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Sociedad

La 'piedad' dudosa

¿Por qué los líderes religiosos oran por la salud de Castro y no por las miles de personas afectadas por la epidemia de dengue?

Si fuera cierto, como afirman algunos suspicaces extremistas, que la Proclama de Fidel Castro es sólo una maniobra del gobierno con no se sabe qué oscuro propósito, en verdad el dictador debe estarse divirtiendo mucho. Aunque personalmente considero absurda tal hipótesis —debido fundamentalmente a que supondría una irresponsabilidad política muy superior a cuantas ha cometido el Comandante (y no han sido pocas)—, no deja de convocar a sonrisas la reacción en cadena que ha ido suscitando tanto en la prensa nacional como en la extranjera.

Las manifestaciones de solidaridad, las frases de aliento, los elogios siempre exagerados de las virtudes del líder son tantos y tan empalagosos, que se corre el riesgo de que el periódico quede pegado a los dedos.

Sin embargo, el asunto también tiene matices místico: la prensa oficial, después de reflejar durante estos días todas las manifestaciones populares de apoyo a la revolución que fueron convocadas; después de divulgar los buenos deseos para el restablecimiento del líder enfermo, manifestados por tantos admiradores suyos y por tan variado repertorio que incluía personalidades políticas y de la cultura (el mensaje de "su" Pablo Milanés fue particularmente familiar y conmovedor), las asociaciones de combatientes, los cinco espías presos en Estados Unidos, y toda una pléyade de dolientes —que podría describirse con una definición que acuñara la intelectual exiliada en Miami, María Cristina Herrera: "variopinto grupo"—, el diario Granma del 8 de agosto publica en su página 2 las posturas públicas que decidieron tomar los dignísimos representantes de los más conocidos sistemas de credos religiosos que se practican en Cuba.

El gran credo

Es así que la Catedral de la Santísima Trinidad, Iglesia Episcopal de Cuba, dirigió un culto de oración e intercesión por la salud de Castro, al que asistió personalmente la jefa de la Oficina de Atención a Asuntos Religiosos del Comité Central, la misma entidad que años atrás reprimió y sancionó a los militantes del Partido Comunista que tenían la osadía de poner un pie en alguna iglesia, de la denominación religiosa que esta fuera, o participaran en cualquier tipo de culto aunque sólo fuera como simples espectadores.

Ahora el pastor anfitrión, Juan Ramón de la Paz, asegura que los líderes religiosos cubanos sienten a Fidel Castro "como a un amigo y padre de la familia grande de esta nación". Otras altas personalidades eclesiásticas (Reinerio Arce, del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas; Miriam Ortega, presidenta para América Latina y el Caribe del Consejo Mundial de Iglesias, y el reverendo Raúl Suárez, director del Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr.) se apresuraron igualmente a ofrecer su oración y sus bendiciones por el mismo hombre que otrora desatara la mayor represión contra todo tipo de credo religioso en la Isla de Cuba.

O quizás deba rectificar esto último, porque realmente en aquel momento se trataba sólo de sustituirlos por otro tipo de credo, más rígido, más escolástico y quizás más religioso aún: el marxismo.

La Iglesia Católica fue la primera en llamar a sus feligreses a través de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, a orar "para que Dios acompañe en su enfermedad al Presidente Fidel Castro e ilumine a quienes han recibido provisionalmente las responsabilidades de gobierno", a la vez que invocó en sus súplicas a la Virgen de la Caridad del Cobre, santa patrona de Cuba.

La declaración de los obispos ha sido acogida con ciertas reservas por la población católica y por algunos opositores debido a que, si bien es deber cristiano orar por todo ser humano que sufre, algunos han considerado fuera de lugar tal invocación, toda vez que el realmente sufrido es el pueblo cubano durante todos estos años de mandato del ahora enfermo gobernante.

