Testigo directo
La cara oculta de la potencia médica
Hospitales destruidos, discriminación hacia los nativos y una atención cada vez más deficiente son hoy el día a día de la salud pública cubana.
Una de las anécdotas que sigue corriendo de boca en boca por las calles de La Habana es la de un vecino del municipio Playa que puso un letrero en la puerta de su casa que decía: "Permuto para Venezuela, necesito operarme de cataratas".
Uno de los dramas que vive la población es que, a pesar de que se ha anunciado que este año se operarán de la vista en la Isla unas 100.000 personas provenientes de América Latina, y la invitación a beneficiarse de la llamada Operación Milagro ha sido extendida por el presidente venezolano Hugo Chávez a Estados Unidos, los ciudadanos cubanos no tienen la misma suerte.
Martha, una cubana que vive en Centro Habana y que padece una catarata progresiva desde el año pasado, no ha podido conseguir un turno en el Hospital Oftalmológico Ramón Pando Ferrer (conocido como La Liga Contra la Ceguera), porque esa dependencia ahora está "consagrada" a cumplir con las cirugías a extranjeros que promociona el Proyecto Alba.
"En cuanto tú ves un hospital, o cualquier otro lugar en Cuba, al que le construyen un muro alto alrededor, lo remozan y le ponen aire acondicionado y muebles de lujo, ya uno sabe que allí no reciben a cubanos". Y acto seguido explica: "¿Para nosotros? Primero ir al policlínico de tu zona y de allí te remiten para el hospital que te corresponde; luego te inscriben en una lista y te vas para tu casa a esperar por las calendas griegas".
Martha ya ella perdió la esperanza de que le avisen y no confía en las listas, porque "los que las controlan, las manejan a su manera". Ahora está tratando de "resolver" su problema a través de un amigo que trabaja en La Liga. "Allí están utilizando una técnica muy novedosa para las operaciones de cataratas que no practican en los demás hospitales para cubanos en el país", aclara.
Crisis de reactivos
Pero operarse de la vista no es el único problema que enfrenta un ciudadano cuando necesita solucionar sus problemas de salud. A pesar de que el país produce médicos hasta para exportar y Cuba equipa y asiste con medicamentos a hospitales de varios países latinoamericanos, el médico local carece de medios para diagnosticar y de medicinas para recetar.
Si un cubano tiene o se sospecha que tiene una enfermedad importante, tendrá que esperar para el diagnóstico definitivo a que haya en el laboratorio una cantidad de muestras a examinar que sumen el total de análisis que se pueden hacer con un frasco de reactivo. De lo contrario, "no se puede desperdiciar" el contenido. La espera puede ser de meses.
Y lo peor es que, en muchos casos, los reactivos para determinados exámenes de sangre no existen, o están disponibles solamente en hospitales "para extranjeros", donde los cubanos no tienen acceso, como por ejemplo el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN).
Por este camino, muchos familiares sólo sabrán el nombre de la enfermedad que padeció su pariente mediante la autopsia, y quizás ni siquiera de esta manera, porque total, ¿para qué desperdiciar un reactivo si ya el paciente murió?
El padre de un niño con un tipo raro de meningitis, ingresado en el hospital pediátrico Juan Manuel Márquez, de Marianao, cuenta que su hijo no tuvo la suerte de que le pudieran hacer el análisis a tiempo, ya que los médicos esperan hasta el último momento antes de ordenar una prueba para la cual no hay aparatos en ese centro. De paso, también dijo que en la Sala de Misceláneas la higiene era tan mala que había que tapar con algodón los oídos del niño para que no le entraran cucarachitas por los orificios.
El estado de los hospitales no militares destinados a los cubanos es tan lamentable que cuando una persona ingresa tiene que llevar ropa de cama, toallas, utensilios para comer, un cubo para bañarse, y hasta un bombillo para alumbrarse. La familia tiene que abastecer desayuno, almuerzo y comida al enfermo y a su acompañante. La alimentación es tan deficiente que una señora jubilada que estaba en la sala de geriatría del Ameijeiras murió de diarreas porque se comió un pellejo de cerdo medio crudo que vino en el menú como "arroz con carne de puerco".
'No se puede gastar una placa la primera vez'
En el Hospital Clínico Quirúrgico, un médico que prefiere el anonimato explica: "Cuando entro de guardia dispongo para el turno de una cuota de materiales para 10 radiografías, reactivos para 10 análisis de sangre y cuatro camas en la sala de urgencias. Con esto tengo que atender a cientos de personas que vienen en su mayoría por dolencias graves".
Y para demostrar que no miente, invita a la corresponsal de Encuentro en la Red a que se quede un rato en su consulta. A diferencia de los hospitales que atienden a extranjeros, el Clínico Quirúrgico es un lugar cochambroso, de paredes descascaradas, poca iluminación y bulla infernal. Debido al calor, el médico pone directo para su persona el único ventilador existente y la gente que llega se va colocando en cualquier parte de la sala de espera o el portal, porque la mayoría de los asientos están rotos o les falta una pata.
Llega una señora de 89 años que se cayó en el baño de su casa hace dos días. Vino al cuerpo de guardia y le recetaron un paracetamol cada 8 horas. Hoy los dolores aumentaron. No queda más remedio que enviarla a los Rayos X y se comprueba que la señora tiene tres costillas fracturadas. ¿Por qué no le indicaron la radiografía la primera vez? "No se puede gastar una placa la primera vez, porque entonces, ¿qué queda para el resto del tiempo?".
El segundo paciente sufre diarreas y vómitos. ¿Tiene fiebre? Sí. El médico dice: "eso seguro que es un virus". Mucha agua, sales hidratantes y reposo. Si sigue mal regrese dentro de dos días. Llega otra persona que dice tener dolor de riñones y dificultad al orinar. El médico-adivino sentencia: "eso debe ser una infección renal. Mucho líquido y cocimiento de guisazo de caballo. Si mañana no mejora, vuelva". ¿Y por qué no le mandó un análisis de orina urgente? El médico no contesta.
Un aguacate por un 'tarjetón'
Me han explicado que, cuando están en su turno de guardia, los galenos cubanos suelen citar a sus pacientes particulares para hacerles las radiografías y los análisis que no les pudieron ordenar en consulta. Con este sistema, el profesional cubano puede tener acceso a algunos dólares o pesos convertibles que de otra manera no puede ganar.
Otros médicos que trabajan en policlínicos o médicos de la familia también se benefician. Llegan todos los días con una bolsa, donde van depositando lo que la gente les trae: un mango, un aguacate, un jabón, y, eventualmente, algún dinero, cuando el paciente necesita un certificado médico para obtener una dieta, o un "tarjetón" para alguna medicina de difícil obtención.
En un país donde la política oficial determina que los salarios vayan por un lado y el costo de la vida por otro, cada profesional ha ido inventando la manera de sobrevivir y llegar a fin de mes sin morir de inanición. Los médicos no son una excepción. Por muy buenos y eficientes que sean, son también cubanos que tienen familia, y gastos que con su mísero salario no puede obtener.
Un joven de la Escuela de Medicina afirma: "Muchos vienen a estudiar medicina con la esperanza de viajar al extranjero (un sueño que pocos cubanos pueden realizar, ya que el sistema no da libertad a sus ciudadanos para salir del país de vacaciones). Pero mientras llega ese momento hay que resolver el pan nuestro de cada día y adaptarse a la situación".
"Total, agrega, mientras uno no hable mal del gobierno y no se una a un grupo disidente, el gobierno se hace de la vista gorda", porque "todas las demás culpas se perdonan en la Cuba de hoy".
© cubaencuentro
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