines de los 50: demolición de casi todo el casco histórico, grandes vías dispuestas a tachar el trazado urbano, arriesgadas intervenciones en el Malecón… Ante perspectiva así, se estaría dispuesto a aceptar como beneficiosa la parálisis inmobiliaria que vino a interrumpir aquellos planes.

El tratamiento reservado a la capital por el régimen revolucionario cuenta con la disculpa (sostenida por no pocos especialistas) de que el grueso de la atención y los recursos se le debía a ciudades construidas en zonas rurales. Y, ofrecida esta disculpa, pareciera innecesario preguntar por esas nuevas ciudades. ¿Cuán habitables han sido? ¿No se trata, acaso, de ciudades-dormitorio a las que siempre faltaron metropólis que las completen? (Quizás el único proyecto de nueva ciudad con cierto vitalismo haya sido la Villa Panamericana, construida al este de La Habana para hospedar inicialmente a extranjeros. Esto último obligó a planearle establecimientos comerciales, esa planta baja borrada de todas las urbes cubanas por la Ofensiva Revolucionaria de 1968).

Faltan por investigar los móviles de una desatención tan esmerada. Pero, antes que suponerle determinada lógica empeñada en destruir la ciudad, cabría sospechar de pura abulia, de incapacidad administrativa. Y, por iguales razones, no es preciso agradecer a la administración revolucionaria el que no reemplazara los viejos edificios con carácter por nuevos y anodinos edificios. La Habana actual, con su catálogo de varias épocas en pie, no es fruto del respeto. Está en pie, a duras penas, como un beneficio colateral, donde las ventajas han sido tan involuntarias como los daños colaterales en un ataque aéreo.

No obstante, de cara al futuro suelen celebrarse su permanencia y su parálisis. Varias concatenaciones históricas permitirán, a la larga, heredar una ciudad ajena a las malas rachas constructivas visibles en otras capitales de la región. Entendida de este modo, La Habana resulta una reserva ecológica, y este tiempo de espera constituye el plazo idóneo para pensársela mejor.

El anterior razonamiento, detectable en especialistas de variadas inclinaciones políticas, tiene el inconveniente de pasar por alto a todos aquellos que, en muy duras condiciones, han habitado (y habitan) la ciudad. Se trata de una variación más en torno a la feroz Utopía, ciudad que sacrifica los moradores de hoy a los habitantes del futuro.

Lejos de las coartadas de una historia contrafactual, sin escarbar en lo ventajoso de que fuese incumplida la ciudad planeada a fines de los 50 o la gemela de tantas capitales modernas latinoamericanas, el siguiente dossier intenta explorar La Habana por hacer. Arquitectos y urbanistas de dentro y de fuera de la Isla descartan y levantan hipótesis, discuten entre sí, responden a las provocaciones de un cuestionario. Se trata, inevitablemente, de una acción limitada, y el primero de sus límites reside en el tema: si La Habana merece este acercamiento es porque en ella se dan, magnificados, los dilemas de cualquier otra de las ciudades del país.

Que opinen solamente especialistas es otra limitación de este dossier. Muchos de ellos reconocen que el urbanismo debe someterse a discusión generalizada, y ser tema obligado de una fuerte opinión pública, todavía por crearse. Para empezar, las breves reseñas de libros que aparecen a lo largo de estas páginas son acercamientos, no de peritos, sino de simples lectores a quienes interesa el tema.

Por todas estas (y otras) limitaciones, el diálogo no hace más que iniciarse, y Encuentro se propone seguirlo más allá de este número.

Página de inicio: 86

Número de páginas: 1 página

Descargar PDF [27,66 kB]

 

En esta sección