En nombre de Olokkún

No podía faltar en esta saga religiosa la presencia de los sacerdotes de los credos de origen africano (erróneamente llamados "afrocubanos", un término por completo disparatado en nuestro contexto, y agrupados en el lenguaje oficial como representantes de una también denominada inexactamente "religión afrocubana"), quienes invocaron a sus orishas "para ayudar a la recuperación del presidente Fidel Castro".

El sacerdote de Ifá, Víctor Betancourt manifestó sus deseos de realizar un tambor en la playa, incluyendo un sacrificio de animales, ceremonia ritual que invoca a Olokkún, a fin de garantizar todo lo más posible el restablecimiento de Castro. Curiosamente, Olokkún es una de las encarnaciones o casas de Yemayá (orisha del mar), que permanece atada al fondo de las profundidades en estado de locura. Cualquier asociación de ideas de la intervención de Olokkún para la cura de Castro es pura especulación del lector.

La Asociación Yoruba de Cuba, con sede en la céntrica avenida de Prado por la gracia del gobierno y tolerada por las autoridades con el fin de silenciar los incómodos comentarios acerca de que los cultos de origen africano son discriminados en la Isla, se unió al clamor religioso para "seguir los designios de los dioses y apoyar las decisiones tomadas por nuestro máximo líder". Ya se puede apreciar la conveniencia de aceptar aunque sea un segmento de los cultos de herencia africana: Olofi en el cielo y Castro en la tierra; una parodia de "al César lo que es del César…" y dejar sentado que hasta los orishas apoyan al gobierno.

Ha sido una verdadera porfía, compitiendo en devoción religiosa, para que —por si acaso— quede bien claro que todas las almas piadosas (o al menos, las más comprometidas) ponen su fe al servicio de la salvación del cubano más poderoso y temido de la historia de Cuba.

Pero más allá de los espectáculos ofrecidos por las autoridades de las distintas tendencias religiosas (muchos creyentes se abstuvieron de participar en actos que consideraban hipócritas, los más moderados; y sacrílegos, los más radicales), el espacio que ofrece el diario oficial a cada religión es el reflejo gráfico de la importancia que se concede a cada una y del grado de relación que éstas sostienen con el poder.

El mayor espacio estuvo dedicado a las órdenes protestantes, privilegiadas con la gracia de aceptación del gobierno; el mediano —e inmediato— corresponde a los católicos, la denominación cristiana con mayor número de creyentes en el país. En tanto un pequeño recuadro final resume el "gesto solidario de religiosos afrocubanos". A fin de cuentas, estos últimos siempre han sido representativos de las capas sociales más humildes, además de ser una tendencia practicada mayoritariamente por la población negra y mestiza: las voces más numerosas del país, pero también las menos representadas en los equilibrios del poder político en toda la historia de la nación.

Postura de plañideros

Y no se me acuse de desnaturalizada o impía si no me sumo a las plegarias. No me avergüenza decir que, si bien no deseo el mal para ninguna persona (ni siquiera para una que no goza de la más mínima estimación de mi parte, como es el caso), tampoco sentiría tristeza por su muerte. No resulta ético ni coherente andar desbarrando sobre los desmanes de un gobernante para después, en un momento crítico, asumir una hipócrita postura de plañideros amparados en una supuesta piedad religiosa.

En fin, al parecer, y por si fallaran los recursos del más acá, era preciso apelar a los poderes del más allá y, sobre todo, quedar bien con las autoridades (que tienen el mal hábito de tomar nota). No importa la sinceridad del hecho.

En Cuba, hasta la religión tiene un valor meramente utilitario para todas las autoridades, sean éstas eclesiásticas o del gobierno. En todo caso, quizás los respetables administradores del culto debieron aprovechar la ocasión y solicitar ayuda para los muchos ciudadanos que están sufriendo los embates de la actual epidemia de dengue y que han vivido bastante menos que ocho décadas.

© cubaencuentro

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